Entre la mano y el alma

Feliz alianza entre el colectivo de artesanos Escala Humana y el taller de fotografía Aquelarre para trasmitir en esta muestra, “La mirada colectiva”, la gran empatía de los artesanos con sus materias primas.

Feliz alianza entre el colectivo de artesanos Escala Humana y el taller de fotografía Aquelarre. Un equipo de fotógrafos visitó más de 40 talleres artesanos buscando vincular la artesanía con el arte fotográfico, registrando “imágenes de taller, la vida y el trabajo”.1 La cerámica, la tornería en madera, la vitrofusión, el tallado y pintado de calabazas, la guasquería, la lutería, la orfebrería, los tejidos en telares de la lana… desfilan en fotos de gran formato, al aire libre, con disfrutable precisión y colorido.

Lo primero que se trasmite en esta muestra es la gran empatía de los artesanos con sus materias primas. La “fisicalidad” y en cierta forma, por tratarse de fotografía, el aura de los materiales. Los rostros y las manos, los cuerpos todos, vienen a estar allí para darle un sentido último a la materia. No hay nada que diferencie sensiblemente a estos artesanos con creadores de otras ramas de las artes plásticas, salvo quizás esa predominancia casi absoluta de su relación placentera con los elementos. Las manos son las principales protagonistas del hecho fotográfico que trasciende el mero testimonio para ser vehículo de una prédica emocional, verista pero a la vez con cierta carga de idealidad (en la vindicación del trabajo manual). El observador puede completar la información que no ve pero que de algún modo se connota, por ejemplo, deduciendo la dinámica del taller en el orden o el desorden de las herramientas, en la luz o en la penumbra en la que se sumergen los artesanos, en el tacto con que se intuye en los primeros planos el estado de las piezas concluidas o en proceso.

La pasión del oficio está subrayada con breves textos debajo de las fotos que hacen hincapié en las “construcciones”
–tal el título de la muestra– de los valores artesanales como signos de pertenencia. Dice Siv Goransson: “En 1985 llegué a Uruguay –un país ovejero con 25 millones de ovejas– con una tradición artesanal proveniente del lugar donde nací, en el norte de Suecia: fieltro hecho a mano. Es el trabajo más puro que hay, entre la mano y el alma, con el más alto valor de identidad”.

Con un buscado equilibrio entre el aporte grupal y el individual, la muestra logra recuperar el espíritu de épocas más esperanzadas, cuando la utopía de la creación colectiva en pos de una sociedad más justa era moneda corriente. No hay que olvidar que en los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado se vivió en Uruguay un momento efervescente para la artesanía –movimiento cultural independiente y Feria de Libros y Grabados mediante–, que tras el oscurantismo y la persecución dictatorial decayó para repuntar en la apertura democrática y luego volver a tocar fondo. Hoy los artesanos viven espasmódicas crisis existenciales, luchando contra la internacionalización y estandarización de los motivos y la competencia desleal de cosas tecnológicas importadas: baratijas costosas y nuevos hábitos de consumo que vienen de la mano de “la sensibilidad shopping”.

Por eso Construcciones es una muestra necesaria que nos recuerda el vínculo entre los seres humanos y las materias ancestrales, y la manera en que algunos artistas, llámense artesanos o fotógrafos, mantienen viva la llama de un oficio como una forma de estar en el mundo.

 

  1. Construcciones. La mirada colectiva, en Fotogalería del Parque Rodó (Cdf). Colectivo Color: Andrés Aksler, Álvaro Amonte, Annabella Balduvino, Sebastián Bidondo, Lucía Coppola, Tarumán Corrales, Diego Correa, Rafael di Candia, Ana Ferreira, Ricardo Gómez, Diego Hernández, Jimena Miguel, María Píriz, Juan Manuel Ramos, Patricia Rijo, Pablo Rodríguez.

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