La nueva izquierda ante un paso sin retorno

En Grecia, es probable que Syriza gane las elecciones anticipadas del domingo 25. Pero también es muy probable que no pueda, ni la dejen, gobernar. Las presiones combinadas de Bruselas y Berlín apuntan a neutralizar su potencial de cambio, domesticando sus aristas antisistémicas.

Alexis Tsipras y Pablo Iglesias / Foto: AFP, Dani Pozo

“La amenaza a un gobierno de Syriza no vendrá de los mercados”, sostiene el reputado economista Yanis Varoufakis, consejero económico del partido griego y autor de El Minotauro global, para muchos críticos el mejor análisis de la evolución del capitalismo en las últimas seis décadas. En su opinión, la amenaza proviene del Banco Central Europeo y de la Unión Europea, aunque más concretamente de la canciller alemana Angela Merkel.

“Hay grandes posibilidades de que los funcionarios de nuestros socios europeos, violando los principios más básicos de la democracia –y de la lógica– amenacen al nuevo gobierno de Atenas con clausurar el sistema bancario griego mientras no se pliegue a su voluntad y a menos que lo haga” (Diagonal, 5 de enero de 2015). En este punto, el economista muestra que tanto Syriza como la democracia griega serían asfixiados por el sistema financiero, cuyos principales valedores son, precisamente, las instituciones europeas.
Para evitar semejante situación, el propio Alexis Tsipras, primer candidato de Syriza, adelantó que no contempla la salida del euro ni de la Unión, sino apenas negociar una quita de la deuda griega que, por otro lado, resulta impagable. Así las cosas, la cuestión griega no consiste en la definición de un programa económico para salir de la crisis, sino en la capacidad de articular un enfoque estratégico de larga duración con el poder suficiente para hacerlo realidad.

LA FUERZA DE LAS FINANZAS. En las primeras encuestas Syriza aparece con una pequeña ventaja de tres puntos sobre los conservadores de Antonis Samaras, primer ministro de Nueva Democracia. Parece poco, pero el partido más votado recibe un “bono” de 50 diputados adicionales de los 300 que componen el parlamento. En las elecciones de junio de 2012, Nueva Democracia obtuvo 125 diputados (75 más 50), Syriza le pisó los talones con 71 y los socialistas del Pasok con 27. Los siguieron varios partidos que van desde la extrema derecha (Amanecer Dorado con 16) hasta diversas izquierdas (Dimas con 17 y el Partido Comunista con 12), además de otros grupos independientes.

El tema central es quién llega primero, a sabiendas de que ninguno obtendrá los 100 diputados que, sumados a los 50 del “bono”, le darían la mayoría absoluta. En caso de ganar, no parece nada sencillo que Syriza obtenga el suficiente respaldo parlamentario para formar gobierno, salvo que haga algunas importantes concesiones a las diversas izquierdas. El otro inconveniente será la ultraderecha, que puede generar problemas de orden público más graves aun de los que viene sosteniendo desde el inicio de la crisis.

Parece evidente que un gobierno de Syriza será necesariamente débil, sin los suficientes apoyos institucionales como para plantarle cara a Bruselas. Quizá por eso Varoufakis sostiene que en ningún momento contemplan la salida del euro, porque “causaría ingentes daños a todo el mundo”. En lugar de esa drástica medida, que implicaría un enfrentamiento frontal con el establishment europeo, propone un “New Deal para Europa”. Y anticipa que “el resultado de ese debate será un compromiso”, en el cual Syriza no pretende imponer todos sus puntos de vista.

El asunto central es romper la política de austeridad, que ha provocado una verdadera crisis social en Grecia: la mitad de los jóvenes están desocupados, la tasa de inflación es negativa por el bajísimo consumo, la producción viene cayendo desde hace seis años, la deuda roza el 150 por ciento del Pbi, se han derrumbado los servicios públicos, hay desnutrición infantil, bajó la esperanza de vida y aumentaron los suicidios, entre los problemas más destacados. Se calcula que Grecia regresará a los índices sociales que tuvo en 2008 recién dentro de 20 años, incluso si crece a un promedio de 1,3 por ciento anual, según un informe de la Oit de noviembre.
Syriza prevé re-estatizar el agua, la electricidad, algunos medios de transporte y crear un banco nacional de desarrollo. En lo social, volver a los convenios colectivos, aumentar el subsidio de desempleo y reducir a la mitad los ministerios como parte de una radical reforma de la administración pública.

LA PRESIÓN EUROPEA. La prioridad es salir de la austeridad. No será sencillo, en vistas de la oposición de Bruselas. Por eso Alexis Charitsis, miembro de la dirección de Syriza, sostiene que aunque obtengan la mayoría absoluta en el parlamento “el gobierno de Syriza hará todos los esfuerzos posibles para construir una amplia mayoría política y social con el fin de reforzar el gobierno en contra de las reacciones esperadas del establishment político y económico actual” (Sinpermiso, 4-I-14).

Es el paso previo para poder negociar en condiciones con la Unión. El primer paso que se proponen es detener el deterioro provocado por la austeridad. En realidad, no se trata de una política de corto plazo sino de una verdadera reforma estructural, similar en sus consecuencias de largo plazo a la que tuvieron los ajustes en América Latina. En Grecia esa misma política buscó, exitosamente, “la creación de toda una nueva realidad económica y social donde la degradación del trabajo y del ambiente, la destrucción del Estado de bienestar y la centralización de la producción son concebidas no como una condición provisional atada a la crisis, sino como una nueva ley permanente”, asegura Charitsis.

