Nuevo libro de Manuel Soriano

La banda sonora del fútbol argentino

Un libro que piensa el fenómeno del fútbol a partir de los cantos de la hinchada, que indaga las conexiones entre las melodías originales y las adaptaciones de la tribuna, que relata con humor el recorrido de una investigación sorprendente.

Manuel Soriano Consulado argentino

El fútbol es un fenómeno de masas, una pieza significativa en la configuración de la identidad, un espacio social privilegiado para la formación de las masculinidades patriarcales. Las mujeres ocupan cada vez más su territorio. En la construcción del imaginario social, en los circuitos periféricos de la cultura popular y en su producción simbólica, el papel del fútbol ha sido relevante. De ahí el repertorio de imágenes y sonidos que encuentran representación en los cantos que corean las hinchadas para alentar a su cuadro o amenazar al contrario. El procedimiento es conocido: la barra se apropia de una canción popular, le cambia la letra y la canta en la cancha.1

Manuel Soriano nació en Buenos Aires en 1977 y vive en Montevideo desde 2005. Cuenta, en su libro ¡Canten, putos!, que cuando iba a un partido jugaba con sus amigos a descifrar «de qué canción venía cada cantito» (así los llama, así los llamaremos). Pero, como Google no existía, todo quedaba ahí. El pasatiempo juvenil es la base de este trabajo. El subtítulo –Historia incompleta de los cantitos de cancha funciona como clave explicativa, aunque el libro excede con largueza la coyuntura del registro.

Soriano es hincha de Boca y ha practicado más de un deporte. Su diversa producción literaria incluye dos novelas que transcurren en escenarios deportivos considerados de elite –rugby y tenis–, si bien ambas historias trascienden ese estatuto de exclusividad. Ahora es el turno del fútbol, el deporte más popular del mundo. Y el género elegido no es la ficción.

LAS CRÓNICAS

¿Qué se propuso Soriano en ¡Canten, putos!? Rastrear la historia de los cantitos de cancha. ¿A dónde lo lleva su rol detectivesco? A buscar las conexiones que existen entre las canciones originales y sus adaptaciones –la música muchas veces resulta conocida, pero se ignora quién la compuso y quién la cantó–. La curiosidad juvenil avanza casilleros cuando en un partido de Boca un invitado británico le comenta que, al corear «Oh, dale, dale Bo», el público está alentando a su equipo con la música de «Pop Goes the World», de la banda canadiense Men Without Hats. Le sugiere que escriba sobre eso. Soriano no lo toma en serio.

Un par de años después, «necesitado de un recreo en la ficción y habiendo aprendido que en la literatura no hay temas menores», decide contar la emotiva historia que existe detrás de «La concha de tu madre All Boys», un cantito futbolero que, con la melodía de una balada romántica cantada por la mexicana Sonia Rivas, amenaza con quemar Floresta, el barrio donde el club se fundó.

Siguieron otras crónicas. Todas importan materiales ajenos para ligarlos con los propios. Por eso el libro está siempre mutando y moviliza múltiples lecturas. Pero ¡Canten, putos! no es un estudio sociológico, ni de análisis del discurso, ni musical, ni semántico. Es la reunión y el contrapunto de diez relatos, o pequeños ensayos, o crónicas, como prefiere llamar el autor a unos textos que prosperan en su hibridez, el régimen de collage y la eficacia del ensamblaje.

La crónica, como el ensayo literario, favorece la mirada y la escritura autorreferencial. Si bien es sabido que el autor real difiere del sujeto textual, Soriano visita la literatura del yo de manera original: narra momentos de su vida enlazados con el fútbol y con la música, e incluye, entre otras figuras, a su hija y al abuelo. Su estilo se impregna de vivencias y emociones. Asoman las afinidades literarias de un autor culto que posee el background de las bellas letras y es seducido por la cultura popular. La red de referencias alcanza nuevos sentidos y le permite abordar –sin encorsetarse con argumentos de corrección política– lugares tan controvertidos de los cantitos de cancha como la xenofobia y la discriminación sexual.

¡Canten, putos! Historia incompleta de los cantitos de cancha, de Manuel Soriano. Gourmet Musical Ediciones, Buenos Aires, 2020. 102 págs.

