La vida (y algo más) por el cine – Brecha digital

La vida (y algo más) por el cine

Muchos actores verdaderamente comprometidos con sus trabajos han llegado a hacer cambios físicos extremos y particularmente nocivos para su salud. Christian Bale es lo más parecido a una bola de plasticina humanoide que ha podido verse circular por la gran pantalla: perdió 28 quilos para alcanzar las dimensiones del esquelético personaje de El maquinista, y ganó otros 44 de puro músculo para su protagónico en Batman Inicia; en cambio, para Escándalo americano engordó 20 quilos de grasa pura, prácticamente llegando a la obesidad. Por su parte, la actriz Natalie Portman perdió 12 quilos para su papel como bailarina profesional en El cisne negro, forzando los límites de lo posible para una mujer de un metro con sesenta. Pero más allá de las extremas dietas para adelgazar y engordar –de las que podríamos rellenar un artículo entero enumerando ejemplos–, o de intensas sesiones de gimnasio, también es cierto que los actores han hecho otro tipo de sacrificios físicos para la causa del cinematógrafo. El corte en la nariz que le inflige un pandillero a Jack Nicholson en Chinatown es real y aconteció frente a cámaras. Rooney Mara mandó hacerse una docena de piercings reales para la película de Millenium; la escena de La naranja mecánica en que al protagonista le sujetan los párpados para evitar que pestañee, le ocasionó al actor Malcolm McDowell daños en la córnea y ceguera temporal. En La pasión de Cristo, el actor Jim Caviezel se dislocó un hombro cargando con la cruz  y, durante la escena del sermón de Cristo en el bosque de olivos, ocurrió un verdadero milagro: un rayo le cayó encima.

Y qué decir de las docenas de fracturas y daños irreversibles que sufrió Jackie Chan a lo largo de su carrera; luego de una pirueta específica para la película Police Story, en la que en el medio de un centro comercial tenía que deslizarse descolgándose de una columna ornamentada con luces, el actor acabó electrocutado, con quemaduras y varios dedos fracturados, cortes profundos en el antebrazo, la pelvis dislocada, vértebras rotas y paraplejia temporal. Para el trabajoso rodaje de Armour of God, Jackie debía saltar de una pared hasta un árbol. Pero una de las ramas se rompió, y el actor cayó golpeándose la cabeza contra las rocas que había debajo; los resultados fueron una fractura de cráneo que casi lo mata, y una sordera parcial que le duró toda la vida.

Las declaraciones de Keira Knightley a la publicación británica de modas InStyle refieren a otro tipo de daños. A lo largo de casi veinte años de trabajar en Hollywood, “me he teñido el pelo de todos los colores imaginables para diferentes películas. Me fue tan mal que mi cabello, literalmente, se cayó”. La actriz asegura que, como consecuencia de este destrato, desde hace cinco años viene usando pelucas.

Quienes también han pagado como pocos las consecuencias de rodajes mal encaminados han sido históricamente los animales, y es que durante décadas el cine no contó con reglamentación alguna referida al trato impartido a estos durante las filmaciones. Se cuenta que para las escenas de carreras en Ben-Hur murieron decenas de caballos. Para el rodaje de Jesse James, un caballo fue empujado adrede por una plataforma aceitada, para que acabara despeñándose por un barranco. La puerta del cielo de Michael Cimino fue un escándalo: ahí explotaron  y se desangraron caballos, se destriparon vacas para proveer de intestinos reales a los actores, se decapitó una gallina y hasta se orquestaron peleas de gallos reales. Desde entonces, la American Humane Association (Aha), organización no gubernamental, se encarga de monitorizar el tratamiento de animales durante los rodajes, y de aprobar o denegar la etiqueta tranquilizadora para muchos, que señala que “ningún animal resultó herido durante el rodaje de esta película”. Pero según se ha denunciado, a veces la Aha hace la vista gorda a ciertos sucesos, tapándolos y  cubriendo así a la industria. Para el rodaje de El Hobbit, un entrenador denunció la muerte por deshidratación, ahogamiento y cansancio de al menos 27 animales, pero la conclusión de la asociación fue que “ningún animal había sido perjudicado durante la acción”.

La lista de sacrificios animales en cámara incluye también una vaca prendida fuego para Andrei Rublev, un gato torturado en Sátántangó, un búfalo degollado en Apocalipsis Now, conejos baleados para Las reglas del juego, un caballo empalado por los hierros de un vagón salido de rumbo en Courage. Una de las escenas más increíbles y brutales de Oldboy tiene lugar cuando el protagonista entra a un bar de sushi y le pide al chef “algo vivo para comer”. Luego de que le sirven un pulpo lo engulle, mientras los tentáculos continúan contorneándose y deslizándose por su rostro. No hubo efecto digital alguno para la escena, y el actor Choi Min-sik debió comerse cuatro pulpos uno atrás del otro para lograrla. No fue fácil para él; budista practicante, Choi debió pedir perdón por cada uno de los animales. En un video de detrás de cámaras puede verse al actor disculpándose con uno de ellos antes de que las cámaras empiecen a rodar.

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