La casa que nos parió - Semanario Brecha
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El Ocio de la Blanqueada

La casa que nos parió

El Ocio ya era un centro social y cultural abierto y autogestivo, de encuentro y resistencia para quienes anduvimos en la vuelta mucho antes de que fuera lo que es hoy.

«Justo hablamos de eso con mi madre: que a mi casa siempre fue pila de gente, iban los gurises del barrio a comer ahí», recuerda Juan, el menor de la familia, popularmente conocido como Oreja. Desde que él era un niño, la casa de la familia Carvajal estuvo abierta para el disfrute de los hijos y sus amigos, que crecieron en la Blanqueada. Lo de la comida tampoco es menor: recuerdo los suculentos guisos de lentejas que cortaban las noches del invierno montevideano; los coquetos canelones de verdura para los veganos y carne picada para los demás; las pizzas caseras hechas en un hornito a leña portátil. «Era compartir, me parece», dice Juan, y siempre se trató de eso. La comida era la excusa para reunirse y planear cosas, que con los años se transformaron en una práctica de construcción colec...

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