AFÁN DETECTIVESCO

Algunas de estas crónicas fueron publicadas en las revistas Anfibia, Tercer Cordón y Brando, de Argentina, Lento, de Uruguay, y Puntero Izquierdo, de Brasil. «Sentía que estaba descubriendo algo, no era sólo saber de qué canción venía cada cantito (ese enigma había pasado a segundo plano), era un misterio más complejo, algo que tiene que ver con el tiempo y con la forma en que se conectan las cosas, y que sólo puedo explicar, sin ponerme esotérico, mediante las crónicas en sí.» La deriva del propósito inicial lo condujo a un lugar otro, donde todas las cosas conviven conectadas: un universo de redes e hipertexto que entrecruza disciplinas y saberes –también patrañas y dislates–, sin el cual ¡Canten, putos! no sería el libro que es.

La coexistencia de lo múltiple y la libertad del pensamiento nómade reflejan el espíritu de nuestra época. En una misma crónica, Soriano puede hablar «de Sergio Denis, las montañas de Aspen, el masoquismo de la hinchada de Racing, Tchaikovsky, las sombrillas y los bombos, Carlos Menem, el Challenger, la viuda de John Denver, Nueva Chicago, el órgano chino de mi hija, las hamburguesas grasientas de Sheffield, El Abuelo, la noche oscura del alma, Ned Flanders y Tom Jobim, y todo esto estaba maravillosamente hilado».

La maravilla y el hilado deben mucho a Google, Wikipedia, Facebook y Youtube. Soriano escribe a los contactos que encuentra en la web: músicos, cantantes, mánagers, periodistas, colegas. Las pistas muchas veces conducen a artistas extranjeros, de Pet Shop Boys a Benito di Paula. A todos intenta explicarles cómo llegaron sus hits a las hinchadas, repasa copias y originales. Algunos le responden. Hay momentos bizarros, como cuando intenta aclarar al mánager alemán de Bonnie Tyler la extraña mutación que sufrió la canción «It’s a Heartache» en las canchas argentinas.

Soriano nos introduce en la cocina de su trabajo, detalla cómo encara la búsqueda, de qué modo pregunta, la decepción ante respuestas que no llegan. La expansión del work in progress muestra sus ideas en proceso de formación. Todo se mezcla en el espacio físico y simbólico que lo provee de materiales. Los recorridos son divertidos y extravagantes, juegan con el misterio y crean suspenso. Su escritura es diáfana y sofisticada, eficaz en el uso inapelable de vocablos obscenos. En una suerte de montaje cinematográfico, relata aspectos biográficos de los músicos, la deriva de sus creaciones y el azar de las versiones alternativas. Hay ejercicios insólitos que mudan a canción de cuna los cantitos de cancha y a cantito de cancha los himnos nacionales. De la política se pasa al fútbol, de este al cine, la literatura, la historieta, la música clásica, el rock, la cumbia, la vida privada. Un tema de Roque Narvaja viaja a las tribunas y después aparece en una película de Sylvester Stallone; varios cantitos eligen la música de «Resistiré», de Víctor Heredia; un samba brasileño llega a Tom y Jerry, Bing Crosby, los hermanos Marx y, por último, al folclore de las tribunas. Imperdible el rastreo de los usos sociales del potente «Maradó», utilizable como fórmula de admiración en las situaciones más inesperadas. En la Bombonera se tararea un vals de la guerra civil española para celebrar a Mario Atómico Boyé, luego migra a la música de Shostakóvich y a un film de Kubrick. Pueden deslizarse de Belle and Sebastian a Tom Cruise y Capusotto, del dúo escocés al festejo desolado de Obdulio Varela en Maracaná. Y así, ad infinitum.

Soriano abre esta discusión original, elocuente y sincera con unos versos de «Milonga para los orientales», de Jorge Luis Borges: «Hombro a hombro o pecho a pecho,/ cuántas veces combatimos./ ¡Cuántas veces nos corrieron,/ cuántas veces los corrimos!». Una hinchada baqueana podría adaptarlos valiéndose de la música de «Como la cigarra», el tema icónico de María Elena Walsh. Si ya no lo hizo.

1. El fenómeno dialoga con el modus operandi de los murguistas uruguayos, si bien estos trabajan de modo profesional y otros saberes los separan del motivo de esta nota.

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