Madurez y comunión - Semanario Brecha
Niña Lobo en el Museo del Carnaval

Madurez y comunión

A finales de octubre de 2025, la banda uruguaya Niña Lobo sorprendió con Montevideo despierta,* su segundo álbum, un trabajo que acusa la madurez conquistada y que será oficialmente presentado el sábado 16 de mayo, en la Sala del Museo del Carnaval.

La esencia de la banda se mantiene intacta: pop rock melódico, guiños a músicas de fines de los noventa y comienzos de siglo, y un espíritu sensible e inocente –nunca ingenuo–, que arrastra una gran carga de melancolía. Un trabajo atravesado por preguntas sobre la idea de crecer y sobre el paso del tiempo, desde una mirada clara y honesta, que lleva la marca de un importante salto a la madurez.

El primer impacto es la portada: tras varios lanzamientos con dibujos y animaciones que guiñaban a la niñez y la adolescencia, ahora comparecen las cinco integrantes de la banda, en un bar, posiblemente mirando a un televisor. Si bien la música de Niña Lobo siempre jugó con atmósferas que remiten a lo espacialmente grande y a cierta clase de fantasía, en este disco eso logra su mayor potencia. Es una sonoridad intensa y grandilocuente, de cambios fuertes y matices dinámicos, incluso tajantes o abruptos. Al comienzo, el disco tiene una sonoridad cristalina, de cierto dejo ensoñado; más tarde, se vuelve efusivo y persuade como un torbellino. Un despertar esperanzador, pero, a su vez, colmado de dudas y cuestionamientos. De a poco, van asomando las aristas más pasionales del álbum: guitarras arpegiadas y cristalinas unas veces, o estridentes y melódicas otras, algo que recuerda a las presentaciones musicales de las series de animé. El disco también incluye teclados con arpegios veloces y sonoridades penetrantes, así como momentos etéreos que ayudan a levantar una cierta espacialidad. Hay bajos que marcan el tempo cual metrónomo y baterías que juegan de manera muy fina entre el beat superajustado y la soltura swinguera. Y todo sembrado de detalles que otorgan cierto arco narrativo al ritmo. Las voces oscilan entre la ternura y lo rasposo, pero siempre con una entonación y proyección amable (es como si tomaran de la mano al escucha).

Con pocos temas ya se alcanza a calibrar la madurez que habita este disco, manifestada especialmente en la interpretación instrumental: es que las cinco integrantes de la banda –Camila Rodríguez en guitarra y voz; Camila Bustillo en guitarra y voz; Isabel Palomeque en bajo; Andrea Pérez en teclados y voz; Cecilia Simón en batería– son, sin lugar a dudas, de las instrumentistas más finas del rock uruguayo actual.

Hay un momento en que el disco muestra su lado más melancólico o al desnudo: el misterio en ciertas baladas acústicas o la sensación de soledad absoluta con que un piano y una voz al natural acompañan estos versos: «Solo voy/ a mirar/ tu reflejo/ marcha atrás/ y es que así/ puedo ver/ todo lo bueno/ que dejaste acá». Y es que el disco parece tensarse entre la promesa de la aventura y la hostilidad que encierra el deber ser. Camila Rodríguez dice a Brecha que «si hay algo de hostilidad en la adultez, la forma que tenemos de abordarla en nuestras canciones implica transformarla en algo tangible. Poniéndola en palabras, en melodías, en historias colectivas e individuales, la conjuramos y la hacemos parte del lente con el cual percibimos el mundo y nos autopercibimos. No creo que se trate de una resistencia hacia las dificultades del mundo adulto. Es más bien una necesidad de ver esa resistencia, de mirar a esa hostilidad de frente y, por ende, de aceptarla o de andar, al menos, en vías de ello».

Niña Lobo es una banda alerta, consciente de sus propios procesos y que ha decidido atravesarlos en comunión, conservando aquello que muchos pierden en el camino y dispuestas a recobrarlo si en algún momento se pierde.

*Disponible en Bandcamp, YouTube y Spotify.↩︎

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