Guerra espiritual y teorías conspirativas en tiempos de coronavirus

Imagen que acompaña el anuncio del campamento «Brak Resistencia 2021» Facebook de Jorge Márquez

El Campamento Beraca es un evento religioso que desde 1999 convoca anualmente a miles de jóvenes de Uruguay y la región en torno a distintos ejes temáticos, y que se propone orientar a sus asistentes en cuestiones morales, conforme a la visión evangelical sostenida por la institución organizadora, a saber, la ONG Esalcu, vinculada a la iglesia neopentecostal Misión Vida para las Naciones, fundada y dirigida por el pastor Jorge Márquez.

El correspondiente a este año, bajo el título «Brak Resistencia 2021», suscitó polémica en las redes sociales, dada la estética militar que acompañó sus imágenes promocionales, así como el lenguaje en clave belicista asociado a ellas, a tal punto que hubo algunos usuarios que llegaron a categorizar de «fascista» a la iglesia en cuestión y a los jóvenes que aparecían en las fotos, como un incipiente grupo «paramilitar». Dada la repercusión negativa que tuvo la campaña promocional entre sectores ajenos a la iglesia, la institución se vio obligada a enfatizar el carácter espiritual de la mencionada guerra y, por lo tanto, de los enemigos a los cuales refiere, definidos por el pastor Márquez como «legiones de maldad en las esferas celestes».

En un posteo de promoción publicado por Márquez el 7 de enero, se lee lo siguiente: «Se viene con todo #BrakResistencia21, un entrenamiento especializado para personas valientes (cobardes abstenerse). Se requieren guerreros de élite para ser adiestrados en las más sofisticadas estrategias de ataque y defensa, con el objetivo de destruir, aniquilar y pisotear, todo el poderío del enemigo. Blanditos, no lo intenten, ya están advertidos… Del 9 al 13 de febrero. Más info en @campamentobrak».

Ahora bien, este discurso de guerra espiritual, recientemente descubierto por algunos usuarios de Facebook y Twitter, ¿es un fenómeno novedoso? Si no lo es, ¿cómo es que se da a conocer justo en estos tiempos y con semejante código estético? ¿Este responde a una simple metáfora o se traduce, en el campo social, a otros niveles? Y, por último, ¿refleja una perspectiva aislada o se articula con otros grupos afines?

El presente texto se propone brindar algunas claves para comprender de qué se trata el fenómeno aquí aludido, a partir de su contextualización en el marco de la cosmología neopentecostal y de la situación actual de crisis sanitaria.

EL CONTEXTO

El enfrentamiento al cual refieren las publicaciones de la polémica es el de la llamada guerra espiritual, un concepto teológico de larga data, ampliamente difundido en el mundo neopentecostal y que adopta diferentes modalidades según la iglesia. Alude a una batalla de orden cosmológico entre fuerzas «del bien y el mal» originada en el conflicto entre Dios y Satanás, proyectada en la tradición milenarista hacia el llamado Final de los Tiempos, en el cual tal conflicto se ve resuelto con la Segunda Venida de Cristo.

Dicha guerra se desarrolla distintivamente a nivel individual y colectivo, siendo, en el primer caso, una lucha entre el sujeto y sus propias debilidades (pecados), asociada, en este contexto, con la práctica ritual de exorcismos y con el desarrollo de lo que, en términos foucaultianos, serían las tecnologías del yo, en cuanto que son acciones específicas efectuadas sobre la propia subjetividad –el cuerpo, la conducta, los pensamientos– con el fin de alcanzar cierto «estado de felicidad o pureza».

