La carpa y la red – Brecha digital
Quinta edición del Festival Internacional de Circo

La carpa y la red

Organizado por la asociación civil El Picadero, se llevará a cabo del 16 al 25 de setiembre en distintos espacios de la ciudad.1 Esta diversidad tiene como objetivo no perder el espíritu popular del circo callejero, integrando espectáculos que requieren de otros recursos técnicos (iluminación, sonido, proyecciones) para dar lugar al circo contemporáneo, que combina distintos lenguajes de las artes escénicas.

Alberto Solano Barbal durante su actuación. MARCO GULBERTI

Desde hace unas décadas, la dramaturgia circense viene transformando sus clásicas puestas y estructuras, dejando atrás los animales, el presentador y los números sueltos. El nuevo circo ya no se origina en las viejas compañías familiares de cirqueros; actualmente, se posiciona como un lenguaje ancestral que se ha sabido actualizar a través de la incorporación de otras artes, como el teatro y la danza. Es que a partir de los años ochenta el circo comenzó una nueva etapa, y dos factores colaboraron con este fenómeno: el primero es que su difusión, su práctica y su enseñanza se vieron aumentadas considerablemente; el segundo, que lo que se produce en nuestras latitudes está marcado por la influencia del denominado nuevo circo, surgido en los setenta en Francia y Canadá.

Frente a la llegada de la modernización, la demanda de distintas especializaciones y capacidades para desplegar en espectáculos cada vez más exigentes, la institucionalización del aprendizaje circense y la mercantilización del arte –su exponente más claro es el Cirque du Soleil, que lleva espectáculos de circo por todo el mundo funcionando como una empresa– han generado un punto de inflexión considerable, alejando a la disciplina de sus orígenes, vinculados a compañías itinerantes familiares. Así, la actualización del circo del siglo XXI es una realidad en Uruguay, y la intención del Festival Internacional de Circo (FIC) es abarcar un espectro amplio de propuestas.

Desde 2014, El Picadero viene organizando este festival con el apoyo de distintos organismos nacionales e internacionales, como el fondo Iberescena y el Programa para la Internacionalización de la Cultura Española (PICE). A nivel local, cuenta con el apoyo del INAE, la DNC, laDirección de Cultura de la IM y el Municipio C, la Embajada de Francia, el Instituto Italiano de Cultura y el Liceo Francés. Además, ha sido declarado de interés cultural por el MEC. El Picadero es, entre otras cosas,2 una organización horizontal y autogestiva en la que distintos artistas trabajan voluntariamente para producir este festival, edición tras edición. Luis Emilio Musetti, docente y artista integral que desarrolla su arte entre el teatro, el circo y la música, integrante de El Picadero y del equipo organizativo del FIC, cuenta a Brecha: «Tenemos tres frentes en paralelo: la sala, la calle y una carpa de circo que instalaremos en el parque que está lindero con nuestro galpón». Es que el festival se propone objetivos nuevos. Uno de los más importantes tiene que ver con la inclusión, ya que algunos espectáculos tendrán la herramienta de la audiodescripción. Por otra parte, el armado de esta edición incluyó una organización diferente: «Es la primera vez que realizamos una curaduría en conjunto con el equipo del festival y referentes del circo en Uruguay. El año pasado se realizó una convocatoria abierta a la que llegaron propuestas de diferentes países; ahora, en esta comisión que inauguramos, evaluamos los proyectos para definir la grilla de programación. Hay espectáculos de España, de Francia, de Argentina, de Italia y de México. Estamos en una encrucijada, ya que la dimensión del festival nos requiere un nivel de trabajo muy exigente, y es tiempo que invertimos a nivel personal de una manera muy intensa. Tenemos a futuro el desafío de profesionalizarnos, de ver cómo nuestro trabajo puede remunerarse también económicamente».

