La guerra del presente - Semanario Brecha
Notas sobre el coloquio A 90 Años de la Guerra de España

La guerra del presente

Muchos años pasaron tras la caída del franquismo para que la represión política de la dictadura comenzara a ser realmente visibilizada.

Francisco Cordón Herreros y Romualdo Puerto Ibarra, fallecidos durante la guerra civil española, cuyos restos fueron entregados a sus familias tras 82 años en una ceremonia en Guadalajara, España, el 12 de febrero de 2022. AFP, Anadolu, Burak Akbulut.

En octubre de 2000, en Priaranza del Bierzo (provincia de León), se exhumó una de las primeras fosas comunes de víctimas de la guerra civil española. La intervención fue realizada por un equipo científico interdisciplinario y tuvo como resultado la recuperación, luego de 64 años, de los restos de Emilio Silva Faba y de otros 12 republicanos españoles asesinados por fuerzas franquistas en 1936. El nieto de Emilio Silva es uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, creada precisamente en ese año.

La repercusión en la opinión pública de los trabajos de exhumación, efectuados mayoritariamente sin auxilio de fondos institucionales públicos, contribuyó desde ese momento a la visibilización de la represión política silenciada también durante la transición democrática posfranquista. El arqueólogo forense madrileño Carlos Marín, que ha participado de diversas excavaciones relativas a la guerra de España, destaca precisamente el rol nodal de la arqueología en el proceso de reparación de las víctimas en relación con los crímenes cometidos por el régimen dictatorial.

El momento emblemático de esa exhumación inició una «explosión de la memoria» en torno a la guerra, impulsada por reclamos de reparación y justicia de carácter familiar y local. El proceso potenció la agencia de las víctimas del franquismo, que por casi 40 años habían experimentado únicamente rechazo e invisibilización por parte del Estado español. La eclosión de estas memorias antifranquistas encendió desde trincheras opuestas relatos de divulgación histórica cuyo discurso retornaba sobre la tradicional argumentación de la seudohistoriografía del régimen acerca de la responsabilidad de la movilización social en el inicio del conflicto.

La militancia de las organizaciones de derechos humanos fue clave para la definición de un esquema legislativo de reparaciones concretado inicialmente en la ley 52/2007, de Memoria Histórica, durante el primer mandato del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, aun cuando la financiación de los trabajos de exhumación resultó más que escasa, sobre todo durante las presidencias del conservador Mariano Rajoy (2011-2018). La ley 20/2022, de Memoria Democrática, sustituyó la precedente y, aunque contempló a víctimas antes no visibilizadas –como los descendientes del exilio republicano–, fue considerada insuficiente por el conjunto de las organizaciones sociales que reúnen a familiares de víctimas del franquismo y por diversos sectores de la izquierda política. Ello en la medida en que la nueva legislación convive con la Ley de Amnistía de 1977, una de las piezas fundamentales de la arquitectura transicional española, aún vigente y que obstaculiza el juzgamiento –en oposición a los cánones del derecho internacional– de las atrocidades perpetradas por la dictadura.

Transcurridos más de 50 años desde la muerte de Franco, los efectos de la guerra civil y de la dictadura, así como los intentos de «pacificación» transicionales sustentados en la ausencia de justicia, han perpetuado la división de la memoria social en un presente en el que relatos enfrentados disputan por los sentidos del pasado. Mientras, restan aún sin exhumar desde hace casi un siglo 2.300 fosas comunes.

La guerra civil, denominada guerra de España por sus contemporáneos así como por buena parte de la historiografía mundial –en virtud de la relevancia internacional del conflicto–, constituye, como puede observarse, un tema que divide profundamente a la sociedad. Y esa presencia del pasado en el presente comprende también las geografías donde –en gran medida por efecto del activismo del exilio republicano, como sucedió en Uruguay– la circulación de personas, ideas y materialidades antifascistas tuvo una intensidad particular.

NUEVOS ENFOQUES Y LECTURAS

A diez años del centenario del inicio del conflicto, la historiografía de la guerra de España revisita temáticas nunca agotadas y propone nuevos enfoques. Uno de los cambios más novedosos es la consolidación de abordajes transnacionales y comparados, de los cuales una muestra reciente es la obra colectiva publicada este año por los historiadores Javier Rodrigo, Miguel Alonso y David Alegre, La guerra civil española. Una historia global. El libro teje conexiones entre escalas locales, nacionales y mundiales para analizar el conflicto en el marco de la historia europea de entreguerras, definida por la lucha entre fascismo y antifascismo. Asimismo, existe una amplia producción sobre los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, donde destaca el trabajo de Javier Tébar, Gutmaro Gómez, José Babiano y Antonio Míguez, Verdugos impunes. El franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos. Esta producción es parte del desarrollo, desde hace varias décadas, de la historiografía española sobre la guerra civil, así como de la nueva escritura en torno al exilio, especialmente en perspectiva de género a través de, por ejemplo, las investigaciones de Bárbara Ortuño y Mónica Moreno Seco. La masiva producción ibérica sobre la guerra compone, junto con la clásica historiografía de origen anglosajón –algunos de cuyos exponentes más notorios se nuclean en el equipo del británico Paul Preston–, un imponente corpus historiográfico.

Mientras que varias décadas atrás la guerra de España ocupaba un lugar primordial en las labores de investigación de historiadores e historiadoras en Uruguay, hoy ya no son tantos quienes abordan estas temáticas, seguramente porque el eco social de lo que la historiadora Milita Alfaro advierte como uno de los procesos internacionales de mayor repercusión en el escenario político-cultural en el siglo XX se desvanece paulatinamente con la desaparición de las generaciones protagonistas. Sin embargo, el antifascismo español, especialmente a partir de la impronta del exilio republicano, generó una marca muy fuerte en el pensamiento político y la cultura uruguayos, que se extendió en modo amplio y determinante hasta entrados los sesenta.

Estas reflexiones están en el origen del coloquio «A 90 años de la guerra de España. Exilios, memorias, historiografías y legados culturales», realizado el 20 y 21 de julio en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, de la Universidad de la República, organizado por la Unidad Curricular Historia Contemporánea del Departamento de Historia Mundial del Instituto de Historia. El evento académico nucleó investigadores/as de diversas partes de mundo (Argentina, Brasil, Italia, España, México, Uruguay) y contó con el apoyo de la Fundación Vivian Trías, el Centro Cultural Dante Alighieri y el Centro Cultural Federico García Lorca. El coloquio reunió paneles, conferencias y presentaciones con el propósito de analizar temas como los exilios políticos (con amplia participación de integrantes del Grupo de Exilios Políticos Contemporáneos, así como de docentes del Centro de Estudios Interdisciplinarios Migratorios), las representaciones artísticas vinculadas al conflicto, las repercusiones en la política, la sociedad y la diplomacia uruguayas, y diferentes memorias de la guerra. En este sentido, contribuyó a reactivar el interés por el estudio de la guerra de España, proponiendo el diálogo entre diversas posturas historiográficas y generando nuevas preguntas que continúan siendo relevantes para el tiempo presente.

(Marina Cardozo.  Docente e investigadora del Departamento de Historia Mundial, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República)

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