Globitos que la historia sube – Brecha digital

Globitos que la historia sube

La fórmula para convertir bronce en aventura fue descubierta hace un lustro por dos dibujantes de historietas que reunieron a otros 40 bajo el título Bandas Orientales.1 Tradujeron a cómic el artiguismo, publicaron en papel y hoy Nicolás Peruzzo y el arquitecto y diseñador gráfico Alejandro Rodríguez Juele responden al nombre de Bandas Educativas.

Fragmento de la animación

Elaboraron un audiovisual sobre la historia de la Biblioteca Nacional, para conmemorar sus 200 años.

—Sí, lo presentamos el viernes pasado y comentábamos con los responsables de la biblioteca que estaría bueno recuperar mucha historieta uruguaya, particularmente de los años ochenta, que fue perdiéndose porque aparecía en diarios o autoediciones.

Hay un museo del cómic.

—De la Fundación Lolita Rubial, en Minas; tiene un buen acervo, pero queda mucho por rescatar. Siempre decimos que Uruguay carece de imágenes de su historia, están los cuadros de Blanes y poco más, tenemos mucha novela histórica pero pocos relatos visuales, con honrosa excepción de la película La redota y una adaptación de El combate de la tapera, de Acevedo Díaz, que hizo José Rivera, gran dibujante uruguayo de historietas de los años sesenta, aún vivo. Su estilo, estupendo, acerca lo gauchesco al western esta-
dounidense.

¿Por qué nace Bandas Orientales?

—Gracias a la Comisión del Bicentenario, que en 2010 llamó a concurso de proyectos para contar el año 1811 en historietas. Ganamos y por suerte enganchamos con los inicios del Plan Ceibal, porque sólo mediante computadoras era viable llegar a todos los escolares del país. Durante 2011 contamos a la Banda Oriental en 1811, y luego ganamos tres Fondos Concursables consecutivos del Mec, que nos permitieron seguir produciendo hasta hoy. Hicimos todo el ciclo artiguista, más de 40 historietas dividas en episodios, que reunieron, la mayoría, un dibujante y un guionista cada uno. Algunos fueron publicados en papel.

¿El retorno al papel es utópico?

—Tenemos muchas ganas, pero impreso, ese material generaría un libro así (el índice se ubica a siete centímetros del pulgar). Y nos gustaría publicarlo en colores, para respetar los originales; habría que buscar espónsores que financien eso.

La historia tiene una densidad poco vulnerable a viñetas. ¿Cómo encararon ese escollo?

—De entrada sabíamos que no queríamos el dibujo de la cara de Artigas adjunto a un bloque de texto, onda revista escolar, sino contar, gráficamente, historias. Con suspenso, aventuras, desprolijidades, los ingredientes básicos de cualquier relato atractivo.

Lo vivencial.

—Claro. Artigas no sabía que iba a ganar la batalla de Las Piedras antes de librarla. ¿Y si perdía? Esa incertidumbre, ese no saber qué te espera, fue un insumo creativo. Y el recurso que encontramos fue narrar a través de personajes secundarios, no principales. Historias paralelas, digamos, que funcionan como hilo conductor. Y nos asesora una amiga, Victoria Saibene, que está por recibirse de profesora de historia e hizo su tesis sobre la historieta como herramienta pedagógica. Nos ilumina sobre aspectos desconocidos de nuestro pasado; este año publicaremos cuatro arcos narrativos, el primero arranca con el desembarco de los 33 Orientales y va hasta la Constitución de 1830, el segundo toma la Guerra Grande, el tercero comienza con la defensa de Paysandú y va hasta la guerra del Paraguay y el último aborda el militarismo, Latorre, Varela, Santos. Asumí la responsabilidad de dibujar el militarismo y le comenté a Victoria que el tema me resultaba estéril, en parte porque en 1975, plena exaltación dictatorial de la figura de Latorre, yo iba al liceo. Ella insistió en la importancia del período y me facilitó resúmenes donde pude ver que durante el gobierno de Latorre el Uruguay pasó, en cinco años, de estancia cimarrona a país agropecuario, con alambrados, ovejas, trenes, telégrafo, en fin, una modernización interesante de contar.

¿Cómo se las ingeniaron para contar la fundación de la Biblioteca Nacional?

—Armamos un audiovisual a partir de las cartas que intercambiaron el Cabildo de Montevideo, Artigas y Larrañaga, y la famosa frase “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”, que nadie sabe de dónde salió.

Santo y seña del ejército oriental.

—Claro, pero Artigas la estampó en su cuartel para celebrar el día en que Larrañaga ina­uguró la biblioteca.

¿Por qué decidieron llamarse Bandas Educativas?

—Porque ampliamos la temática. Publicamos en papel la historieta Lo que hay en mi cabeza, sobre consumo de alcohol y marihuana, financiada por la Junta Nacional de Drogas; estamos preparando otra, sobre la Constitución, para la Cámara de Representantes, y pasamos a historieta el argumento del ballet El Corsario, que el Ballet Nacional del Sodre ofreció en dos funciones exclusivas para escuelas rurales. La historieta acompañaba a los programas.

1. www.bandasorientales.com.uy

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