Le Corbusier en el rastro – Brecha digital

Le Corbusier en el rastro

Estamos ante un relato que debería valer como referencia obligada para todo aquel que intente una reflexión sobre los acontecimientos que hicieron de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República un escenario de confrontación de ideas y propuestas particularmente dinámico, fermental, y a veces explosivo.

La enigmática ilustración de cubierta y una ojeada rápida a su contenido –casi una investigación detectivesca sobre historias cruzadas de tres arquitectos uruguayos y el azaroso vínculo con su famoso mentor parisino– podrían confundir a un lector apurado, creyendo encontrarse con un texto del estilo de las novelas de Henning Mankell. En rigor, no saldría defraudado, porque aun sin el protagonismo de un Wallander, este riguroso trabajo académico puede llegar a ser igualmente atrapante. “A Charles Eduard Jeanneret, dit Le Corbusier, le hubiera gustado tener y disfrutar del libro de Jorge Nudelman”, dice en el prólogo José María Lapuerta; un disfrute seguramente compartido por quienes se adentren en una investigación “rigurosa, dilatada en el tiempo, profunda y seria”, asumiendo, está claro, las particularidades de todo producto de ese género. Aquí en particular, 465 referencias bibliográficas apuntalan el enfoque profesional del investigador y abren tentadores espacios de profundización del relato matriz, una tentación que conviene controlar para evitar que el tiempo de lectura pueda acercarse al de elaboración de lo que fue una tesis de doctorado defendida con el mayor éxito en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, bajo tutoría del citado Lapuerta.

En definitiva, estamos ante un relato que debería valer como referencia obligada para todo aquel que intente una reflexión sobre los acontecimientos que hicieron de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República un escenario de confrontación de ideas y propuestas particularmente dinámico, fermental, y a veces explosivo. Un escenario que a pesar de su significación disciplinar, social y política –de sus aportes concretos y sus derivas utópicas– estuvo hasta ahora alejado de todo interés historiográfico general. Cosa curiosa, porque es muy fuerte y aleccionadora la correspondencia entre las grandes etapas de su vida interna y el devenir histórico-cultural en que ésta se inserta. El texto de Nudelman no transita este camino, pero abre las puertas para que pueda llegar a concretarse un enfoque interactivo, aunque cuando se aparta de la lógica de su discurso y siente la necesidad de caracterizar un determinado período histórico y la consecuente producción de los arquitectos, el resultado es sorpresivamente reduccionista y simplificador.1

Las sucintas fechas que titulan los 12 capítulos del cuerpo central del libro sirven para articular el relato de modo tal que en cada tramo las referencias se entrecruzan, incorporan otros actores (Antonio Bonet y Eladio Dieste), se ensaya un plano general de ajustada síntesis seguido de un farragoso detalle, o en medio de una secuencia histórica conocida se inserta un documento inédito de efecto removedor, todo sin perder el hilo conductor de una investigación que tiene un objetivo bien preciso: la elaboración de una tesis que “describe y discute la influencia de Le Corbusier en Uruguay a través de una serie de viajes, el primero del propio arquitecto suizo-francés en 1929, y los restantes de los tres arquitectos uruguayos que se integraron a su taller: Carlos Gómez Gavazzo en 1933, Justino Serralta en 1948 y Carlos Clémot en 1949” (pág 11).

El resultado está perfectamente alineado con esa intención. La formidable carga de información que da sustento al trabajo, y el rigor profesional de su manejo, incluyendo el muy rico aporte de textos, dibujos, planos, fotos y anécdotas hasta entonces soslayados o ignorados, marcan un antes y un después en el relato histórico dominante en la Facultad de Arquitectura (o en sus aproximaciones informales, mitos diversos incluidos). Especial mención merecen el seguimiento del pensamiento y la obra de Carlos Gómez Gavazzo –aunque al autor le sorprenda su sentida reivindicación del maestro Carré–, la comparación de su propuesta con la de Bonet, en Solanas, y el fruto del meticuloso trabajo de volver a la luz, ordenar y sistematizar la profusa documentación sobre la obra de Serralta y Clémot que durante 30 años estuvo bien guardada. Aquí con la muy apreciable consecuencia de poner el foco en el vínculo interactivo de los jóvenes “serraltianos” con el estudio vecino de Dieste y Montañez.

Todo para celebrar, entonces, sin necesidad de asignar al trabajo la condición de “no discutible” –como propone Lapuerta en el prólogo ya citado–, cosa que ninguna investigación reivindicaría como un mérito. Basta con lo tangible de las ediciones publicadas –una, la original, en formato digital; otra, la actual, el libro comentado– para valorar alto el trabajo de Nudelman, y sobre esa sólida base augurar nuevas investigaciones que lo complementen y desarrollen, abordando cuestiones que aún están requiriendo nuevos enfoques (el papel de Carré, el de Mauricio Cravotto –estudios siempre postergados–, los estudiantes del 52 y la herencia iconoclasta de la “generación del 45”, o la deriva filosófica del pensamiento radical de los años sesenta). En ese contexto, el futuro luce seductor. La obra comentada ya lo prefigura.

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