La gran fiesta – Brecha digital

La gran fiesta

Con el apoyo de varias instituciones y empresas públicas y privadas, pero sobre todo con un esfuerzo descomunal, la edición 34º Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay empieza el 22 de marzo en ocho salas, con 144 largometrajes y 71 cortometrajes provenientes de 56 países.

Los exiliados románticos

La realización anual del Festival de Cinemateca es uno de los misterios pascuales de este laico país. El misterio es cómo una institución de escasos recursos junta decenas de películas, invita a realizadores y actores y ofrece, así, un panorama abierto y variado del cine mundial no comercial digno del Primer Mundo –o, al menos, de otro mundo–. Con el apoyo de varias instituciones y empresas públicas y privadas, pero sobre todo con un esfuerzo descomunal, la edición número 34 empieza el 22 de marzo en ocho salas,1 con 144 largometrajes y 71 cortometrajes provenientes de 56 países.

El festival contará con: seis secciones en competencia (Largometrajes Internacionales, Largometrajes Iberoamericanos, Competencia Nuevos Realizadores, Competencia de Cine de Derechos Humanos, Cortometrajes Internacionales, Cortometrajes Uruguayos), y un Panorama Internacional; un Focus en el cine italiano de los últimos dos años, y otro en la cinematografía española; una selección de filmes que participaron en la Semana dos Realizadores de Rio de Janeiro, del Festival Internacional de Cine de Huesca y del Festival Latinoamericano de Video de Rosario; dos secciones temáticas, “Ensayo de orquesta”, dedicado al cine que tiene a la música en su centro, y “Ojo con el cine”, donde el arte cinematográfico se vuelve autorreferencial, y una a modo de homenaje: “Una habitación propia: mujeres y cine”.

