EL ADIÓS A RAÚL JAURENA (1941-2021)

Forever tango

El bandoneonista y compositor uruguayo murió el 5 de enero, a los 79 años, debido a complicaciones vinculadas al covid-19.

Magdalena Gutiérrez

La muerte de un bandoneonista no suele ser noticia. Con una natural tendencia a cortar grueso, cualquiera podría dar por hecho que, habiendo muerto el tango y, con él, su instrumento insignia, la muerte del instrumentista sólo es el trueno luego del relámpago, la confirmación de lo ya esperado, lo que no supone mayor sorpresa. Sin embargo, la avalancha de obituarios tras el reciente fallecimiento de Raúl Jaurena echa por tierra el negacionismo del tango y ofrece una justa oportunidad para rememorar un camino vital que al mismo tiempo simboliza y acompaña el camino de un género.

Con apenas 6 años, Jaurena tomó el bandoneón de la mano de su padre, Francisco, en el Uruguay del medio siglo. Con su padre también estudiaron otros niños en una época en que tanto los bandoneones como los profesores y las academias de música popular abundaban en cada barrio (los niños nunca escasean). Apenas dos años después ya tocaba en una orquesta de tango infantil. Sólo una febril ansiedad cultural por el género puede haber empujado a la actuación a un conjunto de niños, que de seguro ofrecía presentaciones en lugares de neto corte adulto, como bailes y cabarets.

Con 15 años (esto es, a mediados de la década del 50) Jaurena tuvo la oportunidad de vivir los últimos suspiros del sistema cultural del tango rioplatense, tocando en la orquesta de Donato Raciatti. Pocos años más tarde se incorporó a la innovadora formación de trío (piano, contrabajo y bandoneón) con la que César Zagnoli venía insistiendo en la escena tanguera. La ausencia del violín en el tango inaugurada por Zagnoli en este formato de trío se mantuvo como sello distintivo en ulteriores conjuntos del propio Jaurena.

Ya en los años setenta lo que era una mesurada búsqueda se volvió un necesario cambio estilístico. Fue entonces que Jaurena, junto con el pianista Julio Frade y el contrabajista Pablo Aslán, grabó el disco Tango desatado, abonando el camino de desprendimiento que inició Astor Piazzolla varios años antes.

En los repertorios que elegía para sus conjuntos, Jaurena siempre combinaba composiciones clásicas con propias. Fue así que las grabaciones de la década del 80 de un tema como «Quejas de bandoneón», grabado primero con su grupo New York Buenos Aires Connection y luego con el New York Trío, mostraron el desarrollo musical del bandoneonista, que se había disparado a partir de sus primeras visitas a la Gran Manzana y su radicación definitiva allí, en 1988. Según las palabras del propio músico: «Cuando llegué, estaba tocando un tango de cámara totalmente cuadrado. Ahora toco un tango de improvisación».

No era la primera vez que el tango llegaba a Nueva York, pero si la llegada de Carlos Gardel cuajó justo con la creciente industria cinematográfica estadounidense, el tango de corte fusión de Jaurena se combinó con los escaparates globales de fines del siglo XX, mezclándose tanto con contemporáneos alemanes (Tango Five, Jaurena Ruf Project) como con música judía (Tango Klezmer, Giora Feidman). El pasaje de la música popular local por los grandes centros culturales del mundo nunca la ha dejado sin transformaciones (piénsese en la llegada del candombe a Estados Unidos, de la mano de Opa).

La depuración de las ideas artísticas a menudo alcanza puntos notables cuando se desarrolla en ambientes que aseguran y promueven un constante hacer. Fue así que la producción de varios espectáculos neoyorkinos dedicados al tango para el Thalia Theatre, del barrio de Queens, de los que poco y nada sabemos (Todo tango, 2001; La vida es tango, 2003; Tangomania, 2004; Te amo, tango, 2005), le dio a Jaurena la plataforma desde la cual terminó alcanzando el Grammy Latino a mejor álbum de tango en 2007, por Te amo, tango.

Desde su niñez tocando en el cabaret hasta su época de maestro y su pasar por la alfombra roja, Jaurena dedicó su vida a la música. La valoración histórica de su aporte al tango es una empresa que pide un serio abordaje.

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