La perla en candombes

Hermano moreno, Mmg, 4691-2, 2016.

Esta grabación1 tuvo una historia accidentada. En 2000 el productor ejecutivo Gustavo Martínez le propuso a Jorge Nasser hacer la producción artística de un disco de Lágrima Ríos, entonces con 75 años. Esa cantante nacida en Durazno en 1924 había empezado a cantar en su adolescencia. Integró el trío de Alberto Mastra, a quien considera su mentor y quien inventó su seudónimo. Terminó asociada sobre todo al tango y al candombe. Viajó haciendo giras por distintos países de América y Europa. Le decían “La Perla Negra del Tango”, y fue quizá la única persona negra que alcanzó notoriedad en el tango.

Pero el disco que produjo Nasser es casi exclusivamente de candombes. Por motivos que no fueron divulgados, quedó inconcluso. Lágrima falleció en 2006 y la grabación se dio por perdida. Hace poco apareció en los archivos de los estudios Ifu un casete multipistas digital (formato Adat) que contenía la mitad de las 16 pistas grabadas de siete canciones. Por suerte, esas pistas contenían lo imprescindible: la voz de Lágrima, los tambores y un contrabajo. Fue fácil terminarlo a partir de ahí, con el agregado de pianos y coros.

El repertorio incluye algún candombe archiconocido (“La llamada”, de Pedro Ferreira), otros que serán familiares para quienes estén mínimamente vinculados con el candombe-canción (“Tamboriles”, de Romeo Gavioli, “Buma buruma”, de Carlos Páez Vilaró, “Silencio”, de Rodolfo Morandi), dos canciones que no nacieron como candombes pero que ya tienen tradición de interpretaciones candomberas (“Adiós mi barrio”, de Soliño y Collazo, y “Carnaval del Uruguay”, del cubano Armando Oréfiche). Hay además un par de joyitas cuyos autores no han sido descubiertos (“Hermano moreno” y “Baila”).2 El repertorio fue complementado con una canción del propio Nasser ya incluida en su disco Nasser dúos, dos canciones producidas por el Pájaro Canzani en París, y un fragmento de una actuación en vivo donde Lágrima engancha dos temas de Alberto Mastra (única excepción no candombera del disco), que extienden el fonograma a una duración mediana de 42 minutos.

El acompañamiento está buenísimo, es totalmente adecuado, y cumple simultáneamente con un total profesionalismo y lo que Nasser llama “una idea de sonido más crudo”. Los tambores tienen mucho destaque en la mezcla –la marca necesaria de un vínculo con la raíz en las llamadas–, y los tamboreros Jorge, Washington y Mario González hacen gala de mucho sabor, se integran de maravilla y tienen mucha noción de acompañamiento. El contrabajo de Cono Castro es también notable. El pianista es el cubano radicado en Uruguay Juan Prada, uno de los mejores del medio: hace unos solos sensacionales, acompaña en forma magistral y contribuye a sintonizar el sonido y el swing del disco con un componente fuertemente caribeño, que actualiza, en espíritu salsero, la fertilización “tropical” del candombe operada por Pedro Ferreira.

Lágrima Ríos siempre tuvo una tendencia a recargar las notas largas con un pronunciado vibrato, lo que en mi opinión endurecía un poco sus interpretaciones. Sin embargo, las excelentes condiciones de este disco ponen en evidencia los buenos motivos de su fama: hay que oír cómo navega sobre el ritmo de los tambores, a veces perfectamente sincronizada, otras veces soltándose y flotando con calculada gracia. Tiene canyengue. Sabe trasmitir un entusiasmo y alegría muy genuinos y contagiosos en los momentos más para arriba. Introduce unas variantes melódicas preciosas y personales (escuchen por ejemplo en “La llamada” su “todo el mundo goza al compás de los cueros”). Y hay un momento especialmente increíble en el fragmento en vivo, cuando introduce su enganchado de Mastra: el guitarrista Daniel Petrucelli va tocando unos arpegiados en la guitarra, y como que ese acompañamiento la induce a hablar “melódicamente”, como en un rapeo lento, lánguido, precioso, que es una de las mejores instancias de “canto hablado” que haya escuchado. Una perla, realmente.

 

  1. Enumero los títulos y los autores porque la acreditación de autorías en el disco está plagada de errores. “Hermano moreno” no es, como dice ahí, la canción homónima y totalmente distinta de Daniel Toro y Ariel Petrocelli.

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