Todas las personas trabajamos. Y, aunque muchas veces no lo pensamos, la forma en que lo hacemos influye profundamente en nuestra salud.
El trabajo puede proporcionarnos ingresos, identidad, vínculos sociales y oportunidades de desarrollo. Pero también puede exponernos a lesiones, enfermedades e incluso la muerte. Desde hace décadas se considera el trabajo como uno de los principales determinantes sociales de la salud; las condiciones laborales ayudan a explicar por qué algunas personas enferman, se lesionan o viven menos que otras.
En este sentido, los accidentes laborales no son hechos aislados o inevitables. Cada lesión ocurrida durante el trabajo refleja las condiciones en las que este se ejerce, la forma en la que se organiza la producción y, en definitiva, la importancia que una sociedad le asigna a la prevención.
Tomando como base el informe Tendencias en la incidencia de accidentes laborales en Uruguay y cambios en la composición sectorial del empleo (2014-2025), presentado por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social el 13 de julio, comparto aquí un breve análisis al respecto. El estudio estima la incidencia de los accidentes laborales por cada 100 mil cotizantes durante ese período, a partir de datos provenientes del Banco de Previsión Social (BPS) y del Banco de Seguros del Estado.
UNA EVOLUCIÓN CON DOS TENDENCIAS OPUESTAS
En 2014, la incidencia de accidentes laborales en Uruguay fue de 3.500 por cada 100 mil personas cotizantes al BPS. Cinco años después, en 2019, había descendido a 2.706 por cada 100 mil. Esto representa una reducción acumulada del 23 por ciento en el período y equivale a una disminución promedio del 5,2 por ciento anual.
Este descenso coincidió con un período de importantes transformaciones en el campo de la seguridad y salud en el trabajo (SST) en nuestro país, durante el cual se fortaleció el marco regulatorio a través de la implementación de los Servicios de Prevención y Salud en el Trabajo (decreto 127/014 y accesorios), la actualización de las normas que establecen las condiciones de SST en la industria de la construcción (decreto 125/014) y se consolidó un nuevo escenario a través de la Ley de Responsabilidad Penal Empresarial (ley 19.196). Al mismo tiempo, se produjeron cambios en la formación de quienes trabajan en prevención de riesgos laborales, que elevaron el nivel académico (el cual no solo se orientó a la intervención, sino también a la producción de conocimiento sobre las condiciones laborales en los propios lugares de trabajo).
No podemos afirmar que estas medidas hayan sido la causa directa del descenso. Sin embargo, la coincidencia temporal es evidente: la reducción de la incidencia de los accidentes laborales ocurrió en un período en el que la prevención de riesgos comenzó a ocupar un lugar de mayor relevancia en las políticas públicas y en los lugares de trabajo.
LA PANDEMIA Y DESPUÉS
En 2020, la pandemia de covid-19 modificó la forma en que trabajábamos. Algunas actividades se redujeron, otras transformaron su modo de organización y millones de personas se incorporaron al trabajo remoto.
Por lo tanto, la reducción observada en la incidencia de los accidentes laborales durante 2020 no puede interpretarse de la misma manera que los cambios ocurridos antes o después, ya que respondió a un contexto excepcional.
Entre 2021 y 2024, en tanto –luego de la crisis–, la incidencia de los accidentes laborales se incrementó sostenidamente. En 2021, fue de 2.538 por cada 100 mil cotizantes, mientras que en 2024 alcanzó los 3.003. Esto representa un aumento acumulado del 18 por ciento en el período y un incremento anual promedio del 5,8.
El dato es significativo: al finalizar 2024, la incidencia de los accidentes laborales fue casi 10 por ciento superior a la registrada en 2019, por lo que el aumento observado desde 2021 revirtió parcialmente aquel descenso alcanzado durante los años previos a la pandemia.
A primera vista, podría parecer que estamos cada vez peor luego de la crisis –la incidencia de los accidentes laborales aumentó todos los años entre 2021 y 2024–, pero los datos de 2025 introducen un matiz importante: ese año el patrón de incremento sostenido dejó de reproducirse.
Si la tendencia iniciada en 2021 se hubiera mantenido, la incidencia esperada para 2025 debía alcanzar los 3.194 accidentes por cada 100 mil cotizantes. Sin embargo, el valor registrado fue de 3.006, aproximadamente un 6 por ciento menor que el proyectado.

¿CÓMO SE EXPLICA?