Por decir fútbol

A nivel colectivo, en cambio, el lenguaje de la guerra espiritual viene a simbolizar –y, así, a constituir– la relación con otredades con las cuales la institución mantiene vínculos conflictivos. En este sentido, conforme a la perspectiva apocalíptica de la Iglesia, que conjuga elementos propios de la tradición milenarista evangélica (decadencia creciente en lo moral, tribulación, anticristo, arrebatamiento de la Iglesia, etcétera) con los de la teoría conspirativa de derechas del nuevo orden mundial. Los enemigos religiosos estarían constituidos por un conjunto heterogéneo compuesto por los movimientos feminista y LGBT+, la ONU, el Banco Mundial, Greenpeace, losIlluminati, la masonería, la izquierda, etcétera, siendo todos ellos asociados con una «agenda macabra» globalista que buscaría destruir los fundamentos judeocristianos de la sociedad.

La cuestión de cómo es que esta creencia se da a conocer justo ahora fuera del ámbito neopentecostal y bajo un código estético más explícitamente bélico de lo habitual remite a la lectura religiosa alternativa realizada de la actual crisis sanitaria y al lugar que viene a ocupar la pandemia –la plandemia, como le llegan a decir algunos fieles– en la perspectiva neopentecostal del Final de los Tiempos. En este sentido, son aparentemente los jóvenes de la Iglesia quienes deciden brindar una estética militar al campamento, para reafirmar el concepto de resistencia bajo el cual se orienta el evento y con el que se hace referencia a la «necesidad de resistir» a las «actuales tribulaciones», en las que se ven impedidos de celebrar presencialmente sus encuentros religiosos.

Desde este lugar, la pandemia pasa, así, a ser concebida no tanto como fenómeno sanitario, sino como estrategia de control poblacional, y es asociada, según el «celo apocalíptico», con fenómenos disímiles que van desde la interrupción voluntaria del embarazo hasta la censura de Trump, pasando por la suspensión temporal de las actividades religiosas y, por supuesto, por las vacunas.

En vista de lo expuesto anteriormente, resulta sencillo entender que no se trata este de un fenómeno aislado, ya que forma parte, en mayor o menor medida, del universo de creencias de los cerca de 160 millones de neopentecostales que viven en América Latina; es importante señalar, a su vez, que tal concepto religioso trasciende las tradicionales divisiones denominacionales del mundo evangélico y puede encontrarse en otras expresiones religiosas, además de en la mencionada.

Sin embargo, más que enfocarse en el maniqueísmo de la citada perspectiva, tal vez sea más fructífero prestar atención a otros movimientos contemporáneos que, con discursos estructuralmente semejantes al de guerra espiritual, a diferencia de los fieles neopentecostales, no se reconocen a sí mismos como creyentes.

En este sentido, es de destacar que, para sustentar la citada perspectiva milenarista, la feligresía neopentecostal –al igual que los creyentes conspirativos– se sirve de variados recursos que brinda la web, entre los que se encuentran algunos profesionales del ámbito científico –necesarios legitimadores en un mundo secularizado–: puede destacarse al grupo internacional Médicos por la Verdad, la doctora argentina Chinda Brandolino, católica conservadora, y, a nivel específicamente local, al doctor uruguayo Javier Sciuto, afín al sector político del doctor Gustavo Salle.

Sin ánimos de profundizar en esta rama secular del apocalipticismo contemporáneo –se merece un espacio propio–, la referencia a ella sirve para atender al tono de sospecha y alarma que atraviesa a una amplitud de movimientos religiosos y políticos que durante la pandemia de coronavirus han dejado entrever sus afinidades y posibles articulaciones, y cuyo devenir resulta aún incierto. La performance desplegada por la juventud evangélica neopentecostal de Misión Vida sería parte de este sentir contemporáneo, y su comprensión debería comenzar por observar el contexto en el cual se desarrolla, en el que se exacerban determinadas tendencias de antaño.

*   Licenciada en Ciencias Antropológicas, magíster en Ciencias Humanas, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar. Es autora de la tesis de maestría «Salvación y política en el Final de los Tiempos. Una etnografía en la iglesia neopentecostal Misión Vida para las Naciones» (2020).

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