La racional subdivisión de la tierra - Semanario Brecha

La racional subdivisión de la tierra

Jacqueline Gómez Terra, presidenta del Instituto Nacional de Colonización, cree que la política de distribución de tierras la tiene que llevar adelante Colonización. La tierra tiene que estar en manos del Estado para darle a los asalariados rurales y a los sectores más vulnerables la oportunidad de acceder a un recurso muy caro y limitado.

Foto: Manuela Aldabe

—Uno tiene la impresión de que durante la última década el instituto ha tenido dinero para comprar tierra y una conducción convencida de su tarea. Pero después, cuando mira la escala a la que se mueven los negocios agropecuarios, sus exigencias de capital, queda apesadumbrado calculando cómo harán los colonos con sus campos chicos, su limitada capacidad de inversión… en fin, uno se pregunta si no se está prolongando una agonía.

—Te diría que esa es una mirada un tanto urbana y un tanto anclada en el pasado. Con los modelos productivos actuales, 20 hectáreas de horticultura intensiva pueden ser una superficie adecuada. Muchos productores familiares están optando por combinaciones de ganadería y horticultura que dan buenos resultados. Además nosotros tenemos que distribuir unidades productivas que permitan que la gente pueda desarrollar sus proyectos de vida. No se trata de apoyar emprendimientos cuyo objetivo sea acumular riquezas. La realidad es que hoy hay colonos que están entre los mejores productores lecheros, como quien hasta hace poco fuera presidente de la Asociación Nacional de Productores de Leche. La colonia Raúl Sendic tiene niveles de producción de caña de azúcar ejemplares. Tenemos colonos ganaderos que tienen niveles de producción por encima de la media.

—También hay historias de otro tipo…

—Tenemos la realidad de las colonias que tienen muchos años. Una de las prácticas que desde 2005 se han vuelto frecuentes es la recompra de terrenos afectados a la ley. Desde 2005 hasta ahora la tierra sólo se entrega en arrendamiento, pues estamos convencidos de que la política de distribución de tierras la tiene que llevar adelante Colonización y de que la única manera de mantener una política es que la tierra esté en manos del Estado, que éste distribuya el recurso con transparencia y con arreglo a normas que permitan que la gente que cumple con la ley se mantenga de generación en generación, y la que no, que salga, para que puedan entrar los que sí quieren cumplir. En ese marco, una de las decisiones que tomamos ha sido la recompra de las tierras afectadas a la ley. ¿Por qué? Porque entendemos que en algunas colonias, sobre todo en el sur, hay que replanificar, cambiar esa estructura de predios pequeños, ajustarla a los modelos productivos actuales. Muchas veces en Canelones esperamos a juntar varias fracciones, repensamos y de repente unimos dos fracciones en una sola unidad productiva. Pero así también te digo que en algunos lugares del norte tenemos que dividir fracciones. Las había de 700 o mil hectáreas adjudicadas a una persona y, aunque cada campo es distinto, suele suceder que lo que sostenía a una familia sola, reorganizado, puede sostener a seis.

Entonces tenemos que readecuar las colonias a las exigencias técnico-productivas de la realidad de hoy, pero también las tenemos que readecuar a una política de redistribución de la riqueza. El objetivo del instituto es la racional subdivisión de la tierra. Generar el acceso de los asalariados rurales y dar a los sectores más vulnerables del medio rural la oportunidad de acceder a un recurso muy caro y totalmente limitado. Y no sólo entregamos tierra. Cubrimos inversiones como aguadas, alambrado, electricidad.

—¿Qué tipo de explotación se favorece?

—Cada proyecto de campo es distinto, tendrá que ver con las capacidades técnico-productivas de ese predio, con la realidad socioeconómica de ese territorio, a qué se dedica, qué infraestructura tiene, cómo está de caminería y ahí se decide todo. Si va a ser ganadero, si va a ser extensivo, si la adjudicación va a ser individual o grupal o alguna combinación de ambas formas. Hemos hecho experiencias de explotaciones individuales que se combinan con un área colectiva. La colonia Encarnación Benítez (véase nota en página 8) agrupa a seis productores lecheros con predios individuales que andan por las 90 hectáreas. Cada cual maneja sus rodeos y su suelo, pero comparten el tambo y un área común que utilizan para recría o generación de alimentos. A veces el Inc hace acuerdos con organizaciones de productores. La Sociedad de Productores de Leche de San Ramón tiene un campo que es un banco de forraje. La sociedad debe de tener 300 socios y de ese banco son usufructuarios 29, porque son sus socios de menores recursos. La opción por lo colectivo permite ampliar áreas. Es otra manera de realizar el cambio de escala.

