El olé que aletea en la murga – Brecha digital

El olé que aletea en la murga

La psicóloga Gabriela Gil Leone desciende de italianos, baila flamenco y escribió y dirige un musical que consuela a un inmigrante con chirigotas. Y al retirarse deja ecos de marcha camión.

—¿Cómo surgió Tablados?

—Hace muchos años que estudio flamenco, en 2003 participábamos con mi esposo y socio de utopías, Daniel Osimani, en una murga de padres del Centro de Educación Inicial Araity, y yo, además, me enganché en la murga Contra la Fachada, de la Facultad de Arquitectura, que dirigía el letrista y dibujante Ricardo Pisano, “Sanopi”, quien integra hoy el elenco de Tablados. El cantaor histórico de la ex Casa de Andalucía y esposo de mi primera profesora de flamenco, Antonio Villalba, me provocaba diciendo que la murga venía de Cádiz y fue el primero en hablarme de las chirigotas y regalarme videocasetes que todavía conservo, con actuaciones del Carnaval gaditano. La idea de mezclar ambos géneros nació y quedó allí, fui armando y dirigiendo otras obras de creación colectiva y en 2014 viajé a Mormanno, pueblito de la Calabria italiana donde nacieron y se casaron mis bisabuelos maternos, y viví emociones que me permitieron dar forma definitiva al ensamble de flamenco, chirigota y murga a través de la historia de Juan, un inmigrante andaluz. Escribí el texto al regreso de ese viaje a mis raíces, setiembre de 2014, y en febrero del año pasado comenzamos a trabajarlo con el grupo de compañeros de flamenco que me sigue en todas mis aventuras.

—¿Testeaste el libreto con gente de teatro?

—El primero en conocerlo y aceptar trabajar con él fue Pablo “Pinocho” Routin, amigo incondicional y enorme artista que siempre está alentándome; con el grupo, después, hurgamos en biografías de inmigrantes y en la historia de Uruguay.

—¿Cuántas obras dirigiste antes?

—Tres, la primera, Un grito en la cueva, fue en 2010. Pero esta vez el grupo creció en riqueza y versatilidad porque se incorporaron músicos profesionales, como Gonzalo Franco, Mauro Clavijo, Sanopi, Ann-Marie Almada, Diego y Gabriel Mutiuzábal, Mateo Magnone, bailarinas como Carolina Besuievsky y un colega que es, además de buen actor intermitente, psicodramatista, Pablo Haberkorn. Más una lista importante de amigos que nos prestaron, de onda, sus voces y su tiempo.

Además de dirigir, bailás bastante en la obra; ¿no temiste que la doble función comprometiera el resultado?

—Lo que más me gusta es bailar y cantar, pero en la medida que escribo el texto de las obras me siento casi empujada a estar al frente no sólo de la puesta sino a acompañar, desde mi profesión, el cúmulo de subjetividades que moviliza cualquier trabajo grupal. Por suerte el grupo me apoya en ambos roles; en este caso, además, hice la letra de dos de las canciones que cantamos. No tengo claro si esto compromete el resultado, quizás sí, de todos modos no estuve sola en la tarea de dirección, me asistió María Noé Soler, que también es colega y actriz de teatro espontáneo. Eso me posibilitó estar fuera de escena en momentos clave.

—¿Cómo resolviste las subjetividades que dispara la unión de actores aficionados con artistas profesionales?

—Diste en la tecla, porque ese desafío fue complejo, y creo que pudimos superarlo. En parte porque los profesionales siempre tuvieron claro que se sumaban a un proceso grupal de meses, y espontáneamente lo respetaron.

—¿Qué aspectos de tu historia familiar alimentaron la propuesta?

—Tengo formación en constelaciones familiares y en esto de reconstruir el árbol familiar comprendí cuánto silencio rodeó todo lo vinculado a mi abuelo materno, Leone Bloise, que nació acá de mis bisabuelos inmigrantes. Mormanno llegó a tener 6 mil habitantes y ahora tiene 2 mil, están habituados a que los jóvenes se van, por eso se asombraron de que cayéramos a visitarlos, salían a recibirnos, nos abrazaban. Un primo hermano de mi abuelo, el “Chicho” Leone, fue el cura del pueblo, el apellido Leone Bloise está en sus calles y comercios. Las canciones que escribí para el espectáculo están vinculadas a estas vivencias.

¿Investigaste sobre la chirigota?

—Vi algunos videos en Youtube y para las letras que escribí tomé, como base, el añejo “Tanguillo del golpe” que canta Manolo Caracol y me encanta; luego le pedí a Sanopi que transformara un cante flamenco en letra y música de murga, y él, que es un ser fuera de serie, aceptó. Confieso que no investigué a fondo las chirigotas, pero en Montevideo hemos conocido varias estos últimos años. En Kibón vimos una con Daniel, ácida y genial, que despedía de este mundo a Pinochet. n

  1. Tablados, una historia de inmigrantes. Con Pablo Haberkorn, Analuisa Díaz Trías, Carmen Fernández, Adriana Fontán, Gabriela Gil, Fernando González, Rosario Mora, Luciana Rama, María de los Ángeles Viera, Josefina Yanicelli, Analía Zufiar; guión y dirección Gabriela Gil. Teatro Victoria, jueves de abril 21 horas, sábado 23 de abril a las 23 horas.

 

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