La última de Lamothe - Brecha digital

La última de Lamothe

Con un acercamiento maduro que respeta la psicología de los personajes, sus inquietudes, su difícil adaptación a un universo nuevo, el atractivo abordaje de “Por un tiempo” parte a desenredar la vida de los implicados que cambiará para siempre.

Por un tiempo. Argentina/Uruguay, 2014

La presencia de Esteban Lamothe en protagónicos está empezando a repetirse en el cine argentino actual. Su duro semblante, su ceñuda seriedad y su parquedad de palabras lo han convertido en un nuevo antihéroe, poniéndolo quizá en un lugar intermedio entre el bajo perfil y la inseguridad característica de los personajes de Daniel Hendler y el magnetismo carismático de los de Darín. Por lo general son personajes de cabeza dura, apáticos y hasta algo explosivos, pero que en su contención dejan entrever dramas internos y paulatinamente van dejando aflorar calidez y sentimientos. El 5 de Talleres, El cerrajero y esta Por un tiempo son películas centradas y de alguna manera sustentadas en su presencia, lo que lleva a que, como ocurre hoy con las de los otros dos actores nombrados, ya pasen a ser informalmente nombradas como “la última de Lamothe”.

Si en las otras dos (y en El estudiante, también) el personaje era un tipo perteneciente a la clase media-baja, aquí tiende más bien a la media-alta: arquitecto de profesión, viviendo desahogadamente junto a su esposa embarazada (Ana Katz, notable) en una casa amplia, e incluso con empleada doméstica. Pero Lamothe sigue siendo Lamothe, y desde el primer momento se lo ubica en el epicentro del conflicto: en una charla en un bar, una mujer y un hombre mayor le pasan una desconcertante noticia. Él es padre de una niña de 12 años (Mora Arenillas) que nunca conoció, y cuya madre se encuentra hospitalizada. Deberá hacerse cargo de su hija, hospedarla y cuidarla “por un tiempo”, como reza el título.1

Con el cuidado necesario, con un acercamiento maduro que respeta la psicología de los personajes, sus inquietudes, su difícil adaptación a un universo nuevo, el atractivo abordaje parte entonces a desenredar esta madeja, proceso en el cual la vida de los implicados cambiará para siempre. La película expone un arduo proceso y se concentra especialmente en las figuras de padre e hija, ambos enfrentados a un cambio radical de esquemas; ella monosilábica y distante, él introspectivo y con dificultades de acercamiento. Como apunte particular, es muy interesante cómo el personaje de Ana Katz, quien en un comienzo es más próxima a la niña y más dada a ofrecerle la contención necesaria, va dejando aflorar los celos a medida que el personaje de Lamothe sigue el camino inverso, conectando mejor con su hija.

Predecible, pequeña, íntima y entrañable, esta película supone el debut como director y guionista del actor Gustavo Garzón, y parecería formar parte de un cine argentino que está ganando espacios; uno vinculado a historias familiares (Choele, Pistas para volver a casa, Los Marziano, o mismo El 5 de Talleres y El cerrajero, entre otros), de narraciones clásicas y despegadas de las vertientes más autorales y minimalistas que suelen caracterizar al cine rioplatense. Es un camino novedoso, y lo vienen haciendo más que bien.

1. Por un tiempo. Argentina/Uruguay, 2014.

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