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Forzar la justicia, hallar la paz

No se conoce con exactitud cuándo la Fiscalía del estado de Morelos, uno de los más pequeños de México, empezó a echar cuerpos a una fosa clandestina que cavó junto al panteón sencillo de un pueblito rural. La universidad del estado está trabajando en la apertura de las fosas y la identificación de los cadáveres.

Extracción de los cuerpos de las fosas comunes del cementerio de Tetelcingo, Morelos / Foto: AFP Juan Carlos Villamil

Una decena de siluetas de mameluco blanco se recortan en el horizonte silencioso de una tarde de mayo en el cementerio. Estamos en Cuautla, en el panteón Jardín de los Recuerdos. No es este el escenario de las fosas clandestinas, sino de las legales a donde al final de cada jornada se trasladan los cadáveres inhumados hallados en aquéllas. Al terminar la primera semana, el domingo 29 de mayo, habrán sido traídos aquí 53 cadáveres, luego de que se les tomara una muestra genética para su identificación.

Un día la Fiscalía del estado de Morelos decidió enviar los cadáveres que tenía bajo su responsabilidad a tres fosas comunes, en el predio de un campesino. ¿Por qué? No lo ha explicado. Todas las respuestas que ha dado desde que en diciembre de 2014 se conoció el escándalo han sido rocambo...

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