La horma de dinosaurio nació en Tacuarembó

Una rápida mitología tacuaremboense debería listar a Gardel, el “Bocha” Benavides y huellas de dinosaurios. Descubiertas en 2009 gracias a un almuerzo de investigadores, son monumento histórico nacional y quieren ser museo de sitio si sobreviven a la erosión que las consume, advierte la museóloga Elizabeth Núñez.

Elizabeth Núñez

Cómo fue el descubrimiento?
—Paleontólogos de la Facultad de Ciencias estaban buscando, en 2009, huellas de animales prehistóricos en Rivera y Tacuarembó, cuyos suelos, junto con los del sur de Brasil, donde ya hay huellas detectadas, forman el área geológica conocida como Formación Tacuarembó, con sedimentos que datan del período Jurásico, 150 millones de años atrás. El hallazgo fue accidental, iban por la ruta 26 y pararon a un costado para almorzar; una compañera que estaba en su primera salida de campo preguntó a la profesora cómo se vería, exactamente, lo que estaban buscando, y concluida la explicación preguntó: “¿Algo así?”, señalando la primera huella que descubrió el equipo. Barrieron el terreno y encontraron dos trenes de pisadas, unas de dinosaurio de cuello y cola larga, tipo diplodocus, y otras de 40 centímetros de diámetro, de un diplodocus mayor; también de dinosaurios con patas de ave.
Es difícil imaginar saurios en nuestra recatada penillanura.
—Hay que ubicarse en épocas anteriores a la aparición del ser humano en el planeta, cuando los continentes estaban unidos en la Pangea. El territorio uruguayo no era lo que hoy conocemos como tal, y los animales transitaban sin fronteras. Toda esta zona era un desierto, y por lo mismo un lugar de paso; sin embargo, entre las dunas circulaban algunas corrientes de agua que acumularon materia orgánica, los denominados bonebeds o bancos osarios. En Tacuarembó se encontraron en estos bancos dientes de cocodrilo, escamas, restos óseos.
Planean crear un museo a cielo abierto y qué más.
—Bueno, en museología lo denominamos centro de interpretación, porque involucra tanto el interés científico como el trabajo con la comunidad, con estrategias de difusión que comprenden desde cartelería a formación de guías especializados. El otro componente es un centro de visitantes en Cuchilla del Ombú, pueblo ubicado a dos quilómetros del hallazgo, con servicios higiénicos, recreativos, gastronómicos y souvenirs. La primera en interesarse en el proyecto que diseñamos, y asumirlo como una oportunidad de desarrollo local, fue la Intendencia de Tacuarembó, que declaró a las huellas bien patrimonial de interés departamental, las rodeó con un cerco protector, colocó un cartel informativo y figura como institución responsable en nuestras presentaciones al Fondo para el Desarrollo de Infraestructuras Culturales e Incentivo Cultural, del Ministerio de Educación y Cultura.
El proyecto, que pude leer, es riguroso, exhaustivo y ágil, como redactado por un buen gestor cultural.
—Comenzó cuando con Pablo Toriño, uno de los estudiantes de paleontología que encontraron las huellas, tuvimos que presentar un trabajo para la materia gestión y administración museística, de la Tecnicatura Universitaria en Museología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Egresé el año pasado de esta carrera que, lamentablemente, fue cancelada.
¿Por qué?
—La facultad no tiene recursos para sostenerla sin la asistencia de las otras instituciones que acordaron crearla; es un tema que preferiría no tocar.
Venías relatando la génesis del proyecto.
—Claro, teníamos que confeccionar, con Pablo, un plan de gestión de un museo o institución cultural real o potencial, y sentimos que las huellas eran la motivación perfecta para arrancar de cero un proyecto de museo original, no sólo por el punto de partida, sino porque no existe. Fuimos sumando a otros compañeros, un diseñador gráfico, una arquitecta, que aportaron sus saberes, y llegamos a la redacción del proyecto definitivo,1 que fue seleccionado por los Fondos de Incentivo Cultural a fines de 2013, una semana antes de que la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación declarara las huellas monumento histórico nacional. El problema es que los Fondos de Incentivo Cultural te otorgan unos 3 millones de pesos anuales si hay empresas que aceptan invertir esa suma en cultura, a cambio de exenciones impositivas, y la tarea de convencerlas corre por tu cuenta.
¿Cuánto dinero financiaría la totalidad del proyecto?
—Seis millones de pesos en 2013, hoy, evidentemente, esa cifra aumentó. La Intendencia de Tacuarembó está dispuesta a colaborar con una parte, y nosotros pensamos insistir con la presentación a algunos fondos concursables en los que ya perdimos.
Y hay que dotar a las huellas de una urgente infraestructura de protección.
—Sí, cuyos planos incluimos en el proyecto; yo las conocí a principios de 2013, cuando comenzamos a reunirnos con la Dirección de Cultura de la Intendencia de Tacuarembó, y ya lucían desmembradas con respecto a las de las primeras fotos. Si no logramos construirles esa protección en breve, las perdemos.
¿Qué harías, como museóloga, para sustraerle al tema su halo cinematográfico y ajustarlo a nuestra realidad?
—Son las primeras huellas de dinosaurios descubiertas en Uruguay, la trascendencia del hecho es insoslayable. Pero aislado, no puede vivir. Necesita integrarse, en red, al Museo de Geociencias de Tacuarembó, a los demás hallazgos paleontológicos de la región, al turismo, la educación y la cultura uruguaya.2
1. El equipo que lo elaboró está integrado por Sylvia Moreira, Andrés Leal, Martín Varela, Pablo Toriño, Valeria Mesa, Daniel Perea y Elizabeth Núñez.
2. Proyecto Ruta de los Dinosaurios, http://rutadelosdinosaurios.tk/

 

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