Operación reconocimiento

“Mamá se fue de viaje” de Ariel Winograd, 2017.

“Mamá se fue de viaje”

Que una madre de cuatro chicos cuyas edades oscilan entre el inicio de la adolescencia y los 2 años decida tomarse dos semanas de vacaciones, dejando al ocupado marido a cargo del hogar, no ha de ser una situación que se observe a menudo en el mundo en que nos toca vivir, y menos aun cuando la susodicha es una mujer que se dedica en exclusividad a atender a su familia. Pero tal fue la ocurrencia argumental de los argentinos Juan y Mariano Vera, quienes se dedicaron a registrar cómo el, por así decirlo, hombre de la casa (Diego Peretti), luego de la imprevista partida de su cónyuge, se las arregla para prestar atención a las necesidades de un cuarteto que, en la práctica, desconocía. Las tareas del caso, aparte de que el pobre mártir tendrá que retener en su memoria los correspondientes calendarios de actividades escolares o liceales de sus vástagos, traerán consigo algún descuido laboral que podrá acarrear consecuencias, amén de un sinfín de accidentes caseros que pondrán a prueba su resistencia.

Tal el punto de partida de una historia no siempre verosímil –al pobre hombre se le solucionan un par de problemas con una facilidad que muchos progenitores de ambos sexos envidiarían– que el realizador Ariel Winograd (Sin hijos) va desgranando a partir de un racconto motivado por el desastroso Family Day que al protagonista y los suyos les toca soportar al pretender rendir pleitesía a una celebración impuesta por sus patrones. Más allá de éste y otros acontecimientos que el papá en cuestión deberá sobrevivir, vale más la pena apreciar las entrelíneas de la relación del hombre con los chicos y las breves frases en las cuales éstos dejan por sentado la ignorancia del autor de sus días con respecto a sus costumbres, horarios y reclamos, así como las pequeñas variantes que la dedicación del (ir)responsable puede aportar al asunto. Por ahí surge entonces, sin que nadie tenga ocasión de proclamarlo, que sea como fuere, y absolutamente siempre, padres y madres, por ocupados que estén, deben hacerse el tiempo que haga falta para estar con sus hijos, dialogar con ellos y mantenerse al tanto de todo lo que ellos deben recibir.

Los cambios que tal operación puede traer consigo resultan aquí en verdad disfrutables y la película lo revela sin molestas estridencias. El elenco, presidido por el competente Peretti y Carla Peterson, menos vista en la ocasión debido a las razones del título, tiene por cometido llevar adelante una historia que les permite asimismo a los cuatro chicos (un Winograd incluido) un adecuado desempeño, al servicio todos de una comedia que Winograd-padre saca a flote con puntual aire de intrascendencia por el que se cuela una oportuna moraleja. Y al que le quepa el sayo, que se lo ponga.

Argentina. (Ariel Winograd, 2017).

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