Mal día para viajar

La crisis en Raincoop se agudizó a fines del año pasado. El Brou cerró la cuenta de la empresa y le retiró la posibilidad de sobregirarse; los trabajadores pararon y los ómnibus rotos empezaron a hacer fila en el taller. Los cooperativistas descartaron dos opciones de fusión y apostaron a un cambio de pisada de la mano de una asesora casi desconocida.

Foto: Juanjo Castell

Después de pasar los talleres de la Compañía Oriental de Transporte (Cot) en la calle Ramón Castriz, y de quedar con los ojos bien despiertos por el amarillo de las unidades de Ucot que, un poco más allá, hacen fila en sus instalaciones, se llega al predio de Raincoop. El olor a aceite se siente antes de ingresar a los galpones, a los que todos los días entran al menos cinco coches necesitados de reparaciones. En los talleres, donde se iniciaron los conflictos fuertes en noviembre, las pulidoras tapan por momentos lo que cantan en la radio, mientras los mecánicos suben y bajan a las fosas intentando descubrir qué les pasa a los motores. “Hoy estamos trabajando más que nunca, el taller está haciendo un esfuerzo muy grande, tenemos muchos menos repuestos en stock. Cuando llega un coche hay que evaluar bien los costos porque los repuestos son muy caros, y mientras se hacen los arreglos la unidad se queda parada acá, esperando”, cuenta Carlos Colla, mecánico de la cooperativa.

Los problemas en la estructura de trabajo llevan años en Raincoop, pero la crisis se instaló a fines del año pasado cuando el Banco de la República (Brou) retiró la posibilidad de sobregiro que mes a mes otorgaba a la cooperativa y que, sin embargo, sigue entregando a otras empresas de transporte. Además el banco cerró la cuenta que Raincoop tenía en la institución, y la compañía se quedó sin la posibilidad de emitir cheques a sus acreedores. Sin el préstamo del Brou la empresa no logró comprar los repuestos necesarios para reparar las unidades: la semana pasada 25 coches no pudieron salir. Tampoco se pudo pagar a los trabajadores en fecha. Actualmente a todos se les debe el primer salario del año, parte del sueldo de diciembre y el aguinaldo, reconoció Adrián Laín, tesorero de la cooperativa. El martes 2 en el Ministerio de Trabajo los trabajadores aceptaron la propuesta de la empresa de pagar el aguinaldo en dos cuotas y cobrar porcentajes de los salarios adeudados.

Antes de esto “nosotros nunca nos atrasamos en ningún pago, siempre pagamos en fecha”, explica Ruben Reina, jefe general de talleres. Reina no entiende “por qué el banco le retiró el sobregiro a Raincoop y no a las otras empresas”, y dice que desde el Brou no se les ha dado una respuesta clara. El jefe general de talleres es trabajador y socio, y fue integrante de la directiva durante algunos períodos. Saluda a sus compañeros por el apellido y escucha con tranquilidad los detalles de la rotura de una unidad, para después decir: “Acá somos todos iguales: trabajadores y socios. Aunque no estamos de acuerdo con algunas medidas de los trabajadores, entendemos que sus reclamos son legítimos”. Los empleados son cerca de 50 y en su mayoría son mecánicos, han realizado distintos paros reclamando que sus salarios se paguen en fecha.

PROPUESTA PROPIA. Cuando en noviembre del año pasado parecía que Raincoop cerraba y pasaba a la historia se manejaron dos posibles soluciones. La Intendencia junto a las demás empresas y cooperativas de transporte propusieron que las líneas de Raincoop fueran absorbidas por separado por las restantes compañías, o que de manera integral se fusionaran con Coetc y Ucot. Ninguna de estas dos ideas fue aceptada. Según explicaron distintos socios de Raincoop, la negativa se basó en que ambas propuestas dejaban fuera a más de 100 trabajadores, y además los integrantes de la cooperativa no querían perder la identidad que Raincoop tiene formada; en algunos casos hay guardas que son la tercera generación de una familia trabajando en la empresa.

Con las ideas del gobierno descartadas, los socios optaron por una tercera posibilidad. En la asamblea del 20 de diciembre votaron seguir trabajando como estaban, pero apuntando a una gran reestructura. Este cambio llegó de la mano de una asesora, Lourdes Carbajal, quien actualmente trabaja con la junta directiva de la cooperativa. Aquel día los cooperativistas votaron un plan de gestión que incluía una inyección económica; entre los puntos aprobados estaba el fideicomiso de garantía y negociaciones con el Bndes.

