Gamers contra la diversidad – Brecha digital

Gamers contra la diversidad

“Rust” y sus repercusiones

Anteriormente abordábamos en esta sección las polémicas generadas en torno al sexismo en el mundo de los videojuegos, y el hecho de que una inmensa parte de la comunidad gamer ha demostrado ser profundamente intolerante y contraria a los cambios. Excusándose en la libertad de expresión y manifestándose en contra de lo que ellos llaman “corrección política”, estos sectores reaccionarios y sexistas suelen atacar a cualquiera que se atreva a criticar o plantear cuestionamientos político-sociales a sus videojuegos favoritos, y en más de un caso han demostrado un particular ensañamiento contra feministas y desarrolladoras de videojuegos, a quienes han hostigado mediante ciberataques y/o amenazas de violación y de muerte.

Hoy explota una de sus nuevas y desproporcionadas rabietas a través de las redes sociales, motivada por una nueva modalidad implementada por el popular videojuego Rust, al que se abocan todas las semanas aproximadamente medio millón de personas. En él el jugador aparece desnudo en una isla y debe de apañárselas para sobrevivir enfrentando el hambre, la hipotermia, los ataques de animales salvajes, la exposición a la radiación en determinadas zonas del lugar y, sobre todo, las agresiones y robos por parte de los demás isleños, que también son jugadores, ya que Rust se practica exclusivamente entre muchos. Para ello debe armarse, cazar, alimentarse, construir un refugio antes de que las amenazas se vuelvan realmente peligrosas, y eventualmente aliarse con un grupo para poder defenderse de otros.

El juego existe desde 2014 y tuvo una excelente acogida, pero desde hace unos días presenta un cambio importante. Quien quiera jugar ya no puede elegir las características de su personaje, sino que éstas le serán adjudicadas de forma completamente azarosa. Es decir, el juego no comienza con la típica configuración de rasgos físicos del personaje, sino que al jugador se le imponen aleatoriamente características como el sexo y el color de piel. Estos rasgos quedan vinculados a su dirección IP, que ya no tiene posibilidad de cambiarlos. Así, a un jugador hombre blanco le puede tocar jugar representando una mujer negra; esas son las nuevas reglas. Lo interesante de Rust es que muchas veces, para sobrevivir, hay que formar grupos con otros compañeros, con los riesgos que ello implica: ese “amigo” que por el momento colabora y te da una mano puede también darte una puñalada traicionera o asesinarte para robarte tus pertenencias. Por eso se trata de un juego en el que la confianza del otro es difícil de ganar, pero asimismo un bien a atesorar. Con la nueva modalidad el jugador ya no puede empezar un nuevo juego con otra cara, otro color de piel u otro género: continúa siendo el mismo, y por tanto puede ser “reconocido” por otros como un traidor. No es de extrañarse que, a partir de la nueva modalidad, algunos jugadores deban cubrirse el rostro con máscaras, como si fueran auténticos delincuentes. Con el cambio, este aspecto “social”, y si se quiere antropológico, del juego se vuelve mucho más interesante.

La cuestión es que esta imposición no le gustó nada a buena parte de la comunidad gamer, y jugadores de todas partes del mundo han hecho oír sus airadas quejas. Una vez más se habla de la “libertad” de elección, y es criticada la ideología y la corrección política “impuestas” por los desarrolladores. Evidentemente hay hombres a los que no les agrada verse como personajes mujeres negras (o lo que les haya tocado en suerte).

En un artículo de opinión publicado en The Guardian, el desarrollador de Rust, Garry Newman, explica que el aluvión de críticas fue inconmensurable, pero señala que por ejemplo la mayoría de las quejas referentes al color de piel provinieron de Rusia; en cuanto a las quejas respecto del género, provinieron de todo el mundo. “Es tal vez comprensible que algunos jugadores masculinos no quieran jugar como mujeres. Ellos simplemente no están acostumbrados a ser forzados a ello. Probablemente podrían contarse con los dedos de una mano los grandes juegos de gran presupuesto en los que no hay más remedio que jugar como una mujer, y ni se les pasa por la cabeza tener que jugar como una mujer negra. Las jugadoras mujeres son, evidentemente, más tolerantes. Han manejado personajes hombres durante la mayor parte de sus vidas.” El desarrollador también señala que desde sus inicios el juego sólo daba la opción de ser un hombre caucásico, y por supuesto nunca hubo quejas al respecto. Estas sólo aparecieron con el surgimiento de la diversidad.

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