Quiere decir que la caída del 25 por ciento del Pbi y un desempleo que roza el 30 por ciento fueron los caminos para reestructurar la economía en contra de los trabajadores y el ambiente, para imponer salarios muy bajos y condiciones laborales extremas, haciendo de Grecia un “conejillo de Indias”, dice Charitsis, de lo que les espera a los países del sur de Europa, en particular España e Italia.
En realidad, fue un golpe de timón para asegurar las ganancias del sector financiero, parte central del modelo neoliberal salvaje adoptado en Grecia durante las dos últimas décadas. “Las principales dificultades a las que un gobierno de la izquierda deberá hacer frente son aquellas ligadas a los mecanismos históricos de funcionamiento de la economía griega, tales como su sistema fiscal, su marco institucional, su modo de administración pública”, reflexiona el dirigente de Syriza.

A MODO DE EJEMPLO. Un eventual triunfo de la coalición de izquierdas sería mucho más que un simple cambio de gobierno. Tanto para las autoridades neoliberales y proestadounidenses del continente como para las izquierdas. Los griegos miran a Europa tanto como Europa mira a Grecia. Para las izquierdas es un doble desafío. Rena Dourou, gobernadora por Syriza de la región de Ática, donde vive el 40 por ciento de la población, señala que “Europa necesita una refundación democrática” (El País, 5-I-15).
Suena sencillo, pero la democratización de las instituciones comunes implica descabalgar al poder financiero que las controla. Y esto es más difícil aun porque la coalición se propone que sus propuestas “no violen ninguno de los tratados” de la Unión, como sostiene Varoufakis.

Mientras Merkel advirtió a Grecia en el sentido de que cualquier desliz del libreto establecido conduciría a su salida del área del euro, el presidente socialista francés, François Hollande, reconoció el auge en Europa de “fuerzas de izquierda” e incluso “radicales” contrarias a las medidas de austeridad adoptadas en los últimos años (Publico.es, 5-I-15).

Desde Podemos, en España, se observa con enorme interés lo que está sucediendo en Grecia, toda vez que seguirían un camino similar frente a la austeridad y la deuda, ya que su dirigente Juan Carlos Monedero considera que la política que impulsa Alemania equivale a “una forma sofisticada de esclavitud por deudas” (Eldiario.es, 5-I-15). En tanto, advirtió que la situación dramática por la que atraviesa aquel país puede ser “un espejo de lo que nos puede ocurrir si no reaccionamos”.

Es evidente que las autoridades europeas, tanto las conservadoras como las socialistas, apuestan al fracaso de un eventual gobierno de Syrza. Quizá los segundos tengan más interés en domesticarlos, algo posible pero nada sencillo en Grecia, por la magnitud del desastre social.

Sin embargo, hay una eventualidad que, al parecer, pocos toman en cuenta. El fracaso de las derechas y los socialistas en Grecia puede llevar a los radicales de izquierda al gobierno. Pero si éstos fracasaran, ¿quién los sucederá? Allí están las ultraderechas, a punto de ser mayoría en Francia, agazapadas en Grecia y creciendo en toda Europa, incluso en el norte de tradición socialdemócrata. Los ultras ya gobiernan en Kiev, apoyados por la Casa Blanca, que los utiliza como punta de lanza contra Moscú. Como sucedió en Maidán (plaza de Kiev, epicentro de las protestas), donde los ultras-nazis fueron los artífices del golpe de Estado contra un gobierno electo, están prontos para servir, como seis décadas atrás, a quienes los necesiten para terminar de destruir al movimiento sindical y a las izquierdas europeas. “Una ruptura general del statu quo político”, como proclama Syriza, será inevitable en algún momento. Pero puede venir tanto de la izquierda como de la derecha.

EL FACTOR CHINA. Nada de lo que sucede en el mundo puede comprenderse sin incluir a China. Este país está convirtiendo a Grecia en su puerta de entrada a Europa. El del Pireo es hoy un puerto chino, la punta europea de la nueva Ruta de la Seda. La terminal de carga es operada por la estatal china Cosco, desde que en 2009 se adjudicó la mitad de la operativa por 500 millones de euros. En cinco años triplicó la capacidad de la terminal y en noviembre pasado reforzó su presencia con otros 230 millones (El País, 16-XII-14).

Se calcula que para 2021 los chinos podrán mover más de 7 millones de contenedores en El Pireo, que se convertirá, según la empresa, en el mayor puerto mediterráneo y “uno de los mayores centros de distribución de mercancías del este de Europa”. Algunas empresas que operan en los Balcanes, como Sony, consideran que el control chino de El Pireo asegura movimientos más fluidos de las mercancías, recortando en diez días las rutas anteriores. Hay más. Al gobierno chino le interesa el puerto de Salónica y la red de ferrocarriles griega. En el antiguo aeropuerto de Atenas, vendido en noviembre por 915 millones de euros a una subsidiaria de la china Fosun, se prevé construir un gran complejo residencial, comercial y turístico con la inversión de 8.000 millones de euros.

La rapidez del avance chino en Europa sería impensable sin la crisis que atraviesan algunos países de la región. Una potencia que tiene proyectos estratégicos de larga duración aprovecha cada oportunidad mostrando, por la negativa, la debilidad de un continente que apenas tiene capacidad para contener los incendios que provocan sus erráticas opciones, que alimenta a su principal aliado con la esperanza, vana, de contener a los asiáticos. Un gobierno de Syriza puede ser una nueva oportunidad para ellos.

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