“Raincoop estaba en una situación muy difícil y aparece esta señora asegurando que tenía inversores. La gente votó aceptando su propuesta, porque dijo que en 20 días estaba pronto” el dinero necesario, relató Reina. Carbajal por su parte asegura que nunca planteó la posibilidad de traer inversores por fuera del rubro del transporte. Quienes se acercaron, señaló la asesora, fueron “los proveedores –que son acreedores–, que planteaban que no querían que la empresa se cerrara, y para ello estaban dispuestos a invertir y seguirle vendiendo a la cooperativa”.

En los talleres los trabajadores tienen una duda recurrente: “Nosotros nos preguntamos: ¿quién es Lourdes Carbajal?”, dice Reina, y también contó que en una asamblea Carbajal aclaró que ella y su grupo iban a trabajar de modo honorario, aspecto que se está cumpliendo. “Pero el famoso fideicomiso de un millón y medio de dólares nunca apareció.”

Carbajal es egresada de la carrera de teología de la Universidad Javeriana de Bogotá, integra el Centro Martin Luther King en Uruguay y trabaja en el Centro de Comerciantes de Neumáticos del Uruguay (Ceconeu). Según explicó, y confirmaron integrantes de la cooperativa, su primer acercamiento a Raincoop fue por un trabajo del Ceconeu para el reciclado de cubiertas. El equipo que gestiona en esa institución “se plantea un modelo de trabajo que logre cambiar la competencia por la cooperación. Otras empresas nos han pedido ayuda y nosotros la brindamos”, dijo a Brecha la nueva asesora para argumentar su arribo a Raincoop. “Ellos nos pidieron un plan de negocios para tener una alternativa a la fusión que presentó la Intendencia.” A los socios les explicaron que no se podía hacer un plan de negocios en tan poco tiempo, que sólo se podía realizar un diagnóstico de la situación de la empresa, y además dejaron en claro que la propuesta que presentaba la Intendencia estaba muy bien elaborada.

SEGUIR RODANDO. En los tallares de la cooperativa de transporte, que funciona como tal desde el año 1975, se trabaja las 24 horas en cuatro turnos. Los operarios cambian cubiertas, hacen chapa y pintura, alineación y todos los ajustes de motor, excepto rectificaciones. Los incumplimientos salariales pesan, y a pesar de que “hay voluntad de trabajar, todo tiene un límite: hay que pagar alquiler, luz, todos tenemos una familia que mantener”, dice Reina.

El silencio del taller se desvanece con el encendido de los motores. Para el jefe de talleres y para Colla el ambiente de trabajo es otro desde que la crisis se instaló. “La gente anda nerviosa, en las fiestas algunos no tenían ni para comer. Ahora muchos te llaman y te avisan que no pueden venir a trabajar porque no tiene ni para un refuerzo”, dice el primero, y asegura que están apostando a que la empresa salga a flote, que se ahorra en todo porque “nosotros queremos que funcione, no importa si como cooperativa o como empresa. Estamos evaluando y reparando los coches, y vamos a continuar así hasta que se termine la última gota de gasoil”. Actualmente son casi 600 las personas que trabajan de modo directo en la cooperativa, y en muchos casos los dos integrantes de una pareja lo hacen.

LAS RUTAS CORTADAS. Cuando la crisis hizo parada en Raincoop el problema se vio en dos puntos claros: el incumplimiento del pago en fecha a los empleados y la falta de liquidez para comprar los repuestos necesarios para los coches. Ambos problemas son la manifestación de errores de gestión, que a su vez desencadenaron una serie de complicaciones: los buses averiados se acumulan en los talleres, los empleados realizaron paros, algunas líneas no cumplieron sus horarios, y para intentar cumplir con los tiempos los choferes casi no tienen tiempo de espera entre la llegada y la salida.

Como la empresa no tiene todos los coches en funcionamiento se producen atrasos en los horarios de las líneas. Los ómnibus que no salen, o que lo hacen en un horario que no es el establecido, son multados por la Intendencia. El director de Tránsito, Máximo Oleaurre, dijo que el faltante de buses no es un problema ahora, porque en verano siempre disminuyen las frecuencias, pero que cuando venga la época de clases y del regreso de la gente que está de vacaciones, la situación será más complicada. “Estamos multando a todas las empresas, todas tienen faltantes, y eso se multa permanentemente.” El jerarca municipal detalló que las multas son graduales y que lo más grave es que falte un servicio. Puede haber retrasos, y en eso son elásticos, “porque las demoras se pueden dar por un choque o por problemas en el tránsito”.

