Noche de insomnio

Los muchachos se marcharon tranquilamente a sus camas y los zombies, monstruos y demás seres fantásticos volvieron a sus cajas para revivir en la próxima gaming night, impulsadas desde hace una década por una comunidad de aficionados a los juegos de mesa.

Foto: The Gaming Night Society

Son casi las diez. La noche huele a asfalto caliente y a caño de escape. No hay estrellas, sólo las luces de la calle, blancas y amarillas, irrumpiendo en la oscuridad como manchones borroneados. Los transeúntes buscan alivio en un trago frío de cerveza o interrumpen su marcha para sentarse en el cordón de la vereda como a esperar algo. Recostados a una de las paredes de la Intendencia un par de perros abandonados mira el pavimento evaporarse junto a otro par de humanos abandonados.

A dos cuadras de distancia, casi todo sigue gris.

La casa es parecida a las de al lado, salvo por un pequeño cartel metalizado que la ausencia de luz impide leer. La puerta está abierta. Una pareja hace señas de bienvenida y desbloquea el paso. Adentro hay escaleras, también grises, un descanso en donde se erige el busto hueco de Artigas y más escaleras. El silencio del exterior da lugar a un desorden de voces que se precipita por los escalones en forma de palabras sin sentido.

Un amplio salón ocupa la planta alta. Hace más calor que afuera, pero las ventanas permanecen cerradas y el aire acondicionado, apagado. Al fondo, un montón de cajas de cartón inutiliza una mesa de billar.

Alrededor de una mesa de madera un grupo de jóvenes observa con detenimiento las marcas ubicadas en un mapa. En el otro extremo de la sala, un muchacho menudo de pelo largo da instrucciones a un público de seis personas que lo escucha atentamente. Tras tomar asiento, los oyentes empiezan a intervenir el monólogo que, pronto, se transforma en un diálogo agitado. El liderazgo del peludo es disputado por un grandote de barba que grita tan alto como él. Otros dos toman notas de lo que es, no cabe dudas, un enfrentamiento.

Son las dos de la mañana. Mientras en distintos puntos de la ciudad, al son de una música para robots, hordas de personas alteran su conciencia bajo un centelleo esquizofrénico, en la casa de la calle Soriano una treintena de muchachos, con alguna que otra excepción, beben refrescos bajo la potencia fría del tubo de luz.

Son pocos los que salen a pitar un cigarrillo o llenan su vaso con algo más espirituoso. No hay música y nadie está pendiente del celular.

El timbre suena cada vez con más frecuencia y las cajas siguen amontonándose en la mesa de billar. Regresan los que han ido por víveres. Un poco de comida rápida y vuelven a sus tareas.

Ya son las tres. Apartados y silenciosos una mujer y tres hombres se dedican a escudriñar a través de los cristales de sus lentes montoncitos de documentos. Intercambian algunos susurros, uno de ellos hace clicks en una laptop, y una vez más todos quedan absortos en los papeles. “Ejemplo de bomba”, dice una de las páginas introduciendo un croquis en blanco y negro.

En otro rincón un grupo platica sobre una muerte inminente. “No creo que él tenga la habilidad, yo soy el asesino”, afirma un joven que observa la montaña de dinero que aprieta uno de sus compañeros.

El tiempo parece transcurrir en otras dimensiones y anticipar la salida del sol.

A las ocho de la mañana se dio formalmente por terminada la reunión. El saldo: un centenar de muertos, algunos heridos y varias ciudades destruidas. El flaco de pelo largo y su equipo de ayudantes logró explotar el submarino del capitán barbudo y, dicen las malas lenguas que, pese a su empeño, el grupo de estudiosos no halló en los manuales la clave para de­sactivar la bomba. Por su parte, quien se hacía llamar “asesino” quedó en evidencia cuando “la condesa” pidió que mostrara su carta. Los muchachos se marcharon tranquilamente a sus camas y los zombies, monstruos y demás seres fantásticos volvieron a sus cajas para revivir en la próxima gaming night.

Trivia

Las gamings nights son reuniones impulsadas desde hace una década por una comunidad de aficionados a los juegos de mesa. Los participantes ponen a disposición sus juegos cuya complejidad, número de participantes y temática varía, predominando los tópicos medievales y fantásticos (el recién llegado no tendrá suerte si desea entretenerse con un convencional Ludo o con las clásicas Damas). Son instancias abiertas que han excedido el círculo inicial de sus creadores y, dependiendo del clima y la época del año, convocan entre treinta y cincuenta personas. Se llevan a cabo el primer viernes del mes y el sábado siguiente al tercer viernes en el club de la Unión de Instaladores Sanitarios del Uruguay. En Face­book los organizadores sostienen un grupo en el que comparten información sobre sus pasatiempos y consejos con conocimiento de causa: The Gaming Night Society.

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