Aquel frustrado estudiante de notariado que, a los 22 años, se encontró comenzando magisterio casi que por contagio de sus amigos del pueblo tendría durante su formación algunas revelaciones que lo acompañarían para siempre. Una fue el encuentro con el libro La enseñanza primaria en el medio rural, del pedagogo montevideano Agustín Ferreiro (1893-1960). Pero hubo otra, menos importante desde lo estrictamente curricular y mucho más intensa al momento de forjar el vínculo del naciente maestro con sus futuros alumnos. Ocurrió en 1949, cuando le asignaron la Escuela 4 de Sierras del Yerbal, muy cerca de la Quebrada de los Cuervos. En el ómnibus que lo llevaba hacia el lugar, el joven maestro mantuvo un diálogo con Prigue, el histórico chofer que hacía aquel recorrido entre las sierras a diario...
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