La rosca

Cartes lleva tres años en el poder en Paraguay. Tan multimillonario como cuestionado, acusado de formar parte de una rosca regional dedicada al tráfico de narcóticos, cigarrillos, madera y otros, hasta ahora el mandatario no ha expresado en público la menor preocupación por su caída en picada en los sondeos de opinión.

Horacio Cartes celebró este lunes 15 su tercer año en el poder en Paraguay. Tan multimillonario como cuestionado, acusado de formar parte de una rosca regional dedicada al tráfico de narcóticos, cigarrillos, madera y otros, según un informe de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires que recorrió las redes, hasta ahora el mandatario no ha expresado en público la menor preocupación por su caída en picada en los sondeos de opinión.

Acostumbrado a ganar en distintas actividades, desde la ganadería (dicen que posee más de 20 estancias, todas con pistas de aterrizaje) hasta en política, pasando por el fútbol, fábricas de tabaco y de gaseosas y, últimamente, en empresas de comunicación, Cartes forma parte de ese nuevo conglomerado de capitalistas fuertes que invierten en la carrera política convencidos de que dirigir un Estado no es diferente a gerenciar una de sus empresas. Antes de sus éxitos actuales estuvo brevemente en la cárcel por estafar al Estado en la adquisición de créditos blandos en dólares, que luego revendía al precio de mercado.

Cartes comanda gran parte del Partido Colorado, tras entregar fuertes sumas de dinero en 2010 para hacer elegir a un par de docenas de intendentes en todo el país, y luego comprar dirigentes para que modificaran los estatutos y lo facultaran para postularse a la presidencia, que ganó holgadamente 14 meses después del golpe de Estado parlamentario que el 22 de junio de ese año derrocó a Fernando Lugo. Ese golpe fue precedido por una masacre de 11 campesinos y seis policías, que fue el pretexto para cortar cuatro años de políticas sociales que han desaparecido, imputar a decenas de campesinos y condenar a varios de ellos a largas condenas de cárcel sin prueba alguna.

En lo internacional, el gobierno paraguayo encabeza la cruzada diplomática contra Venezuela, tomando la posta de la Oea, junto a Brasil y Argentina. Pero la conducta del mandatario puertas adentro es el aspecto que más hostilidad provoca entre la mayoría de los ciudadanos, buena parte dentro mismo del Partido Colorado, donde han surgido fisuras provocadas por la intención del presidente de imponer una enmienda constitucional para legalizar la reelección.

Desde que ganó las elecciones de 2013, Cartes se abocó a “fortalecer y expandir el modelo agroexportador, sustentado en la ganadería y el agronegocio para la exportación, liberando nuevas variedades de semillas transgénicas, con permisividad y descontrol en la fumigación tóxica, con abusiva deforestación, y protegiendo las propiedades irregulares en la tenencia de tierra, olvidando impulsar la recuperación de las mismas con mensuras judiciales”, según afirmó esta semana la Sociedad de Economía Política de Paraguay. El crecimiento de la deuda externa, la apertura casi sin límites del país a los capitales extranjeros (las compañías agroexportadoras pagan un impuesto de 0,5 por ciento de la facturación bruta, y se han registrado remesas al exterior por 2.558 millones de dólares), la expulsión de sus chacras de miles de campesinos, la represión con saldo de muertos, han pautado estos tres años de gestión.

 

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