La Habana está de moda

Los hechos lo respaldan. Sólo en el primer trimestre del año llegaron al país 1,3 millones de vacacionistas y hombres de negocios (15 por ciento más que en 2015), con el añadido de que Estados Unidos incrementó su presencia en casi cien por ciento y España se ubicó ligeramente por detrás.

Día tras día, poco antes de que comience a amanecer, por todo en el centro histórico de la capital cubana comienzan a verse cuadrillas de obreros de la construcción que se apresuran para llegar a las obras que se ejecutan en numerosos puntos de la ciudad. Luego de años en que virtualmente podían contarse con los dedos de una mano, los grandes proyectos han llegado a La Habana como una invasión que amenaza con cambiar radicalmente su faz. Tal vez la mejor muestra de ese furor de ladrillo y cemento sea el Parque Central, el corazón social y político de La Habana republicana, en cuyo entorno se reconstruyen dos de las edificaciones más emblemáticas del país: el Capitolio Nacional y la Manzana de Gómez.

Luego de más de medio siglo cumpliendo otras funciones, en 2018 el primero volverá a ser la sede del parlamento, tras una intervención que ya supera la década de labores y que deberá terminar costándole al país tanto o más que su impresionante valor original. La intención del gobierno es que la Asamblea Nacional traslade sus sesiones hasta allí, y que en el proceso reduzca en dos tercios su cantidad actual de diputados (debido a la capacidad máxima del hemiciclo donde se instalará).

A menos de 300 metros en diagonal, la antigua Manzana de Gómez (que por casi un siglo brindara sus locales a apartamentos y tiendas) se está convirtiendo en un hotel de lujo. Será el primero regentado en la isla por la cadena suiza Kempinski, la más antigua del ramo en Europa. Con su apertura se reafirmará la tendencia que poco a poco cobra fuerza en los principales polos turísticos cubanos, orientada a un turismo de alto standing capaz de pagar sin mayores titubeos habitaciones de 500 o más euros la noche.

“Debemos prepararnos para el crecimiento acelerado del número de visitantes extranjeros, que, incluso sin la autorización de viajar para los ciudadanos estadounidenses en este año y en los siguientes, será una realidad”, reclamó hace algunas semanas el ministro de Turismo, Manuel Marrero Cruz.

Los hechos lo respaldan. Sólo en el primer trimestre del año llegaron al país 1,3 millones de vacacionistas y hombres de negocios (15 por ciento más que en 2015), con el añadido de que Estados Unidos incrementó su presencia en casi cien por ciento y España (el tradicional socio y cliente preferencial de Europa) se ubicó ligeramente por detrás.

Sin mayores variaciones de las dinámicas en curso, la industria turística de la isla podría cerrar el calendario con una inédita cota de 4 millones de visitantes, considera James Williams, presidente de Engage Cuba, el lobby que en Washington DC cabildea a favor de la eliminación del bloqueo y la regularización de relaciones entre ambas capitales. “Nuestros cálculos son conservadores, pero prevemos que en un escenario de normalidad bastarían sólo uno o dos años para que los números crecieran hasta más de 2 millones de estadou­nidenses al año”, dice Williams.

A ello hay que agregar la llegada del primer crucero directo entre La Habana y Miami, el glamuroso desfile de Chanel por el Paseo del Prado, y la filmación de la octava parte de la saga hollywoodense Rápido y furioso. “Aquí estuvieron las Kardashian, y dicen los que las vieron que criticaron los problemas de conexión a Internet. Sin embargo, esas son cosas que a la mayoría de los turistas no les importan”, asegura Maikel Otaño, chofer de uno de los miles de “almendrones” que habitualmente circulan por la ciudad. Desde que se asoció con un amigo para comprar y explotar el vehículo, hace ya cuatro años, nunca antes habían afrontado un crecimiento tan notable de la demanda, a tal punto que ahora incluso pueden darse el lujo de rechazar clientes. “Cuba es lo desconocido, lo diferente, y quien viene espera encontrarlo. Da lo mismo unos cuantos megas de más o de menos. Si me preguntaran, diría que tenemos trabajo seguro por un buen tiempo.” 

 

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