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El debate sobre las causas del abuso sexual infantil, entre lo psicopatológico y lo cultural.

¿Muerto el perro se acabó la rabia?

En menos de una semana, dos hombres violaron y asesinaron a dos niñas. Unos días después, el pasado sábado, otro mató a una mujer y a su hija, y si bien hasta ahora no fue confirmado, los análisis primarios señalan que también en este caso hay indicios de abuso sexual infantil. En el debate público, mediático y político apareció la idea del abusador como la de un “enfermo”. Pero “las sociedades tienen que hacerse cargo de los monstruos que producen”, dice el psicólogo y sexólogo Ruben Campero, en la misma línea que otros especialistas consultados.

Violencia. Ilustración: Dani Scharf

Sacudida ante una escena extrema –y dos, y tres, y cuatro–, de esas que hieren la sensibilidad propia sin que dejen de vivirse como ajenas, la sociedad transformó en monstruo a un ser humano –y dos, y tres, y cuatro hombres, en cuestión de meses, semanas o días, mutaron en bestias–. La reacción no es extraña y hasta puede ser catalogada de “normal” o “saludable”. Sin embargo, detrás de ese miedo por el peligro que azota a la vuelta de la esquina o en el jardín vecino, se asoman, sin sigilo, otros dos riesgos. Al “enfermo” que, cual cáncer social, se desea extirpar, se lo termina por “desresponsabilizar” de sus actos: un loco no puede ser juzgado por su comportamiento. Tampoco el que observa, indignado pero sin interpelarse a sí mismo, tiene margen de maniobra para cuestionar qué cultura, q...

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