Raincoop tiene 25 coches parados, de un total de 152. Lo normal sería que hubiera seis o siete en el taller, con roturas grandes o por mantenimientos de rutina, pero en esta época de crisis han llegado a tener cerca de 50 ómnibus detenidos. Aun con esta limitante la empresa tiene que atender ocho líneas urbanas y dos suburbanas. Algunas son más rentables que otras, porque además de vender más boletos por quilómetro, el buen estado de las calles por las que circulan las unidades hace que los ómnibus tengan menos roturas.

RENTABLES. La rentabilidad de Raincoop nunca se puso en discusión, y según opinó Carbajal el problema es la gestión. La nueva gerenciadora diferencia lo que puede ser el trabajo de una empresa con el de una cooperativa: “Una cosa es que vos seas un profesional formado y que te paguen por ser gerente; y otra es que seas chofer y un día te voten tus compañeros y tengas que transformarte en economista o abogado”. En este sentido dijo que en el transporte se “juega el mismo juego con distintas condiciones, y esto termina afectando a todo el sistema. Me conmueve la idea de Salgado de querer recuperar a Raincoop, pero claro, ellos tiene el dinero y los créditos que nosotros no tenemos”.

El interés que tiene el presidente de Cutcsa en administrar algunas de las líneas de Raincoop es público, y para Carbajal eso demuestra la rentabilidad de la compañía. Un ex director de Tránsito de la Intendencia dijo a Brecha que hay algunos recorridos de las cooperativas que compiten directamente con Cutcsa, como es el caso de la línea 14 con el 121. Pero son varias las ocasiones en que dos o tres líneas urbanas hacen casi los mismos recorridos y, para peor, en su mayoría pasan a la misma hora, aspecto que todavía no se ha remediado (véase Brecha, 9-X-15).

Aún no se ve un camino claro para que la empresa pueda retomar su labor normal. El domingo 24 de enero se realizó una asamblea, donde la nueva gerenciadora y el directorio de la empresa presentaron a todos los socios y trabajadores tres nuevas propuestas: vender dos predios que tiene la cooperativa, reafirmar al equipo asesor en sus cargos, y autorizar la prenda de las unidades que están a nombre del Bndes. Estas medidas buscan mejorar el funcionamiento, para conseguir nuevamente el sobregiro del Brou o encontrar otros mecanismos que permitan una inyección de capital. Con el equipo reafirmado en sus cargos se trabaja ahora en un fideicomiso de garantía por 1,1 millones de dólares. “Nosotros nos estamos reuniendo con los proveedores para que formen parte del fideicomiso. Además estamos trabajando en una reestructura de la empresa que convenza al Brou de reconsiderar su postura y abrir la cuenta.”

Las medidas que se propusieron fueron aprobadas por ma-yoría en la asamblea, pero según contó Luis Vespa, dirigente sindical de Raincoop y de la Unott, “son todas propuestas que están en el aire. Nosotros no estamos de acuerdo con lo que proponía la Intendencia, tenía muchas cosas para cambiar, pero era algo serio”. Reconoció que son muchos los socios que aprueban a Carbajal, pero agregó que no hay que olvidar que “la gente está desesperada, votan cualquier cosa, porque en realidad dejaron ahora todo el proceso en manos de estas personas”.

Hace más de diez años que Vespa es socio de la empresa, y dice que “las medidas tienen que ser concretas. Nunca estuve de acuerdo con esta señora, no es seria la propuesta de ella, no tiene consistencia. Dijo que tenía un inversor, ahora es un fideicomiso”.

Los recorridos se cumplen con menos unidades, la empresa hasta el momento se mantiene con el dinero de los boletos y ha refinanciado las deudas que mantiene con sus acreedores. “La gente no tiene para co-mer, se están yendo al Clea-
ring porque no pueden pagar ni el mínimo de la tarjeta. Está jodido, Raincoop no puede hacer cambios de aceite ni de filtros, porque no hay dinero para eso. No entendemos cómo va hacer para revertir esta situación”
, cuenta Reina, que al cierre de esta edición y movido por las discrepancias que sostiene con la directiva y el grupo asesor solicitó licencia en su puesto de jefe general de talleres, al que llegó votado por la asamblea, y volverá a su cargo de chofer.

Para Carbajal no hay problemas graves ahora, ya que “todo sigue igual, con los cambios previstos”. En los talleres hay movimiento, las conversaciones se cortan cuando llega otro de los mecánicos y le explica a su compañero el trabajo que queda por hacer en un motor: “Es como digo, ojalá se alineen todos los planetas y nos devuelvan el sobregiro o salga otra solución”, afirma Reina.

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