Otra cara de la extensión

Hugo Rodríguez, pro rector de Extensión de la UDELAR, adelantó algunos proyectos, argumentó una reestructura y explicó a qué se refiere con descentralizar. También dejó patente su mirada disidente con la anterior gestión, que ya desató un primer conflicto a raíz de la postergación –luego revertida– en la recontratación de docentes.

Hugo Rodriguez. Foto: F Gutierrez

—¿En qué consistiría la descentralización de la extensión?

—A nadie se le ocurre pensar que la Comisión Sectorial de Enseñanza es la que da clases, o que la Comisión Sectorial de Investigación es la que investiga, sin embargo en la Comisión Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio (Cseam) está asumido que una buena parte de la extensión se hace centralmente, que el servicio desarrolla tareas de extensión. Cuando hablo de descentralizar digo que el peso de la tarea tiene que estar en los servicios universitarios y en las regionales, para que no esté todo el país y todas las disciplinas dependiendo de Brandzen y Arenal Grande (dirección en la que está alojada la oficina central). Hoy hay varios docentes que trabajan en Bella Unión, y no parece razonable que reporten a un servicio situado en Montevideo, cuando tienen una regional mucho más próxima.

—¿La Cseam pasaría a tener funciones meramente administrativas?

—No hay que mantener el statu quo sólo porque el devenir histórico nos trajo acá, pero tampoco creo que uno pueda desconocer alegremente cómo se dieron los hechos en un servicio con esta tradición. Acá se desarrolló una Unidad de Estudios Cooperativos y existe una importante experiencia en el relacionamiento con los actores sociales, particularmente a través del convenio marco con el Pit-Cnt. No digo que haya que disolver eso, pero creo que no deben privilegiarse los programas centrales sino la unidad de extensión de cada servicio universitario. Desde luego que eso no es una contradicción, hoy de hecho coexisten. El asunto es dónde se pone el acento.

—Si bien la extensión tiene larga data en la Universidad, nunca se logró curricularizarla, siempre fue algo paralelo al aula. En ese escenario, el anterior pro rector, Humberto Tommasino, propuso fortalecer el ámbito central para fomentar el crecimiento de las unidades descentralizadas.

—Y tal vez eso contribuyó a una percepción, seguramente injusta, de que Extensión es una especie de gueto; muchos la perciben como algo para gente con especial sensibilidad o vocación por el asunto. Creo que la extensión es una dimensión de la docencia universitaria, tan importante como la enseñanza y la investigación, que no tiene que obedecer a ningún coto cerrado.

—¿Piensa trasladar recursos humanos que hoy trabajan a nivel central hacia los servicios?

—Podría ser un esquema, pero de ninguna manera lo plantearía como una resolución administrativa. Lo que haría sería discutir qué estructura necesita Extensión y a partir de eso proceder paulatinamente. Por ejemplo, hoy el servicio tiene una enorme cantidad de grados bajos, interinos y con una alta carga horaria. ¿Necesitamos docentes grado 1 que cumplen funciones de grado 3, o necesitamos docentes grado 3? Hay que asegurar que las tareas que se hagan correspondan al grado académico y que las cargas horarias correspondan a la tarea, no a que quedaron diez horas sueltas que se repartieron. A veces pregunto (pongo un caso hipotético) “¿por qué tal cargo tiene 57 horas?” Y es que como quedó un grado libre y sobraban esas horas se las dieron… Entonces no se trata de un recorte de recursos, puede salir de repente hasta más caro. Yo dotaría cargos de mayor jerarquía académica dándoles oportunidad de ascenso a los docentes, y promovería un proceso de titularización por concurso (para generar contratos efectivos). No está en mi pensamiento seguir agregando grado 1 interinos.

—¿Fue por eso que se postergaron las recontrataciones docentes?

