Lo que va de ayer a hoy

Un par de estrenos de autor nacional posan la atención sobre hechos del pasado de los protagonistas que, de alguna manera, influyen sobre lo que éstos tratan de hacer ahora con sus vidas.

Lepidóptera

Lepidóptera (Solís, sala Delmira Agustini), de Ana Pañella, dirigida por Omar Bouhid y la propia Pañella, es un unipersonal a lo largo del cual Pañella compone a una bióloga en tren de preparar un trabajo con el fin de pasar una difícil prueba profesional en la que tendrá de competidor a su ex marido. Mientras graba lo que tiene que decir sobre distintos aspectos de la prueba en ciernes, atiende la computadora y un par de llamadas telefónicas distraen su atención, la mujer no deja de reflexionar sobre los últimos diez años de su vida, sin descontar, claro está, los que precedieron esa etapa que, al parecer, no ha sido muy buena. Por ahí afloran referencias a la separación matrimonial, la relación con su hija, la soledad y la amenaza de una enfermedad. Todo se sobrepone en medio de una tarea que, en definitiva, disfruta, al tiempo que se permite pensar que quizás algo bueno se avecina en los siguientes tramos de la compleja –y tan breve– existencia que a todos les toca vivir. Una puesta en escena donde los objetos –computadora con gran pantalla, grabador, teléfono, contestador– juegan un importante papel en el gran espacio por el que Pañella se desplaza, se sienta, se recuesta, mira a una de sus plantas y, por cierto, habla consigo misma, ventilan un asunto en el que se adivinan rasgos autobiográficos que van más allá de las listas de puntos que la hacen feliz o le disgustan, que la científica anota y se adivinan como motivadores de algunas de sus actitudes. Una visión esperanzada de lo que le sucede y, claro está, de lo que le podrá suceder domina las idas y venidas de esta protagonista que se confiesa. El probable exceso de optimismo que el texto por momentos irradia se disimula con la soltura, la gracia, la entrega y la sinceridad que Pañella destila sin esfuerzo a la vista y que Bouhid –en bienvenido regreso a la actividad teatral– controla con la confianza del caso.

Yesterday (Espacio Teatro), escrita y dirigida por Franklin Rodríguez, propone una peculiar despedida de soltero en la que dos viejos amigos pretenden “divertir” al contrayente con la visita sorpresiva de una prostituta. Como era de esperar, las cosas no ruedan de la manera pensada y la velada trae consigo un intercambio de confidencias y reflexiones acerca de lo que la vida ha traído a cada uno de los componentes del trío, al que se agrega lo que la visitante llega a aportar de manera bastante intempestiva. Un tono de comedia desfachatada domina buena parte del transcurso del encuentro, circunstancia que el autor y director aprovecha para definir los personajes que Fernando Canto, Luis Puime y Álvaro Lamas sacan adelante con naturalidad y desenvoltura, más allá de algunas forzadas vueltas de tuerca de un texto que abusa de las coincidencias y acumula referencias a los tiempos que corren y a los que corrieron que la lógica indicaría reducir. Los escollos mencionados rebajan entonces la verosimilitud y agregan un toque de artificio a esta mirada sobre la amistad y el paso del tiempo que prometía otras honduras.

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