Natividad anarco-punk – Brecha digital

Natividad anarco-punk

Porque la esencia de un clásico como Gremlins (1984) está en la existencia expresa de mandatos estrictos, y en el desquicio que genera su transgresión.

Gremlins

Van en grupos, son rastreros, malignos, inteligentes y, por sobre todo, viscosos y profundamente desagradables. Pero no son esencialmente peligrosos y de hecho tendrían todas las de perder en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el ser humano. Lo que en realidad da más miedo de los gremlins es que son un producto de nosotros mismos, el resultado de nuestra irresponsabilidad y nuestra incapacidad de atenernos a ciertas reglas.

Porque la esencia de un clásico como Gremlins (1984) está en la existencia expresa de mandatos estrictos, y en el desquicio que genera su transgresión. El gremlin aparece allí donde el ser humano transgrede, y se compone de las viscosidades orgánicas que solemos asociar a lo sexual pero también a lo pútrido. Su surgimiento se presenta como una imprudencia, emerge en terreno vedado y desde el tormento de la culpa. Es la muestra corpórea de la profunda irresponsabilidad del ser humano. “Han hecho con Mogwai (el gremlin bueno) lo que la sociedad con todos los regalos de la naturaleza”, dice finalmente el dueño original, reprendiendo a los protagonistas.

Son engendrados en Navidad, justo la noche de paz y de amor, justo en la celebración del nacimiento de Jesús. Su carácter ominoso está en surgir justamente allí donde nadie los espera, para patear todas las buenas costumbres, destruyendo todo lo que el humano erigió, en un festín anárquico y amoral. Las festividades tienen siempre su costado oscuro, uno de los personajes comenta que los suicidios aumentan en esas fechas, otro cuenta una historia, horripilante si las hay: su padre murió atascado en la chimenea, intentando sorprender a su familia disfrazado de Papá Noel. La noche de amor puede ser también época de inconmensurables frustraciones, por no hablar de indigestiones colectivas, incómodas catarsis y excesos impresentables.

Dados a luz por nosotros mismos, los gremlins son nuestro reverso más vergonzoso, un doctor Hyde incontrolable, que se multiplica. Y es justamente al final de la película cuando logramos empatizar con ellos, en ese punto en que todos juntos recuperan colectivamente la inocencia, al calor de una sala de cine, cantando a la par de los enanos de Blancanieves; sólo minutos antes de ser implacablemente detonados.

A 30 años de su estreno, Gremlins sigue conservando su poder de impacto, y creo que es algo que tiene que ver con haber tocado aspectos inconscientes relacionados con el nacimiento y la incubación, con la metamorfosis, la ruptura de reglas y del orden establecido; justo como el paso de la infancia a la adolescencia es una etapa de transformaciones y de tanteo de límites. Será por eso que es una obra ideal para disfrutar en familia; quién dice, quizá hasta un condimento perfecto para tiempos de fiestas.

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