En Largometrajes Internacionales en competencia, inaugura la lista Campo Grande (Brasil/Francia, 2015, véase entrevista a Sandra Kogut). Continúa Los seres queridos, de Anne Émond (Canadá, 2015), una crónica familiar a la vez melancólica y agridulce ubicada en un entorno rural. Olmo y la gaviota, de Petra Costa y Lea Glob (Dinamarca/Portugal, 2015), se sumerge en los deseos y fantasmas de una actriz que se prepara a actuar en La gaviota de Chejov y debe elegir entre su vocación y deseos vitales y un embarazo (premio del jurado joven en la sección Cineastas del Presente del Festival de Locarno 2015). Yo soy el pueblo, de Anna Rousillion (Francia/Egipto, 2015), es un documental sobre la llamada primavera árabe que sigue los cambios y agitaciones políticas y a la vez lo que vive y percibe una familia de campesinos (premiada en los festivales de Jihlava 2014, Entrevues Belfort 2014 y San Cristóbal 2015). Cabra, de Ivan Ostrochovský (Eslovaquia/República Checa 2015), sigue a un boxeador que pasó ya su cuarto de hora y por necesidad se enrola en matches donde sólo debe soportar golpes. Con las actuaciones de Peter Baláž, que compitió en los Juegos Olímpicos de 1996 en Atlanta, y Ján Franek, medallista olímpico de Moscú 1980, el filme difumina la línea entre representación y ficción. Un monstruo de mil cabezas, de Rodrigo Plá (México, 2015), basada en la novela de Laura Santullo, trata la historia de una mujer cuyo esposo está gravemente enfermo, y enfrentada a la burocracia y la desidia de las corporaciones médicas, en pos de un tratamiento adecuado, se va internando en una violencia creciente. La academia de las musas, de José Luis Guérin (España, 2015), protagonizado por actores no profesionales, se ocupa de una experiencia docente muy peculiar en un curso de posgrado, en una realización con límites muy difusos entre realidad y ficción, en torno a asuntos como la palabra, la poesía, el deseo y el origen del amor. Rams: la historia de dos hermanos y ocho ovejas, de Grímur Hákonarson (Islandia/Dinamarca/Noruega/Polonia, 2015), es la historia de dos hermanos solteros y solitarios en un pueblo remoto de Islandia que no se hablan, aunque comparten tierra y trabajo, hasta que una fatal enfermedad que aqueja a sus animales los obliga a enfrentarse a las autoridades que deciden sacrificar los rebaños. Ganadora en “Un certain regard” en Cannes, se destaca del filme su excentricidad y humor seco pese a que su materia resulta conmovedora. Que tengamos paz en nuestros sueños, de Sharunas Bartas (Lituania/Francia/Rusia, 2015), es un extraño filme de autoindagación y conjuro: el director Bartas y su hija en el duelo por una actriz, esposa de uno y madre de la otra, en un viaje al campo donde las confesiones, las búsquedas y los contrastes con el mundo circundante los sumergen a la vez en el consuelo y la aproximación a los grandes temas humanos de siempre. El evento, de Sergei Loznitsa (Países Bajos/Bélgica, 2015), echa mano a un rico material de archivo para documentar el intento de golpe de Estado en la Unión Soviética en 1991, por el cual un grupo de funcionarios del gobierno se alzó contra el régimen de Mijail Gorbachov. Al cabo de tres días el golpe fracasó, pero el suceso acabó por dinamitar la legitimidad del Partido Comunista de la Unión Soviética, derivando al poco tiempo en el colapso definitivo de la Urss. Demonio, de Marcin Wrona (Polonia/Israel, 2015), a partir de la boda entre un joven citadino y una novia que vive en un pueblo de Polonia, promete una forma distinta de inmersión en el terror, en un ambiente campesino y con circunstancias de fondo de imprevisibles prolongaciones. Suite Armoricaine, de Pascale Breton (Francia, 2015), se presenta como un filme coral construido como una suite, con distintos movimientos y varios personajes a través de los cuales circulan asuntos como el arte, el tiempo, la muerte o el amor, que remite a Marcel Proust (premio Fipresci en el Festival de Locarno).Una juventud alemana, de Jean-Gabriel Périot (Alemania/Francia, 2015), es una crónica –utilizando filmes estudiantiles y de protesta, noticieros, entre otros– de los turbulentos años sesenta en Alemania, con la gestación de la llamada banda Baader-Meinhof, la represión gubernamental y la violencia creciendo en ambos lados. La camarera Lynn, de Ingo Haeb (Alemania, 2015), trata de la inmersión de una cuidadosa pero aun más curiosa mucama en el mundo del erotismo con varios rostros que apenas había entrevisto en sus espionajes particulares en el hotel en que trabaja. La bruja del amor, de Anna Biller (Estados Unidos, 2016), evoca a las brujas como símbolo de la libertad sexual femenina y la tragedia que significa para ellas, e incluso para su entorno, vivir en un mundo que no puede aceptarlas tal cuales son.

Pero, como fue anotado arriba, hay mucho más. El cinéfilo alucinado podrá encontrar películas multipremiadas en numerosos festivales, como Una historia de locos, de Robert Guédiguian, Lejos de ella, de Jia Zhangke, Garoto de Júlio Bressane, Juana a los 12, de Martín Shanly, Banda de chicas, de Céline Sciamma, o Corazón de perro, de Laurie Anderson. Y atención a los Focus: España trae, entre otros, Los exiliados románticos, de Jonás Trueba, una defensa del cine y de las cartas de amor, y del amor, a través del viaje de tres amigos. En el caso de Italia –a cuyo cine siempre fuimos tan afectos los uruguayos–, tendremos 11 películas firmadas por gente como Pupi Avati, Marco Pontecorvo, Paolo Martino, Agostino Ferrente, Giovanni Pipperno y Felice Farina.

Y hay mucho más y para todos los gustos. Sin olvidar un adelanto de estreno nacional: Columnas quebradas, de Mario Handler.

  1. Cinemateca 18, Sala Cinemateca, Sala Dos, Cinemateca Pocitos, Life Cinemas 21, Cine Universitario (Salas Lumière y Chaplin) y Sala Zitarrosa.

 

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