La precarización laboral histórica que atraviesa el sector cultural en general –y el circo en particular– ha quedado más explícita que nunca y reforzada luego de la crisis que ha dejado la reciente pandemia. En 2021, Agustina López, Virginia Alonso, Virginia Caputi e Iván Corral diseñaron un primer formulario de relevamiento que contó con el apoyo logístico y el asesoramiento de Hernán Cabrera y Rodrigo Ortiz de Taranco, del Sistema de Información Cultural (SIC) de la Dirección Nacional de Cultura. Este documento se toma actualmente como un primer acercamiento representativo del sector circense nacional y constituye un avance significativo para el sector. Para Musetti: «La realidad de los y las artistas en Uruguay es bastante cruda, porque, si bien tenemos varios espacios autogestivos que sirven de lugar de residencia y de entrenamiento, todavía carecemos de una formación institucionalizada integral. La cadena de transmisión familiar del circo tradicional se cortó, salvo por algunas familias puntuales». Esta realidad atraviesa muchas artes en Uruguay, que están signadas por la inexistencia de formación legitimada por el Estado, tanto a nivel secundario como universitario. Ese obstáculo repercute en una tardía profesionalización y migración a otros países en los que es posible formarse y trabajar. A modo de ejemplo, parece una ironía que el Circo Criollo rioplatense, que fue vanguardia en el mundo y único en su variante, no sea reconocido por el Estado uruguayo como una disciplina a investigar y cultivar.

La Red de Artistas Circenses del Uruguay, que se inició en plena pandemia para sostener y contener a muchos trabajadores de la cultura, es hoy un espacio de integración, reflexión y valoración del circo. Aunque, según relata Musetti: «Estamos lejos de tener una forma institucional formal, ya sea como cooperativa, sindicato o asociación. Aun así, está pasando algo muy interesante, que es que dentro de la red estamos pudiendo incluir a todas las manifestaciones del circo». Es que el arte circense ya no se circunscribe a colectivos o compañías independientes: «Es un ámbito que merece una representatividad más amplia. Existen docentes, familias, artistas, distintos tipos de agrupaciones, tenemos todo el crisol del circo presente y habilitado para participar activamente de la red. La conjunción entre red y festival se da a través de las jornadas de reflexión sobre el circo. Vamos a estar realizando la segunda dentro del marco del FIC, y allí vamos a problematizar la formación del artista circense y a discutir la viabilización de un plan nacional de circo».

Dentro de los muchos espectácu-los que podrán verse –este año se tratará de un festival muy grande y abarcativo–,3 recomendamos la obra Un domingo, de la compañía argentina Proyecto Migra. Gabriela Parigi, exgimnasta de la selección argentina y actual integrante de esta compañía, presentará su unipersonal Consagrada. Por otra parte, destacamos dos espectáculos de Uruguay: Juanas, fruto de una investigación de los lenguajes de acrodúo integrados con disciplinas aéreas (suspensión con elásticos), y Fascia, un entrecruce de lenguajes escénicos en el que se utilizan suspensión capilar y danza aérea. En otra línea, Contrapeso es una performance que problematiza los roles de género. Fue creada por la compañía Mermejita, integrada por uruguayos y uruguayas que residen en México, y es seguro que valdrá la pena percibir de cerca sus exploraciones migrantes.

Por sobre todo, la primavera es un gran momento para bienvenir el calorcito con nuevas experiencias. Volver al circo es volver a un lugar primario y ritual en el que los deseos y la magia todavía son posibles. Mientras la familia se va arrimando, el barrio brillará con lucecitas y banderines para contagiarse del espíritu de una fiesta extraña y maravillosa, esa que solo el circo sabe desplegar.

1. Habrá funciones en el Teatro Solís, el Auditorio Nacional del SODRE, el Espacio Feminista Las Pioneras, El Picadero (y su carpa al aire libre) y la Sala Lazaroff.

2. Por más información sobre El Picadero, recomiendo visitar su sitio web.

3. La programación completa del FIC 2022 se encuentra en ficuruguay.com.

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