La han cagao

La cara desfigurada en un grito desgarrador de espanto. O desesperación, o quién sabe. Pero no, no es “El grito” de Edvard Munch, sino el “Ecce Homo” de Cecilia Giménez. España está forjando una tradición en grandes restauraciones y reescribiendo el manual de cómo llevarlas a cabo. O, por lo menos, un capítulo.

Construido en el siglo IX, el Castillo de Matrera en Villamartín, Cádiz, data de aquella época en la que parte de España se encontraba bajo dominio moro. Lo que quedaba de la cubierta del castillo se derrumbó en 2013 por el “abandono total” de la edificación, según consta en la web del grupo de defensa y conservación del patrimonio, Hispania Nostra. El Castillo de Matrera, claro está, es una construcción protegida, declarada bien de interés cultural (Bic) en 1985. Tras varios derrumbes se hundieron las bóvedas, lo que destruyó las tres plantas de la torre, parte del muro oeste y todo el muro norte. “El ayuntamiento de Villamartín avisó reiteradas veces a la Junta de Andalucía, que no hizo nada por evitarlo”, señala el sitio. Es entonces que los dueños convocaron al arquitecto Carlos Quevedo para tratar de salvaguardar lo poco que quedaba.

La ley del patrimonio histórico español prohíbe las reconstrucciones. Así, lo que finalmente quedó fue un edificio al mejor estilo monstruo Frankenstein, el equivalente arquitectónico de la cara de Michael Jackson durante la década de 1980. Híbrido entre lo moderno y su pasado, más parecido a lo que cualquier hombre de a pie hubiera hecho al tener que tapar de apuro una pared que se empieza a resquebrajar. Líneas duras y un bloque macizo de cemento que contrastan a primera vista –y un poco dolorosamente– con lo que queda del original. El Toc1 de uno espera que alguien venga y lo termine. Rápido. Ya.

Los vecinos de Villamartín, indignados, declararon a la cadena española LaSexta que no les había gustado nada. Uno atribuyó la razón del desastre a que usaron más que restauradores, albañiles: “La han cagao”, sentenció.

En declaraciones al periódico británico The Guardian, Quevedo defendió sus motivos. Para él, esta obra tenía tres objetivos principales: “Consolidar estructuralmente los elementos que estuvieran en riesgo; diferenciar lo agregado de la estructura original –así evitar las reconstrucciones imitativas que están prohibidas por la ley–, y recobrar el volumen, textura y tonalidad que tenía originalmente la torre”.

A Hispania Nostra la situación los superó. “Nos han escrito extranjeros que no comprenden cómo en España todavía se cometen estos disparates”, señalando que incluso lo califican de masacre. “Y ciertamente que lo es”, agregan ellos mismos.

Pero mírenla a Cecilia, que accidentalmente superó a la obra original, la resignificó y creó un nuevo icono pop. El “Ecce Homo” ya es un atractivo turístico en sí mismo, y The Guardian se pregunta si no estamos ante una nueva genialidad por accidente. Otros edificios de igual valor patrimonial como el Astley Castle o el Castello Sforzesco en Milán tienen puntos en común con la línea de tipo de restauración. Sin embargo, parece que a Quevedo se le fue un poco la mano con la literalidad, porque en general lo agregado y lo moderno tienden a darse con otros materiales y otras funcionalidades.

Y si este manejo y conservación del patrimonio le da risa y horroriza un poco, por favor, procure no mirar para afuera de su ventana.

  1. Para los no afectados, trastorno obsesivo compulsivo.

 

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