Gala V

Finalmente, Julio Bocca continuará en el Ballet Nacional del Sodre. Si algo bueno quedó de ese sainete fue un equipo de conducción con mayor presencia nacional y con la ex bailarina solista Sofía Sajac compartiendo la dirección del elenco.

Luego de idas, venidas, que Julio Bocca se va, se queda del todo o se queda a medias, el Bns (Ballet Nacional del Sodre) continúa. Si algo bueno quedó de ese sainete fue un equipo de conducción con mayor presencia nacional y con la ex bailarina solista Sofía Sajac compartiendo la dirección del elenco.

En ese marco se presenta Gala V, con tres obras de creadores contemporáneos de lenguajes muy diversos. La función comienza con una coreografía del argentino Luis Ortigoza, un estupendo bailarín que culminó en abril su carrera como primera figura del Ballet de Santiago, luego de haber permanecido allí 27 años, y con todo tipo de premios y reconocimientos a nivel internacional. Aquí lo pudimos apreciar como bailarín en 2004 en la Gala Punta del Este junto a Lidia Olmos, y en 2007 en una gala en el Solís protagonizando Carmen junto a Marcela Goicoechea. Ese mismo año iniciaba su carrera como coreógrafo estrenando una versión propia de La bayadera. En Gala V se pudo ver su creación de 2010, Paquita, un ballet de puntas sobre música de Ludwig Minkus, cuya trama gira alrededor del retorno y la boda de una joven noble que fuera raptada por gitanos. Hay variaciones solistas, dúos y cuartetos de gran complejidad resueltas muy bien por el Bns, con roles protagónicos muy bien elaborados en sus aspectos formales. Paquita (en la función que vimos) fue interpretada por la solvente solista Gabriela Flecha, y el rol principal masculino fue bailado de manera estupenda por el primer bailarín brasileño Gustavo Carvalho, que está teniendo un desempeño formidable en su estadía en el Sodre.

Sin duda Petite mort, coreografía del checo Jiří Kylián, uno de los coreógrafos más importantes del mundo y cuya labor al frente del Nederlands Dans Theater de Holanda ha sido reconocida unánimemente, era lo más esperado y el punto más alto; será difícil que en toda la temporada se pueda ver una obra tan precisa, poderosa y hermosa como esta. En 2013, en la Gala IV, pudimos ver una pieza de Kylián, Sinfonietta, que lo lanzó a la fama en 1978. Ahora la apuesta es más alta. Petite Mort –“la pequeña muerte”, que puede tener el significado de orgasmo– fue compuesta para el Festival de Salzburgo de 1991, bicentenario de la muerte de Mozart. La pieza transita fragmentos lentos de lo que para Kylián son dos de los más bellos y populares conciertos del compositor. La coreografía para seis hombres, seis mujeres y seis floretes posee una delicadeza y aplomo en el trazo y una definición de la forma tan asombrosa que la música parece haber sido creada esperando esos movimientos. Todo trasmite una idea de relacionamiento sentimental y sexual peligroso, denotando la vulnerabilidad de los cuerpos y de los espíritus. Los floretes usados por los varones adquieren un valor sobre todo performático, pero su posibilidad de herir siempre está presente como un trasfondo de violencia contenida. La iluminación (de Joost Bigelaar) y todos los rubros técnicos presentan un nivel de excelencia acorde con lo desarrollado por el cuerpo de baile. Una experiencia difícil de superar.

Graciela Figueroa baila desde los 9 años con la recordada Elsa Vallarino, en 1968 va a Estados Unidos con una beca y se integra como coreógrafa y bailarina con Twyla Tharp y Lucas Hoving, luego es contratada por el Municipal de Santiago de Chile, después funda y dirige en Rio de Janeiro el mítico grupo Coringa, y a su retorno en 1989 funda el Espacio de Desarrollo Armónico. Para el cierre de esta gala, Figueroa crea Gracias, proponiendo en una visión optimista y luminosa un mensaje de integración intergeneracional, con color y alegría en el escenario. Algunos bailarines representan a personas mayores, otros a hombres y mujeres, a niños y a algunos personajes alegóricos como ángeles, corderos y sombras. El mensaje demasiado explícito y la estética algo sesentista se suman a que adultos remedando niños es algo que pocas veces sale bien, y ésta no fue una excepción, a que los mayores cuando caminan se mueven como viejos muy afectados y luego bailan sin problemas como los demás, y a que las alegorías no logran justificar su presencia escénicamente. Sin embargo, más allá de lo discursivo, la pieza tiene fuerza y color, algunos momentos muy interesantes de trabajo colectivo y un muy valioso tratamiento de luz. Y la incorporación de coreógrafos nacionales en el repertorio de nuestro ballet oficial siempre es una buena noticia.

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