—¿Y esta opción viene cobrando fuerza?

—El 62 por ciento de los emprendimientos colectivos que tenemos se generaron de 2010 a 2014. Son sobre todo ganaderos y lecheros. Han cumplido un rol bien importante en la inclusión de los asalariados rurales y de los jóvenes, quienes por lo general no traen un capital que les permita plantearse una salida individual. Pero la combinación de esos capitales escasos con los conocimientos que tienen, incluso con los vínculos que tienen, dan a esos colectivos la potencialidad de generar un proceso de capitalización. Hoy hay 140 emprendimientos colectivos. Más de 2 mil familias. Un montón de gente que está aprendiendo a tomar decisiones en conjunto. Y no es fácil, hay historias de lo más variadas. Lleva tiempo encontrar la manera, pero lo que importa no es el tiempo sino el rumbo.

—Cuando un servicio funciona bien su demanda suele crecer…

—Están entrando casi cinco familias por semana a las tierras del instituto. De las casi 600 mil hectáreas que éste tiene, 97 mil se adquirieron en los últimos diez años y casi 56 mil en la última gestión. Eso es un impacto muy fuerte en el patrimonio del Inc y en la reactivación de la política de distribución de tierras. Todas esas hectáreas fueron pobladas mediante llamados públicos, y estos llamados dieron oportunidad de acceso a la tierra a un montón de gente que a veces no se visualizaba como potencial adjudicataria. Con procesos de selección transparentes la gente se siente segura. Gente que antes ni hacía el esfuerzo porque no tenía a nadie que lo recomendase, hoy se presenta. La demanda es fortísima. En los llamados individuales estamos cubriendo el 16 por ciento de los aspirantes y en los grupales el 30.

—¿Y eso no le hace pensar que lo hecho es poco?

—Parece poco cuando una recuerda que el país tiene 16 millones de hectáreas productivas y el instituto sólo 600 mil. Pero esa cantidad no significa lo mismo cuando se considera que la producción familiar en su conjunto ocupa 2,2 millones de hectáreas. Los 25 mil productores que las trabajan tienen en promedio 89 hectáreas, pero muchos de ellos son también usuarios de campos colectivos del instituto, lo que les ha permitido cambiar la escala y mantener la continuidad de sus proyectos productivos, que son también proyectos de vida. Son más de 20 mil familias poblando un medio rural donde apenas tenemos el 5,3 por ciento de la población, con la importancia que la producción familiar tiene para la soberanía alimentaria. Y tampoco es nada menor la transformación social que las colonias del instituto producen en su entorno. En tierras que eran de los Gallinal, en Florida, ahora está la colonia Reglamento de 1815. Llegó la electricidad, la caminería. En 2 mil hectáreas hay 11 familias haciendo lechería. Superpoblaron la escuela rural. En la colonia Encarnación Benítez (véase nota en página 8) pasa lo mismo. Son seis familias de personas que andan en los 30 años. Gente joven. Con gurises. A eso apostamos para mantener la estructura social agraria con sus redes sociales, con escuelas, con centros de salud. Esa lógica de generar espacios donde todos los ciudadanos de este país puedan disfrutar del conjunto de derechos que las leyes establecen.

—Los años que vienen se anuncian como de recursos relativamente escasos. ¿Será afectada la capacidad de inversión del instituto?

—En este quinquenio vamos a mantener los recursos que teníamos asignados. Hay dos leyes que son las que aseguran a Colonización los ingresos necesarios para la compra de tierras, y lo que acordamos con la Opp y el Mef es ejecutar el cien por ciento de lo que se recaude por estas dos leyes. Nuestra meta es otra vez comprar entre 40 y 60 mil hectáreas. La definición política que ha sostenido este rumbo está completamente vigente.

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Patroncita

“Sólo el 16 por ciento de las titulares de tierras del instituto son mujeres, y eso es una gran injusticia, porque la mayor parte de los emprendimientos seleccionados lo son justamente porque son familiares, porque es el compromiso de toda la familia lo que va a sostener ese proyecto, y está claro que en las tareas rurales tanto hombres como mujeres cumplen roles fundamentales. Por eso en noviembre de 2014 se tomó la resolución de entregar en cotitularidad las tierras que se adjudican. Todas. No importa que las parejas estén formalizadas o no. Y si no te gusta así, bueno, no accederás a las tierras del instituto.”

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