—Si bien yo no participé ni directa ni indirectamente, sé, porque el rector (Roberto Markarian) lo explicó en sesiones públicas, que lo que él pensaba era que debía haber informes de actuación de los nuevos pro rectores. Creo que la decisión que se tomó de recontratar a los docentes que tenían informes favorables y por el plazo que estaba previsto es la más conveniente, no para mantener el statu quo sino, muy lejos de eso, para tener el tiempo necesario y pensar en una reestructura que beneficie a este servicio. Tener todo este año con la situación blanqueada y transparente, darles continuidad a las cosas que se estaban realizando mientras se planifica la reestructura, fue una decisión muy sabia.

—En la interna de Central, ¿tiene pensado agregar programas, quitar otros?

—La Udelar tiene que relacionarse con todos los actores sociales, pero eso no significa renunciar a alguno de los programas que se están haciendo hoy. Pienso que hace falta un concepto más inclusivo, que contemple al conjunto de la sociedad, y sin ningún tipo de prejuicio. Puede suceder que no esté de acuerdo con un proyecto concreto en el trabajo con algún actor social. Por ejemplo, en un nivel de relacionamiento indiscutido que se tiene con el movimiento sindical, uno puede decir “esta actividad no la quiero”. La Universidad puede aportar muchísimo desde el derecho laboral y la seguridad social, la economía, la salud ocupacional, la antropología, la historia, pero si les queremos enseñar a sindicalizarse… no. Hagamos lo que sabemos hacer, lo que estamos legitimados para hacer, relacionémonos desde nuestra función académica.

—¿Tiene en mente algún plan concreto?

—Quisiera escuchar mucho a los servicios, pero hay un proyecto que hemos hablado con el rector, que surge de una experiencia mexicana y que tiene que ver con un centro de asesoramiento a las ciudades. Imaginémonos Montevideo o cualquier ciudad del país que enfrenta problemas de ingeniería, de contaminación, de desarrollo humano, y que los gobiernos municipales puedan tener un instituto que les provea respuestas técnicas. Para mí es una gran idea que ojalá podamos impulsar. También me gustaría que la Udelar buscara un mayor relacionamiento con la Policía. Es un sector que está muy vinculado a temas candentes: la violencia, la seguridad, los derechos humanos, el sistema carcelario. Cito esto porque fue algo que mencioné cuando hablé con los órdenes y porque seguramente tiene que ver con mi pasado profesional y con mi vivencia.

—¿Cómo podría trabajar la Universidad con la Policía?

—Siempre hablamos de actividades en el medio porque eso evoca la situación de la Universidad saliendo, y eso está muy bien, pero hay veces en que el beneficio puede estar haciendo las cosas directamente en la Udelar. Voy a plantear un caso no universitario: cuando dicen que traen a los niños de escuelas rurales al Sodre a mí me parece que está muy bien que esos niños puedan ver una manifestación artística en la mejor sala que ofrece este país, y eso no quiere decir que no pueda haber espectáculos en el medio rural. Es un ejemplo de cómo una acción que implica traer para adentro puede ser una actividad con el medio. Volviendo a la pregunta, un ámbito interdisciplinar y de respeto mutuo entre la Policía y los universitarios donde aprendan juntos los temas jurídicos, discutan sobre seguridad y derechos humanos aplicados en la práctica, puede ser una posibilidad.

—La anterior gestión consensuó una definición acotada y clara: la extensión apunta a un relacionamiento donde no se impone el saber académico sino que las dos partes aprenden y trabajan en igualdad. ¿Adhiere a esa definición?

—Creo que hay un aspecto definitivo que es casi consensual: se trata de una interacción con sectores extramuros, y la generación de un nuevo conocimiento que se nutre de esa interacción. No es un curso, no es una ponencia, ahí no hay un ida y vuelta, no hay retroalimentación. Pero no quiero bajar línea. Fui al Cdc y lo dije: “El Cdc tiene pendiente una discusión sobre dos visiones que existen de la extensión”. A mí no me interesa que se apruebe la versión oficial, no me interesa proscribir a nadie ni quemar ningún libro, pero no voy a permitir que me hagan cantar una de las canciones. Voy a tratar de que florezcan, se contradigan e interactúen las diferentes visiones sobre la extensión universitaria.

