De las plazas al Parlamento Europeo
La irrupción de Podemos muestra que la potencia disruptiva del movimiento de los “indignados” y del 15M está lejos de haberse disipado. Más allá de los fundados temores de que esa energía sea reabsorbida por el sistema político, las furibundas reacciones de los viejos políticos justifican la alegría de calles y plazas. “En año y medio estaremos listos para gobernar”, adelanta Pablo Iglesias Turrión, el mediático líder de la más reciente y exitosa formación electoral española. La agrupación se formó a mediados de enero, en mayo se estrenó en las elecciones europeas dando el campanazo (1,25 millones de votos y cinco eurodiputados), a la par de la experimentada Izquierda Unida, y en 18 meses más estaría preparada para ingresar en el Palacio de La Moncloa. Demasiado rápido.
Sin embargo, después de cinco años de fuerte crisis económica sin que se adivine el final del túnel, el sistema político comienza a resentirse. Las masivas movilizaciones, las acampadas de los “indignados” y el movimiento 15M no consiguieron inmutar a los dos grandes partidos: el conservador Partido Popular (pp) y el “progresista” Partido Socialista Obrero Español (psoe). Luego, la escalada independentista en Cataluña, expresión regional de la crisis, está siendo taponeada con argumentos legalistas para impedir el referéndum anunciado para noviembre. Sin embargo, el resultado electoral no puede ser ocultado ni escamoteado, más aun cuando los partidos que enhebraron un casi perfecto bipartidismo desde la muerte de Franco, hace casi cuatro décadas, dan muestras de serio desgaste.
Aunque es muy probable que el sistema político consiga, con el tiempo, suavizar las aristas más renovadoras de Podemos –por la vía de la institucionalización de sus dirigentes y sus prácticas más novedosas–, deberá ofrecer a sus bases lo que la crisis económica y las políticas de austeridad les vienen negando: una sustancial mejora en los niveles de empleo, en los salarios y en las prestaciones sociales.
En efecto, el Barómetro Social de España, un equipo independiente de investigadores sociales que analiza 185 indicadores sociales basándose en fuentes oficiales, concluyó que “en 2012 se ha producido un retroceso significativo en las condiciones de vida, de un nivel desconocido en la serie estadística iniciada en 1994” (barometrosocial.es, 5-II-14). La tasa de ocupación, que en 2007 era del 54 por ciento de la población activa, cayó en 2013 al 43,9 por ciento. Los pocos empleos que se crean son a jornada parcial y por cuenta propia, sin las garantías sociales que tenían antes de la crisis y con salarios sensiblemente inferiores.
La clave de los resultados de las elecciones europeas gira en torno al desmantelamiento del Estado de bienestar que había sido trabajosamente erigido desde la instalación de la democracia posfranquista.
EL FIN DEL BIPARTIDISMO. Los simples datos cuantitativos son impresionantes. La abstención en estas elecciones rozó el 55 por ciento, un porcentaje similar al de las europeas de 2009, con las que deben ser comparadas. Pero en aquella oportunidad el pp consiguió el 43 por ciento de los votos y el psoe el 39 por ciento. Juntos superaban holgadamente el 80 por ciento.
El 15 de mayo los dos partidos se desfondaron. Perdieron más de 30 puntos y no alcanzaron al 50 por ciento. El pp sacó el 26, pero el psoe sólo el 23 por ciento, no pudiendo capitalizar el costo político que paga la derecha por ser gobierno durante la peor crisis económica en décadas. De obtener 47 de los 54 escaños en juego en 2009, ahora consiguen sólo 30.
De los 24 escaños restantes, debe destacarse el crecimiento de Izquierda Unida, que logró seis diputados, y sobre todo la irrupción de Podemos, que llegó a cinco con el 8 por ciento de los votos totales (1.239.000 sufragios), siendo la tercera fuerza política en Madrid, Asturias, Cantabria y Aragón. Jaime Pastor, dirigente de Izquierda Anticapitalista, una de las fuerzas articuladoras de Podemos, sostiene que “se trata de algo iné-dito en la historia electoral española, ya que en apenas cinco meses esta candidatura ha logrado generar una enorme ilusión en muy distintos sectores sociales afectados por la crisis” (Viento Sur, 26-V-14).
Además de la impresionante irrupción de Podemos, las elecciones muestran otros sacudones. En Cataluña, Esquerra Republicana supera por primera vez a la gobernante Convergencia i Unió, la fuerza moderada hegemónica en esa región. Lo más significativo es el agudo descenso del psc (el psoe catalán), que pasa del 36 al 14 por ciento, mostrando señales de clara descomposición. Sin duda la corriente independentista sigue afirmándose en Cataluña, y tiende a barrer con las opciones intermedias como la que representan los socialistas. El independentismo alcanzó el 55 por ciento frente al 30 por ciento de los partidos que se oponen a esa opción.
