Nunca más cara de muro – Brecha digital

Nunca más cara de muro

Los feriantes de Libertad incorporaron tres colegas que atienden 24 horas sin moverse de una pared. El talento que la pintó proviene de los artistas callejeros Mario Alonso y Carina Torres, que ya realizaron 32 murales de los 100 que aspiran a concretar en el Interior, asistidos por manos grandes y chicas.

Murales en Libertad, San José

El proyecto Cien Murales ganó un Fondo de Incentivo Cultural.

M A —Sí, planteamos pintar 100 murales en distintas localidades del Interior, en un plazo de tres años, que culmina en 2016, y obtuvimos el mayor puntaje en la selección de la edición 2014 del fondo. El problema es que todavía estamos esperando el dinero, trabado por problemas administrativos.

Están financiándose con recursos propios.

M A —Sacando de lo que cobramos como docentes de plástica, y otras actividades remuneradas, para darnos este gusto. Contamos con la colaboración de los centros Mec y de las localidades, que apoyan con pasajes y comidas.

Qué los movió a emprender esto.

M A —Notamos que el arte callejero, gran herramienta de comunicación y expresión, está concentrado en Montevideo. Queríamos llevarlo al interior de los departamentos, no a las capitales, mediante una dinámica que transfiere la decisión de qué se pintará a las instituciones y organizaciones sociales y culturales que adhieren a la iniciativa.

¿En qué departamentos estuvieron?

M A —Lavalleja, Soriano, Canelones, Florida, Montevideo y San José; el mural de Libertad es el número 32, y antes de fin de año pensamos llegar a 34.

Al pasar mencionaste el grafiti, más asociable a la escritura que a la plástica.

M A —Tomamos el concepto de posgrafiti nacido en el arte callejero después de los ochenta, que incluye todo lo que hacés con aerosoles. El aerosol, no obstante, es caro y complejo de manejar; entonces nos volcamos al mural, que puede resolverse con pinceles, rodillos y pinturas. Otra diferencia entre el grafiti clásico y el mural es que el primero es más individualista, porque el único nombre que aparece es el del autor o el de su tribu de pertenencia, mientras el mural incluye los nombres de todas las personas que ayudaron a pintarlo. Eso le da carácter de producto colectivo, no de un fulano.

¿Qué modificaciones a la concepción original trajo la puesta en marcha del proyecto?

M A —Es difícil encontrar muros. Quienes pueden cederlos, ni bien escuchan las palabras arte callejero y grafiti sospechan que vas a vandalizarlos, en lugar de embellecerlos.

Pero hablamos de superficies en de-suso, o abandonadas.

M A —Casi todos los muros son propiedad de intendencias u organizaciones renuentes a entregarlos a manos “anónimas”. Y están las dificultades que ofrece el material, como la alta absorción del hormigón y el bloque, y la erosión causada por la humedad y el musgo.

¿Qué alegan para la renuencia?

M A —A veces en un liceo, por ejemplo, los gurises proponen un tema que los está afectando y la dirección no quiere porque, al ser una pared institucional, qué va a decir el Consejo de Secundaria. El Dámaso, en Montevideo, fue una excepción, pintamos un mural adentro; y acá en Libertad fue uno de los lugares donde mejor trabajamos, con las integrantes del Centro Mec, el alcalde y vecinos y vecinas que se acercaron a pintar. Hasta la prensa estuvo.

C T —Otro problema, volviendo a la disponibilidad de muros, es que también los grafiteros están concentrados en la capital, si en Montevideo hay mil, ponele, en todo el Interior no pasarán de 300. Y las sospechas de que vas a vandalizar la pared, en lugar de pintarla, siempre aparecen.

M A —Al punto que en Maldonado arrestaron y esposaron a unos gurises a los que les habíamos mandado aerosoles para que pintaran una pared hecha guasca. Tuvimos que acompañarlos a la seccional de Policía.

¿Con qué argumento los arrestaron?

C T —Disturbios, creo, por la famosa ley de faltas.

Hablando de agresiones, ¿cuánto duran, ilesos, los murales?

M A —Sabés que no es porque lo hagamos nosotros, pero en general la gente los valora y los cuida. Y como artistas aceptamos hace rato que el uso de una obra en la vía pública incluye, desde el vamos, ataques.

Supongo que niños y jóvenes son los primeros en engancharse con la propuesta.

C T —Sí, pero, como te decía Mario, siempre condicionados por los adultos, que son los que definen. De repente los gurises quieren hacer algo simple, y los adultos se niegan.

M A —O vas a un lugar con una idea de lo que será el muro, y cuando llegás resulta que la gente no fue consultada. Por esto estamos tratando de hilar más fino, tener entrevistas previas con las comunidades, lo cual insume más tiempo y recursos, pero asegura representatividad.

1. www.facebook.com/Losmurosgritan

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