Orgullo sin prejuicios

Llamale H

El jueves 14 de setiembre empieza la decimoprimera edición del Festival de Cine y Diversidad Sexual. Se extenderá hasta el día 23 en las salas de Cinemateca Pocitos, Sala Dos, Sala Zitarrosa, Nelly Goitiño, Centro Cultural de España, Complejo Sacude, de Casavalle, Centro Cultural Goes y el Florencio Sánchez, del Cerro, además de viajar a la Ciudad de la Costa, Colonia y Paysandú.

Esos son los datos básicos que de lo que hablan es de un festival que se extiende saludablemente por el mapa. Sin embargo, lo que hace que el festival cumpla su cometido son las películas, y hay varias que conviene no perderse, desde el mismísimo principio. Y es que la apertura1 es con Tom of Finland, de Dome Karukoski.

Tom de Finlandia (Touko Laaksonen) es un ícono ya no de la cultura homoerótica sino directamente de la cultura pop occidental. Por su pluma pasa la línea que une a Genet con Fassbinder y que en su versión más caricaturizada desemboca en la estética de Freddy Mercury, Village People y la subcultura gay hipermasculinizada y vestida de cuero que Laaksonen ayudó a crear. Hoy los dibujos de Laaksonen cuelgan en las paredes del Moma y de las más respetadas galerías de arte de todo el mundo, pero en los años de la posguerra podían haber llevado a su autor a la cárcel.

El biopic de Karukoski es una versión respetuosa pero clásica del género biográfico en el cine, al punto de que fue la película que Finlandia propuso para los premios Oscar. No esperen entonces excesivos riesgos estilísticos ni una extrema experiencia pornográfica. Lo que encontrarán es un homenaje al artista y un retrato de la doble vida de un hombre obligado a esconder sus deseos homosexuales, y del universo que creó a través de una imaginería erótica y pornográfica única.

Nacido en 1920, Laaksonen fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, de donde extrajo su gusto por los uniformes –especialmente los del ejército nazi, que no tenía empacho en reconocer eran los más sexys– y en la que un encuentro letal con un soldado ruso marcó su vida para siempre. Pero mientras durante el día Laaksonen era un tranquilo ilustrador para la agencia publicitaria McCann Erickson que vivía con su hermana soltera, por las noches llevaba una arriesgada vida pautada por los encuentros sexuales en parques, bares y fiestas privadas.

El éxito le llegará del otro lado del Atlántico, donde sus dibujos no solamente moldearon una subcultura a imagen y semejanza de sus personajes sino que se transformaron en la iconografía de la liberación homosexual de fines de los sesenta.

El legado de Tom de Finlandia es múltiple, y tal vez lo extraño no es que se le haya dedicado un biopic clásico sino que nadie lo hubiera hecho antes. Hay realmente pocos casos como el de Laaksonen, cuyo arte emerge de una represión social extrema, lo que lo vuelve doblemente underground: el mundo de la pornografía y el de la homosexualidad. ¿Cómo se explica que esas imágenes creadas en las sombras se fueran imponiendo a tal punto que basta un vistazo para saber qué artista las ha dibujado? ¿Cómo se explica la influencia determinante que ha tenido en la cultura pop occidental? ¿Por qué un artista erótico que pintó modelos extremos de la masculinidad –motociclistas, soldados, cowboys, marineros, leñadores– enzarzados en complicadas combinaciones lujuriosas y con miembros viriles de dimensiones épicas se volvió apto para los sellos postales y la decoración de interiores? Tal vez porque lo que representa es la liberación.

Para la cultura gay, Tom de Finlandia fue fundamental, no solamente porque cambió el estereotipo del homosexual como un ser débil, timorato y atemorizado, por la viva imagen de la fuerza, la salud y la energía vital, sino que siempre los representó disfrutando de ser como son, celebrando la vida y el sexo, demostrando no solamente un deseo sexual desenfrenado sino también afectividad. Y no sólo eso: Laaksonen literalmente “pervirtió” a la autoridad, desacralizó el poder de la policía y los soldados y los trajo al lado del placer y la transgresión de las reglas impuestas por la sociedad. Tal vez sea difícil comprender lo que esto significaba en los años cincuenta, pero basta ver de qué manera se representó a los homosexuales en la historia del cine –el primer filme mainstream de Hollywood que gira en torno a una pareja homosexual es Making Love, de ¡1982!– para entender cuánto de revolucionario y de rebelde había en esos dibujos.

Pero Llamale H no se termina en su primer filme. A modo de recomendación, vayan las siguientes sugerencias: la austríaca Tomcat (Kater), la alemana My Wonderful West Berlin, la checa Yo, Olga Hepnarová, y la británica El duque de Burgundy. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de nueve días para ir (mucho) al cine.

 

  1. Cinemateca 18. Hora 19.30. Entrada libre. La película se repite el domingo 17 a las 21 horas en Sala Dos.
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