En el País Vasco, el nacionalismo independentista triunfa en Guipúzcoa y Álava, sigue cerca del nacionalismo moderado del pnv en Vizcaya y crece en Navarra, donde desplaza al psoe y se acerca al Partido Popular. En las autonomías el papel de Podemos fue discreto, pero el terremoto electoral de las europeas se sintió de modo distinto al resto de la península.
Izquierda Unida (la izquierda histórica formada por el Partido Comunista) también tuvo un crecimiento importante, pasando del 4 al 10 por ciento y llegando a 1.555.000 votos. En todo caso, creció mucho menos de lo esperado, ya que buena parte de los votos que debería haber canalizado fueron a parar a Podemos, quizá por estar más sintonizado con las protestas sociales contra la crisis y la austeridad.
LA FUERZA DE LAS PLAZAS. Como señala Pastor, Podemos se ha convertido en el “principal catalizador de la indignación popular que en los últimos años se ha ido expresando frente a una ‘casta política’ corrupta al servicio de la troika y de Merkel”. La nueva fuerza es, por un lado, heredera de la amplia movilización social que comenzó el 15 de marzo de 2011 (15M) y que tuvo uno de los epicentros en la Puerta del Sol, donde una prolongada y multitudinaria acampada estremeció el panorama político español.
Luego de tres años de crisis, el 15M fue la primera expresión de amplios sectores de la sociedad –en particular jóvenes– que apuntó hacia modos de hacer política diferentes a los tradicionales. Las consignas “No somos marionetas en manos de políticos y banqueros” y “Democracia real ¡ya!” sintetizaron un sentimiento ampliamente extendido. La movilización permanente de los “indignados” llevó a que se formaran más de cien asambleas barriales en Madrid y unas 450 en todo el Estado, sobre todo luego de que se levantaran las acampadas que duraron casi un mes, tanto en Madrid como en Barcelona.
El movimiento fue mutando, se desgranó en parte, pero la indignación siguió viva. Durante la crisis fueron naciendo nuevas plataformas de acción y de difusión. Entre ellas destacan Eldiario.es y Publico.es; éste existió como diario impreso y, cuando cerró, la página web se convirtió en una de las más visitadas, superando a muchos medios tradicionales.
Si bien desaparecieron las grandes movilizaciones, se incrementaron las movidas sectoriales. Una de las más conocidas es la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (pah), creada hacia 2009 y autodefinida como “un movimiento horizontal, no violento, asambleario y apartidista”, que convocó a una multiplicidad de acciones: desde la recolección de 1,4 millones de firmas para proponer una iniciativa legislativa popular sobre vivienda, hasta escraches, sentadas, acciones de desobediencia civil para evitar de-salojos.
La pah ha paralizado 1.135 desahucios y su obra social ha realojado a 1.180 personas, muchas de ellas en edificios abandonados que fueron ocupados. Es uno de los movimientos más exitosos y mejor organizados. Ada Colau, la cara visible de la pah, propone cuatro formas de acción: “Romper por abajo”, o sea encarar una campaña para “convertir el rodillo de la mayoría absoluta del Partido Popular en un gigante con pies de barro”, proponiendo a municipios y comunidades autónomas resoluciones que van a contrapelo de la política del gobierno.
En segundo lugar, masificar la desobediencia civil, lo que les ha permitido “recuperar” 20 edificios en los que realojaron a más de mil sin techo. En tercero, acabar con la impunidad, con consignas como “Juicio y castigo”, o escrache cuando no hay justicia. La cuarta consiste en “la construcción y el fomento de alternativas ya existentes, como el alquiler social y las cooperativas, la banca ética, las empresas de la economía social, y tantas otras que están demostrando que hay un mundo nuevo que empuja por nacer” (Eldiario.es, 21-II-14).
Habría que mencionar además las “mareas”. La Marea Blanca, de los trabajadores de la salud, logró impedir la privatización en la comunidad de Madrid, luego de tres años de huelgas, una oleada de encierros y decenas de manifestaciones. Un movimiento compuesto por “médicos, enfermeros, auxiliares, administrativos, pacientes” que han salido a la calle “al menos un domingo al mes”, consiguiendo derrotar al pp en uno de sus bastiones (Publico.es, 28-I-14).
La Marea Verde encara la defensa de la educación pública frente a los recortes presupuestarios, y en ella confluyen tanto los docentes como los padres y los alumnos. Las Marchas por la Dignidad, como la que colapsó a Madrid el pasado 22 de marzo, con columnas provenientes de todas las comunidades y regiones, son una muestra de que el espíritu de 15M no se ha dispersado.
