Marea roja – Brecha digital

Marea roja

Una interminable oleada roja de decenas de millones de cangrejos toma la ciudad y las rutas y se traslada desde el bosque hasta la costa: los primeros habitantes de esta isla no calcularon bien ese fenómeno y construyeron la ciudad justo en el medio de la ruta migratoria los estos especímenes.

El cangrejo rojo (Gecarcoidea natalis) es un crustáceo de gran tamaño (su caparazón mide cerca de diez centímetros) específico de la Isla de Navidad. El territorio de la isla es de apenas 135 quilómetros cuadrados, cuenta con 1.500 habitantes y se encuentra ubicada a 1.500 quilómetros al noroeste de Australia.

Alrededor de 120 millones de ejemplares del cangrejo rojo ocupan la selva tropical; durante la mayor parte del año pasan escondidos en madrigueras bajo la tierra, a cubierto de los rayos solares. Allí obtienen su alimento entre las hojas caídas, semillas, frutas y flores, reciclando nutrientes, recomponiendo la flora autóctona. Pero en octubre o noviembre, con la temporada de lluvias, tiene lugar uno de los fenómenos naturales más vistosos del mundo. Una interminable oleada roja de decenas de millones de especímenes toma la ciudad y las rutas y se traslada desde el bosque hasta la costa, para copular y desovar. Los primeros habitantes de la isla no calcularon bien ese fenómeno y construyeron la ciudad justo en el medio de la ruta migratoria de los cangrejos. Así es que repentinamente los crustáceos invaden las casas, los edificios públicos, las escuelas, los hospitales y la vida cotidiana de los lugareños, cruzan las carreteras y las vías ferroviarias hasta llegar finalmente a los irregulares acantilados de la costa.

Durante esas semanas de ida y vuelta de los animales, la población local no puede evitar estar pendiente del fenómeno, y lo más interesante es cómo se ha contribuido para que esta migración sea efectiva: durante la época es común ver a la población con cubos y palas, trasladando los cangrejos a lugares seguros, se han construido especialmente túneles subterráneos, hay cierres temporales de caminos y carreteras con carteles que rezan: “Paso cerrado, migración de cangrejos rojos, no está permitido el acceso con vehículos más allá de este punto”, y hasta “cangrepuentes” para cangrejos que pasan por encima de las carreteras. Los locales aseguran que durante esos días es mejor trasladarse a pie o en bicicleta, porque son tantos los caminos cerrados que conducir se vuelve una gran complicación.

Cuando unas semanas después de iniciado el fenómeno los cangrejos retornan a la selva, el espectáculo se vuelve aun más llamativo, y la invasión quizá más desagradable; esta vez van acompañados de diminutas crías.

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