Intrusos en el espectáculo – Brecha digital

Intrusos en el espectáculo

Sony Pictures anunció que no estrenará la película “The Interview” el 25 de diciembre como estaba previsto. Esta es la historia de un hackeo espectacular con fines estúpidos, de un filme olvidable que quedará en la historia, de una corporación avergonzada, de varios países en vilo y de un montón de chismes.

"The interview"

El pasado miércoles Sony Pictures anunció que no estrenará la película “The Interview” el 25 de diciembre como estaba previsto. Las amenazas del grupo de hackers autodenominados Guardianes de la Paz de crear otro 11 de setiembre si se hace el estreno logró que las cinco cadenas principales de cines, más un número indeterminado de salas menores, desistieran de estrenar este filme protagonizado por Seth Rogen y James Franco sobre una misión secreta para asesinar al líder norcoreano Kim Jong-un. Esta es la historia de un hackeo espectacular con fines estúpidos, de un filme olvidable que quedará en la historia, de una corporación avergonzada y varios países en vilo y de un montón, realmente un montón, de chismes.

Todo empezó el 24 de noviembre. Cuando aquel lunes los empleados de Sony Pictures Entertainment encendieron sus computadoras, la imagen de una calavera (que parecía salida de la tapa de un disco de Iron Maiden o algo peor) anunciaba que habían sido hackeados. El texto que acompañaba la imagen decía, en pésimo inglés: “Ya los hemos advertido y este es sólo un comienzo. Nosotros continuamos hasta que nuestras demandas sean satisfechas. Hemos obtenido todos sus datos internos incluyendo sus secretos y secretos máximos. Si no nos obedecen mostraremos al mundo los documentos que se listan debajo. Determinen lo que van a hacer hasta el 24 de noviembre a las 11 PM”.
El grupo, identificado como Guardians of Peace (Gop), aparentemente exigía que se detuviese el estreno de The Interview, una comedia poco prometedora. Pocos han podido verla, pero a la luz del incidente, los críticos que sí la han visto publicaron reseñas como la aparecida en Variety: “Corea del Norte tiene razón en sus objeciones: la farsa sobre el asesinato de Kim Jong-un dirigida por Seth Rogen y Evan Goldberg es un ataque terrorista… contra la comedia. Pero pueden quedarse tranquilos: los Estados Unidos quedan tan mal parados como la República Popular Democrática de Corea en The Interview, una pretendida sátira que es casi tan divertida y larga como una escasez de alimentos comunista. A pesar de todo el escándalo anterior a su estreno –incluyendo los dos deditos para abajo de los hackers Guardianes de la Paz– esta mediocre comedia burlesca sobre dos periodistas de cuarta que dirigen un talk show de canal de cable a los que se les asigna el asesinato del dictador coreano Kim Jong-un, no pondrá de rodillas a la diplomacia global, aunque puede resultar un ataque terrorista para cualquier audiencia con una tolerancia limitada a los chistes sobre penetraciones anales”.
Así las cosas, que la película se estrenara o no no tenía demasiada importancia, salvo para Sony Pictures, los Guardianes de la Paz y un número indeterminado de norcoreanos. El problema empezó a ser más grave cuando se supo la dimensión del hackeo a Sony. La primera “entrega” de lo robado por los Gop era una lista con los nombres de los archivos que tenían en su poder y cuyos títulos indicaban claramente su contenido. Contraseñas, correos electrónicos, números de teléfono y de seguridad social de los más de 6 mil empleados, pasaportes escaneados (por ejemplo, de Cameron Diaz y Angelina Jolie), datos financieros, presupuestos y salarios (que revelan, por ejemplo, que el director y la co-directora de Sony Pictures ganan tres millones de dólares al año cada uno) y hasta series de televisión pirateadas (por ejemplo, capítulos de Human Planet, un documental de la Bbc).
Poco después, cinco películas de Sony aparecieron en sitios de descarga: Fury, con Brad Pitt (estrenada en octubre); Mr Turner, con Timothy Spall y Annie, con Jamie Foxx y Cameron Diaz (estrenos previstos a mediados de diciembre); Still Alice, con Julianne Moore y Alec Baldwin (estreno en enero 2015) y To Write Love on Her Arms (estreno en marzo 2015).
Se estima que el total de información robada por los hackers es de aproximadamente 100 terabytes, lo que viene a ser… muchísimo.

