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Los pasos a seguir

El 11 por ciento de los niños y adolescentes que viven en centros del INAU han pasado casi toda su vida internados. Sólo el 20 por ciento cuenta con acompañamiento profesional que los prepara para una vida autónoma. Estos programas sólo funcionan en Montevideo. Miedos, incertidumbre, baja escolarización y escasas posibilidades laborales. ¿Qué golpe produce salir de repente al afuera, sin familia, sin apoyo, sin autonomía progresiva?

Foto: Pedro Pandolfo, Archivo

Las altas cifras de institucionalización de niños y adolescentes en el sistema de protección del Inau –en centros o residencias que solemos llamar “hogares” de amparo– han sido objeto de llamadas de atención fuertes por parte de organizaciones de derechos humanos y organismos como el Comité de los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas.

Actualmente 5.385 niños, niñas y adolescentes (Nna) no viven con sus familias de origen, sino en distintas alternativas del sistema de protección: 74 por ciento se encuentran en centros; el 26 por ciento restante en modalidades externas, como el “acogimiento familiar”.

Oriundos o derivados de otros puntos del país, la mitad de los adolescentes está en centros de Montevideo; el resto se encuentra mayormente en Salto, Canelones, Paysandú, Cerro Largo...

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