La sede
Entre los costos de viaje, los traslados internos, el visado, la resistencia ideológica que la nación de Donald Trump sigue provocando en algunos y la posibilidad siempre latente de que el ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) te deporte por portación de rostro, me atrevo a afirmar que será el mundial con menos hinchas celestes procedentes del aeropuerto de Carrasco. Además, en cuatro años bastará con tomarse el BRT (bus de tránsito rápido) y bajar en Avenida Italia y Albo para ser parte del máximo acontecimiento deportivo universal.
Sin embargo, la enorme colonia oriental en suelo yanqui asegura un contingente digno de hinchas celestes, provistos de ese entusiasmo extra que trae consigo el hincha exiliado y que lo lleva a dejar el alma con cada pique del endiablado Facundo Pellistri.
La escasez de figuras carismáticas
Si algo tenían los muchachos de Sudáfrica era eso: carisma, llegada con la gente. Sin entrar en consideraciones futbolísticas (poco cuesta afirmar que Rodrigo Bentancur y Federico Valverde son mejores jugadores que Egidio Arévalo Ríos y el Ruso Pérez), podemos acordar que estamos ante la selección con menor vínculo afectivo con la afición futbolera oriental en décadas. Acaso Darwin Núñez tenía todo para ser ídolo (buenas condiciones, simpatía, buena relación con su antecesor y raíces aurinegras no tan profundas como para provocar resistencias en filas tricolores), pero en lo que va del año registra menos minutos jugados que el colombiano Jhon Guzmán en Nacional.
No es casual que casi no haya productos que usen la imagen de los jugadores celestes: el riesgo de optar por un pack de futbolistas que finalmente quedaran afuera de la lista definitiva era demasiado alto. También es posible que algunas marcas hayan optado por la imagen de jugadores de la selección y los hayamos confundido con modelos random.
Nadie nos tiene en cuenta
Eso de que nos gusta ir de punto es puro cuento: amamos que nos consideren, que nos mencionen en la lista de candidatos, que alguien diga «ojo con Uruguay», que pongan a uno de los nuestros en el diseño de los sobres de figuritas. Y nada de eso ocurre: por primera vez en mucho tiempo, no hay un solo uruguayo destacado entre las figuras ofensivas del mundial. Ni la gráfica de Panini, ni las guías ni la infinidad de libros que suelen publicarse en estas épocas les han dado cabida a los nuestros.
Claro está: el contraste entre la tríada Forlán-Suárez-Cavani y la actual (Aguirre-Núñez-Viñas) es abrumador. Pero, hasta en el siglo anterior, el documental Héroes destacaba a Enzo Francescoli y en el 90 Ruben Sosa figuraba entre los players to watch,aunque después tiraría el penal a la tribuna.
El escaso mérito de la clasificación
Ya querrían Chile, Perú o Bolivia estar en nuestros zapatos, pero lo cierto es que –en Uruguay– la clasificación a los mundiales dejó de festejarse cuando empezó a darse por descontada. Hay millennials que no pueden creer que, hasta no hace tanto, se festejaba mucho más una clasificación al mundial (aunque fuera en repechaje) que una Copa América ganada. No en vano una persona nacida en 1976 había visto, en 1989, a Uruguay tres veces en la final de la Copa América, pero solo una vez en un mundial. En el que, además, nos comimos seis con Dinamarca.
Resulta casi obvio: la potencialidad de festejo de un logro es inversamente proporcional a su probabilidad de ocurrencia. Cuanto más inesperada la conquista, más se la celebra. Se dio lo que se denomina devaluación por habituación, similar a la que vivió el Frente Amplio durante el segundo gobierno de Tabaré Vázquez.
Uruguay, tal como lo dijo Óscar Washington Tabárez en su momento, «sabe sufrir». Y si logra el objetivo sin sufrir, pierde la gracia. De alguna manera, es la misma lógica que opera en los videojuegos: te engancha más cuando la recompensa parece alcanzable pero no garantizada. Si clasificar es demasiado fácil, aburre.
Desde que Tabárez ordenó la selección y empezó a clasificarnos con cada vez menos sufrimiento, la presencia en el álbum del mundial dejó de ser un fin en sí mismo y pasó a ser una realidad cuasineludible. Tampoco es de despreciar el aporte hecho por la FIFA con la absurda ampliación de la cantidad de participantes.
Como siempre, la palabra final la tendrán los jugadores. En manos y pies de los jóvenes tatuados radicará la posibilidad de generar una expectativa que necesariamente irá en aumento si se da la lógica y Uruguay consigue avanzar, siempre y cuando el equipo logre recuperar aquella no tan lejana capacidad de hacer prevalecer la calidad individual de sus futbolistas, sensiblemente superior a la de dos de sus rivales de la primera fase.
Guía básica del mundial
1. ¿Qué países participan?
Todos salvo Italia y Chile.
2. ¿A qué hora son los partidos?
De tarde.
3. Las figuras
Nunca en la historia de la Copa del Mundo un futbolista consiguió ser figura en dos mundiales consecutivos. Ni Pelé, que debutó (ya sabemos cómo) en el 58 con singular suceso, pero en el 62 se lesionó. Por ende, descartados Lionel Messi y Kylian Mbappé, nos quedan el debutante Erling Haaland, Cristiano Ronaldo, el lesionado Lamine Yamal y Federico Viñas.
4. Los favoritos
España es el que otorga peor dividendo en las casas de apuesta, seguida por Francia, Inglaterra, Argentina, Brasil y Portugal. Luego vienen: el elenco teutón, Países Bajos, Bélgica (es decir, el Benelux, pero sin Luxemburgo), Noruega, Colombia, y recién ahí aparecen México, Estados Unidos y Uruguay (todos con el mismo dividendo).
Que solo haya diez equipos con más chances de salir campeones que Uruguay no deja de sorprender y preocupar por el nivel actual del balompié universal.
5. La sorpresa
Uzbekistán, que viene trabajando muy bien en sus divisiones formativas. No me diga nada: se acaba de enterar de que Uzbekistán participa.
6. Pronóstico para la primera fase
Arabia Saudita 1-1 Uruguay
En los descuentos y con la picardía propia del potrero, Josema Giménez le pregunta dónde queda La Meca a un defensor saudí que pierde la referencia de marca, lo que le permite al defensor colchonero decretar el festejado empate.
Uruguay 0-0 Cabo Verde
Una épica batalla táctica, catalogada como el peor partido de la historia de los mundiales. Los caboverdianos son más, erigen al portero Fernando Muslera en figura. En su casa, un joven ghanés se pregunta si este Muslera será algo de aquel que jugaba en el 2010.
Uruguay 1-6 España
Resultado mentiroso: era para perder por más. En la tribuna, el youtuber español Josema se toma a golpes de puños con dos periodistas uruguayos. Los derrota. Afortunadamente, Uruguay clasifica como mejor tercero. «Se logró el objetivo», afirma el economista Ignacio Alonso.
Lubo Adusto Freire