También alerté sobre un riesgo: que el trabajo con los más postergados termine siendo para beneficio exclusivo de estudiantes y docentes. Si en una facultad obligatoriamente se tienen que realizar trabajos de campo, los estudiantes podrían hacer ese trabajo sólo para sortear una valla académica y los docentes para colocarlo en su informe anual o cobrar una extensión horaria. Siempre hay que preguntarse qué ganó ese que está ahí con el que se pretendía trabajar. Porque puede pasar, y pasó, que la gente ponga en la puerta: “Hoy no atendemos”, porque un grupo fue el lunes, otro el martes y después fue el de los miércoles a preguntar cosas de la intimidad de una familia. Ese es un riesgo, no es la generalidad, pero tener la decisión política de trabajar con sectores postergados no asegura de por sí un beneficio.

Más allá del conflicto

Que iban a cambiar las políticas de Extensión ya era sabido, se auguraba desde la asunción de Roberto Markarian como nuevo rector. Pero el pasado viernes los docentes de Extensión se declararon en conflicto por la reiterada postergación en la recontratación de 35 cargos, sobre los que pesaba una propuesta del propio rector para que fueran recontratados por seis meses en lugar de un año, como es habitual. Pero el último martes, durante la sesión del Consejo Directivo Central (Cdc) de la Udelar, finalmente se resolvió recontratarlos. Ese día se consensuó que los cargos que venzan a partir del 31 de octubre de 2015 y hasta el 31 de marzo de 2016 serán estudiados caso a caso y con tiempo, por lo que los informes de actuación deberán ser entregados este octubre. Así, la recontratación se separó de otra discusión más de fondo: las líneas que guiarán el futuro de Extensión propuestas por el pro rector Hugo Rodríguez y que se encuentran sometidas a discusión en el Cdc, un documento sobre el que varios decanos opinaron que es demasiado general y que debería incluir consideraciones más concretas.

En ese marco, y horas antes de que se levantara el conflicto, Humberto Tommasino, ex pro rector de Extensión, declaró a Brecha que “detrás de todo esto hay un gran desmantelamiento. Esto tiene que ver con la propuesta de tener una Universidad diferente de la que había planteado (Rodrigo) Arocena durante estos ocho años, y particularmente lo que venía planteando Extensión”.

Según Tommasino, en la misma línea que lo planteado públicamente por los docentes de Extensión y durante el Cdc por el director de Bellas Artes, Samuel Stern, “hasta ahora no hay ideas concretas. Lo que se ha dicho es que hay que descentralizar, lo cual es una gran falacia. No se está hablando de los Espacios de Formación Integral que involucran a 8 mil estudiantes y a 600 docentes. La concepción markarianista no contempla que Apex y el Programa Interdisciplinario Metropolitano tienen mil estudiantes cada uno y hacen prácticas integrales. Y eso sucede en los servicios”. En su opinión, “lo que asusta” a todo un grupo de “docentes de cuño academicista” es que lo resuelto en la anterior gestión implica que “la extensión no tenga un espacio robado a los currículos sino integrado, y eso hace que haya que repensar la función docente”.

La idea de descentralización de la que hablan las nuevas autoridades significa “volver a la Universidad de 1955, cuando no había nada a nivel central y eran sólo facultades trabajando en forma de diáspora. Este crecimiento que hubo en los servicios, que es reconocido por muchos decanos, se ha dado gracias a una estructura central que lo ha propiciado”, sentenció Tommasino, otra vez en clara consonancia con los docentes de Extensión.

En este marco, aunque las recontrataciones calmaron las aguas, la preocupación persiste. Qué ocurrirá en octubre cuando se discutan nuevamente las recontrataciones y cuál será exactamente la propuesta de la actual gestión, sin duda dejan instalado un nuevo debate.

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