Hacia los orígenes

Desde hace tiempo que Amnistía Internacional denuncia las terribles condiciones de explotación infantil en las minas de el Congo y le exige a empresas como Apple que rastree los orígenes del cobalto que utiliza su empresa.

Colbalto

“No investigar la cadena de suministro es una vergüenza empresarial”, dice la petición que Amnistía Internacional difundió para juntar firmas y exigirle a Apple que rastreara los orígenes del cobalto que utiliza su empresa. Desde hace tiempo que el movimiento global por los derechos humanos venía denunciando las terribles condiciones de explotación infantil en las minas del Congo; en un informe titulado “This is What We Die For” (Esto es por lo que morimos) señalaba cómo niños de hasta 7 años trabajan sin ninguna seguridad en estrechos túneles, con altos riesgos para la salud al corto y al largo plazo y expuestos a sufrir accidentes mortales. Los niños entrevistados por la organización trabajan en jornadas de hasta 24 horas, por jornales de uno o dos dólares por día cargando con bolsas llenas de piedras, que a menudo son casi tan pesadas como ellos mismos. La situación también venía documentada y denunciada por The Washington Post y Sky News. Amnistía también descubrió que los niños, además de malnutridos, están expuestos a “abusos físicos, explotación sexual y violencia” por parte de los guardias de seguridad o los mismos empleadores.

El cobalto es un material que se ha demostrado fundamental para potenciar las propiedades de otros materiales como el litio, el componente más utilizado en las baterías recargables tanto para computadoras portátiles, celulares, tablets y hasta autos eléctricos. Un 60 por ciento del cobalto producido en el mundo tiene su origen en las minas congoleñas. Allí el trabajo es vendido a Congo Dong­fang Mining (CDM), filial en propiedad exclusiva del gigante Huayou Cobalt. Asimismo, esta empresa vende el material procesado a tres fabricantes de componentes para baterías en Corea del Sur y China, y ellos a su vez suministran a los fabricantes de baterías que abastecen a las empresas de tecnología y automóviles. Visto el largo camino y la internacionalización de esta cadena de producción, es lógico que sea necesaria una verdadera “investigación” para rastrear los orígenes de cada componente. En cada uno de los procesos hay intermediarios que sacan su tajada, y es así que un flamante último modelo de IPhone de mil dólares puede haberse originado en circunstancias que se encuentran en las antípodas de ese lujo. Ante la denuncia de Amnistía, empresas como Samsung y el fabricante de autos Daimler respondieron que, para el caso del cobalto, la cadena de suministro es tan compleja que la investigación les resulta imposible. Respuesta insatisfactoria por donde se vea, elocuente de la ceguera y la total ausencia de interés y responsabilidad por parte de estos gigantes.

La República “Democrática” del Congo (cuyo presidente postergó el año pasado las elecciones, para mantenerse en el poder un año más) a pesar de sus inmensas riquezas es uno de los países más pobres del mundo. Su historia de los últimos siglos es básicamente el relato de cómo sus recursos fueron expoliados por las empresas extranjeras. La agricultura y la minería en la región son las principales actividades, pero aún hoy el producto de esta labor es apenas visto por la población local. El cobalto, la fuente de tantos productos hoy en auge debería dar prosperidad al país y, sin embargo, sólo le trae mayor ruina.

Ante el escándalo, Apple anunció haber dejado de adquirir cobalto extraído en las minas del Congo, al menos hasta que se termine con el trabajo infantil y mejoren las condiciones laborales. “Hemos estado trabajando con Huayou (Cobalt) en un programa que verificará minas artesanales individuales, de acuerdo a nuestros estándares”, dijo Apple en un comunicado, “y estas minas volverán a entrar en nuestra cadena de suministro cuando estemos seguros de que se tomen los recaudos adecuados”.

La noticia tiene dos puntas favorables: la primera es que a pesar de la ausencia de regulaciones, de responsabilidades y de controles, una denuncia lo suficientemente mediatizada puede generar cambios de peso en el funcionamiento de una multinacional, por lo que corresponde redoblar esfuerzos en ese sentido. La segunda es que, como consecuencia de la negativa de un gigante de este porte puede haber cambios en el accionar de las empresas encargadas de la explotación minera, quienes buscarán cumplir con los “estándares” con tal de no perderse la oportunidad de participar en semejante negocio.

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