EL CAMBIO POSIBLE. El 14 de enero Público.es difundió un manifiesto firmado por una treintena de intelectuales, artistas y activistas titulado “Mover ficha: convertir la indignación en cambio político”. El texto asegura que “estamos ante la mayor pérdida de credibilidad del régimen nacido con la Constitución de 1978”, entre otras cosas porque “estamos ante un golpe de Estado financiero contra los pueblos del sur de la eurozona”; denuncia la represión y constata “dificultades para el ejercicio de derechos civiles y políticos” en el marco de un “agravamiento de las desigualdades sociales y de género y una mayor depredación de los recursos naturales”.
Ante esta situación, se pregunta: “¿Tiene sentido que el 90 por ciento de la población que está sufriendo estas políticas no se dote de herramientas para crear un futuro más luminoso?”. Con base en la lucha de los años anteriores, en la que destaca el papel de los “indignados”, propone una candidatura para las elecciones europeas que recoja las demandas y los modos de hacer del movimiento social nacido desde que comenzó la crisis. La proclama finaliza: “Nosotros pensamos que no es tiempo de renuncias sino de mover ficha y sumar, ofreciendo herramientas a la indignación y el deseo de cambio. En las calles se repite insistentemente ‘Sí, se puede’. Nosotras y nosotros decimos: Podemos”.
El texto fue firmado, entre otros, por el escritor y arabista Santiago Alba Rico, el profesor Juan Carlos Monedero (ex coordinador de Izquierda Unida y ex asesor del gobierno de Hugo Chávez), el ecologista Jorge Riechmann, Jaime Pastor, de Izquierda Anticapitalista, activistas de la Marea Verde y la Marea Blanca, profesionales y sindicalistas. Ninguno pertenece al establishment político y todos están ligados a los movimientos sociales.
Se crearon círculos en más de 400 ciudades, barrios y pueblos, sin apoyo institucional, a partir del trabajo colectivo de miles de personas. Las listas para el Parlamento Europeo se elaboraron a través de primarias en las que participaron 33.165 personas que eligieron a Pablo Iglesias (de 35 años, profesor y presentador de televisión, ex militante de las Juventudes Comunistas, carismático, pelilargo, buen comunicador, fotogénico) como cabeza de lista y líder de Podemos.
El segundo puesto correspondió a Teresa Rodríguez, profesora de enseñanza secundaria y miembro de Izquierda Anticapitalista. Carlos Jiménez Villarejo, el ex fiscal anticorrupción de Barcelona, obtuvo el tercer lugar. El cuarto ha sido para Lola Sánchez, de 36 años, licenciada en ciencias políticas que trabaja como camarera; y el quinto lo ocupó Pablo Echenique, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con una discapacidad del 88 por ciento. Los cinco ingresaron al Parlamento Europeo.
En Podemos convergen, a nivel estrictamente político, independientes desgajados de Izquierda Unida y el partido Izquierda Anticapitalista, heredero de la Liga Comunista Revolucionaria, trotskista e integrante de la IV Internacional. Es la única fuerza política con una estructura organizada en el interior de Podemos, pero cultiva una cultura democrática que respeta los acuerdos alcanzados por las mayorías.
Pero Podemos es mucho más que eso. Es la demostración, según Jaime Pastor, de que “es posible otra forma de hacer política”, recogiendo los “métodos” popularizados por los “indignados”, el 15M, las “mareas”, la pah y las Marchas por la Dignidad. Su objetivo en el escenario político es abrirse a la confluencia con otras fuerzas de izquierda, desde Izquierda Unida hasta el Sindicato Andaluz de Trabajadores, donde milita el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, y a otras iniciativas locales.
The New York Times dedicó un artículo a Podemos, algo infrecuente en el diario de la Gran Manzana, destacando que financió su campaña con apenas 130 mil euros recaudados en donaciones, y que ha sido capaz de “sacudir los cimientos de la política española” (The New York Times, 29-V-14). Sin embargo, advierte que los problemas de la formación recién comienzan, puesto que como partido antisistema deberá ir más allá de la “lista de deseos” formulados en las 36 páginas de su programa, para construir una propuesta realista.
Seguramente el guión que seguirán los críticos de Podemos será muy similar al que formuló el diario neoyorquino. Pero demasiado pronto llegaron los exabruptos, como el de Felipe González, quien ironizó sobre el éxito electoral de Podemos aludiendo a la “catástrofe” que supondría para España y para Europa que prendan “alternativas bolivarianas influidas por algunas utopías regresivas” (El Periódico, 29-V-14).
Desde las filas de Podemos la respuesta no se hizo esperar, describiendo a González como un pragmático político de “mirada tontiastuta de gatazo castrado y satisfecho”, según le retrató para siempre el premio Cervantes de literatura Rafael Sánchez Ferlosio (SinPermiso, 2-VI-14). Quizá sea hora de regocijarse, para las izquierdas de verdad, por este remezón que ha provocado Podemos entre los viejos y anquilosados políticos del “bipartidismo dinástico”, en franca descomposición.