TRAPITOS. Luego de obtener la lista de archivos apropiados por los Gop, uno podía obtenerlos bajándolos por Torrent. Allí está todavía, en Kickass, el primer set de documentos filtrados, y el resto en Pastebin y sitios similares. En total, son miles de documentos, de modo que hasta el día de hoy hay periodistas leyendo incansablemente memos con quejas de los empleados (del tenor de: ¿por qué seguimos produciendo horribles películas de Adam Sandler?). Abriendo documentos sin encriptar que se llaman “contraseñas.doc” y contienen… contraseñas. Desentrañando la secuencia de mails de gerentes diciendo cosas horribles de medio mundo. Enterándose de trivialidades como que Tom Hanks se registra en los hoteles bajo el nombre de Johnny Madrid.
Es como la versión berreta de Wikileaks, y también como si la Sony fuera el “artista invitado” del talk show de celebridades tabloideras que pone en escena The Interview, donde los periodistas encarnados por James Franco y Seth Rogen le exprimen a Sony cada chisme posible antes de irse a Pyongyang a matar a Kim Jong-un y ganar un poco de respeto. De eso trata la película, de unos periodistas que quieren respeto.
Así que a medida que los periodistas de la vida real iban armando el rompecabezas de documentos filtrados, las noticias iban apareciendo, sobre todo en Gawker. Con títulos como “Los powerpoints de Sony son todavía peores que sus películas de mierda”, o “Los ejecutivos de Hollywood también piensan que los hijos de Will Smith están chiflados”. Noticias sobre guiones filtrados (el de la próxima película de James Bond), junto con comentarios sobre el horrible final y los intentos por mejorarlo. Noticias sobre la pelea entre Sony y Angelina Jolie porque Sony quiere que David Fincher dirija el biopic de Steve Jobs y Jolie quiere que dirija Cleopatra. Noticias, incluso, sobre cómo Jerry Seinfield ayudó a un ejecutivo de la empresa a ponerle el motor de un Porsche 911 a una Combi.
Finalmente, hace unos días, Gawker publicó un gif animado de The Interview. Y precisamente de la escena del asesinato, junto con el intercambio de mails de los ejecutivos del estudio examinando sus detalles visuales (si el pelo de Kim Jong-un debe prenderse fuego, cuántos fragmentos de proyectil deben impactar en su cara, si la cabeza debe estallar o no…).
En medio de todo ese desastre Sony intentó, primero, convencer a la prensa de que divulgar sus secretos corporativos era un crimen, luego, amenazó con acciones legales, al tiempo que intentaba convencer a la opinión pública de que la filtración no era por irresponsabilidad de la empresa en materia de seguridad sino porque el ciberataque era extremadamente sofisticado e imposible de detectar para la mayoría de las compañías. Luego, se informó que Sony intentó hackear a los hackers y bajar los sitios donde se alojan los documentos filtrados mediante ataques DoS (denial of service). Todas estas acciones más o menos fracasaron, pero a medida que pasan los días va ganando terreno la contención de documentos, logrando, por ejemplo, que Reddit elimine los subforos y suspenda a los usuarios que los comparten, aunque Gawker sigue sacando trapitos al sol como si nada.

SEGURIDAD. Por más que para Sony este incidente sea catastrófico, para el mundo es sólo un poco de diversión, una versión de Intrusos donde se airean detalles más interesantes que los amoríos y operaciones de los ricos y famosos y donde las maquinaciones de la industria del espectáculo quedan al desnudo.
Hay, sin embargo, tres elementos importantes: el primero es constatar la vulnerabilidad en la seguridad de los sistemas informáticos, incluso de las grandes corporaciones, el segundo, la creciente habilidad de los hackers de países que hasta ahora se creía que no poseían capacidad para ciberataques tan devastadores, y el tercero, el éxito de los Guardianes de la Paz, descritos como ciberterroristas, en lograr sus demandas, torciéndole el brazo a una de las industrias más poderosas del mundo. Además, el ciberataque sucedió en territorio de Estados Unidos, y la víctima es, como en el 11 de setiembre, un símbolo de su poderío económico y cultural.
La última filtración de documentos venía con este mensaje: “Les prometimos un regalo de navidad. Este es el comienzo del regalo. Advertencia. Les mostraremos claramente en los lugares donde The Interview sea exhibida, incluido en su estreno, cuál es la amarga suerte de aquellos que buscan divertirse con el terror. (…) Recuerden el 11 de setiembre de 2001. Les recomendamos mantenerse alejados de esos lugares y si sus casas quedan cerca, es mejor que se vayan. Lo que sea que suceda en los próximos días es culpa de la codicia de Sony Pictures Entertainment. Todo el mundo denunciará a Sony”.

Si bien las fuerzas de seguridad estadounidenses dijeron que no creían que la amenaza estuviera fundada en atentados reales en preparación, los cines fue-ron desistiendo rápidamente de la idea del estreno. Y es que los mismos servicios de inteligencia que al principio habían desestimado que el gobierno de Corea del Norte estuviera tras el ciberataque, ahora afirman, extraoficialmente, que es “centralmente responsable”.

En un artículo de The New York Times del 17 de diciembre se informa que la Casa Blanca está estudiando si acusar o no oficialmente a Corea del Norte de ciberterrorismo, ya que eso implicaría develar cómo obtuvo la evidencia del involucramiento del gobierno norcoreano, y daría elementos a éste para un enfrentamiento frontal que, para muchos observadores, es más que deseado por el gobierno de Kim Jong-un. El artículo informa, además, que Japón se opone a tal medida, ya que no solamente Sony es una marca icónica nipona sino que complicaría las largas gestiones que viene realizando para la liberación de ciudadanos japoneses encarcelados en Corea.

Mientras tanto, las reacciones por la cancelación de la película no se han hecho esperar, con la usual defensa de la libertad de expresión y con preguntas respecto a cómo reaccionará la industria ante cada nueva amenaza cuando a alguien, en algún lugar del mundo, no le guste una película, o una obra de teatro o un libro.

Lo paradójico de todo esto es que lo mejor que pueden hacer Sony y la industria, si quieren salvarse de las amenazas que ya asoman en el futuro, es liberar rápidamente The Interview a los sitios de descarga y que igual termine siendo vista el 25 de diciembre en todo el mundo, en una noche de paz sin guardianes. Lo cierto es que, aun así, el incidente no estará exento de víctimas: el sacrificado seguirá siendo el cine.

Artículos relacionados