Una posible explicación para el aumento en la incidencia de los accidentes laborales entre 2021 y 2024 podría estar asociada a un eventual cambio en la composición sectorial del empleo luego de la pandemia: que una mayor proporción de personas hubiese pasado a trabajar en actividades más riesgosas, por ejemplo. Sin embargo, los datos muestran otra cosa.
Entre 2021 y 2024, la redistribución relativa de los trabajadores entre los distintos sectores de actividad fue de apenas el 2,9 por ciento. Dicho de otra manera: de cada 100, menos de tres cambiaron de sector de actividad durante el período. Entre 2024 y 2025 ese valor fue incluso menor (menos de uno de cada 100).
El análisis sugiere que quizás las causas deberían buscarse dentro de los propios sectores; cambios en la organización del trabajo, intensidad de la producción, estrategias y políticas de prevención y fiscalización tal vez podrían explicar la evolución observada.
Hay que considerar que la evidencia internacional ha descrito un comportamiento procíclico de los accidentes laborales: tienden a disminuir durante períodos de crisis económica y a aumentar en las fases de recuperación. La forma en que ese comportamiento se manifiesta aporta información sobre la fortaleza de los sistemas nacionales de prevención de riesgos. En España, por ejemplo, un equipo de investigación observó que la reducción de los accidentes laborales durante la crisis económica de 2008 fue seguida de un aumento durante la recuperación posterior. Según los investigadores, ello reflejó una recuperación económica que no estuvo acompañada por un fortalecimiento equivalente de las condiciones de seguridad y salud laborales. Es decir, parte del crecimiento económico se produjo a costa de un elevado nivel de accidentes, lo cual expuso las debilidades del sistema preventivo español. ¿Habrá pasado algo parecido en Uruguay?
En nuestro país los primeros años de la recuperación económica coincidieron con un aumento sostenido de la incidencia de los accidentes laborales. En 2025, sin embargo, la economía continuó expandiéndose sin que ese incremento volviera a repetirse, en un comportamiento compatible con la evidencia internacional.
Más que el crecimiento económico en sí mismo, lo que parece influir es la forma en cómo se organiza la recuperación. Es que, luego de una crisis, las empresas pretenden retomar su producción, procurando muchas veces mantener (o incluso reducir) sus costos. Para que el crecimiento sea factible en esas condiciones, es probable que se sustente en cambios en la organización del trabajo que subordinan las condiciones laborales a las exigencias de la recuperación económica. Incluso, una menor capacidad de fiscalización o un debilitamiento de la prevención podrían contribuir a este escenario.
Tampoco podemos afirmar que esto haya sido exactamente lo que ocurrió en Uruguay, pero a partir de este estudio podemos formular una serie de preguntas que hasta ahora permanecían invisibles. Si el aumento en la incidencia de los accidentes laborales entre 2021 y 2024 no parece explicarse porque las personas comenzaron a trabajar en sectores más peligrosos, entonces: ¿aumentó la intensidad del trabajo durante los primeros años pospandemia? ¿Se redujeron las inversiones destinadas a la prevención de riesgos laborales? ¿La fiscalización perdió capacidad de intervención? ¿Se incorporó personal bajo modalidades de contrataciones precarias? ¿Hubo un deterioro de las condiciones laborales en algunos sectores?
Hoy no contamos con información suficiente para responder estas preguntas mediante un análisis estadístico, pero todas ellas surgen de manera natural a partir del análisis crítico de los resultados que sí tenemos disponibles.
¿QUÉ PASÓ EN 2025?
La experiencia uruguaya deja, además, otra interrogante. Si durante los primeros años de recuperación económica la incidencia de los accidentes laborales aumentó al mismo tiempo que crecía la economía, ¿qué cambió en 2025 para que la economía continuara expandiéndose sin que aumenten los accidentes? ¿Mejoraron las estrategias de prevención dentro de las empresas? ¿Se intensificaron las acciones de fiscalización? ¿Se recuperaron capacidades institucionales de prevención y control? ¿La prevención de riesgos laborales volvió a ocupar un lugar de relevancia dentro de las políticas públicas y de la gestión de los lugares de trabajo?
Encontrar respuestas a estas preguntas probablemente sea mucho más importante que discutir la variación decimal del número de accidentes en un determinado año. Porque comprender cómo una sociedad logra expandir su economía sin que ese crecimiento implique un mayor riesgo para quienes la sostienen debería ser el principal objetivo de cualquier sociedad que se precie de tal.

(Mathías Cosentino. Licenciado en Biología Humana, ingeniero tecnológico prevencionista y asesor de la Inspección General del Trabajo y de la Seguridad Social del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.)




