Pablo Carlevaro (1927-2015) – Brecha digital

Pablo Carlevaro (1927-2015)

Insumiso, creador, libertario, crítico feroz del poder. Fue docente de biofísica y médico, militante en su juventud de la Asociación de Estudiantes de Medicina y promotor de un plan de estudios que rompía los muros de la academia para volcar a los estudiantes hacia la sociedad. Escriben en esta cobertura Samuel Blixen, Daniel Gatti, Raúl Zibechi e incluimos un texto del propio Carlevaro.

Pablo Carlevaro. Foto: Federico Gutiérrez.

Durante este último año Pablo Carlevaro mantuvo la fuerza y la energía que lo caracterizaron durante toda su vida. Luchó contra la enfermedad, vivió intensamente, disfrutó la llegada de sus bisnietos, siguió pensando y escribiendo. En octubre la fuerza física empezó a abandonarlo y en las últimas semanas ya no pudo levantarse. En la penúltima semana de octubre dictó el texto que a continuación compartimos. Se trata de un capítulo de un libro en preparación que quedó inconcluso, disparado sin dudas por la discusión actual. Nos permitimos compartirlo tal cual lo dictó, con mínimos cambios debidamente señalados. La segunda parte, donde enumera temas a desarrollar en la educación secundaria, y la tercera parte, que refiere a aspectos organizativos de la educación media, están conformadas básicamente por titulares que debían desarrollarse posteriormente. No dio el tiempo.

Su último texto

Por Pablo Carlevaro

La discusión de los grandes pro­ble­mas educacionales de este país ha sido muy mal encarada. Desde hace mucho tiempo el encare se hace sobre la base de la adjudicación de recursos financieros. Esquemáticamente, la puja por los pesos ha sido tema central y ha sustituido a la oposición de las ideas, que en todos los casos deberían ser siempre la primera cuestión y por donde habría que empezar.

Los pesos tienen su importancia. Los legisladores –políticos– han venido ahorrando pesos reduciendo progresivamente el salario de los educadores. La reducción ha tenido como consecuencia inevitable el desinterés de personas con vocación docente, que se han vuelto tempranamente conscientes de que la tarea de educar asegura penuria y pobreza.

Sería interesante preguntarle al senador que se molestó en ir hasta Finlandia para descubrir las raíces del éxito educacional, si averiguó también cómo es el sueldo de los educadores y en qué nivel está respecto de los demás servidores públicos. Casi seguramente se habría encontrado con que esos sueldos no sólo son de los mejores sino que, además, esos cargos son de los más disputados para alcanzar su acceso. No es propio de los que enseñan anteponer el ingreso económico al ejercicio de la tarea cuya vocación les reclama.

La cuestión es fácil de dilucidar si se compara a profesionales que realizan tareas de igual responsabilidad y se comprueba que los educadores comparativamente ganan cada vez menos. Es decir, desde hace muchos años –no menos de medio siglo– se ha venido produciendo la descalificación social de maestros, profesores de secundaria y docentes de la Universidad del Trabajo. ¿Tendrá algo que ver ese hecho con el bajo rendimiento que se aprecia en la educación?

Por otra parte, el nivel de rendimiento en educación lo miden y arbitran las pruebas del Pro­gramme for International Student Assessment (Pisa). Entonces, si las pruebas Pisa hubieran dado un resultado satisfactorio, todo iría muy bien. Sin embargo, para los que juzgan con perspectiva propia las cosas no van tan bien. Es curioso que, como se trata de un problema nacional, a la oposición le sirva que las cosas vayan mal, pese a que ellos hicieron su contribución –y muy grande– a que las cosas estén en su estado actual. Los gobernantes más ingenuos se defienden diciendo que el gasto educacional nunca ha sido tan importante como lo es ahora. Olvidan que todo eso es un proceso en donde los asuntos se entrelazan continuamente, y olvidan también que, si bien el dinero es muy importante, sus efectos nunca pueden ser mágicos. La responsabilidad es, indudablemente, de los partidos políticos gobernantes. Si hoy mejora el salario, muchos más aspirarán a acceder a estas tareas en los años venideros, cuando adviertan que una retribución digna está garantizada. Hace ya más de ochenta años Clemente Estable –maestro y señero de la investigación científica en este país– reclamaba por la dignidad del salario de los maestros. Cualquier defensor de nuestro nivel actual, basándose en las pruebas Pisa, podría decir que estamos entre los mejores de América Latina. ¿Tranquilos y contentos todos?

¿Y quiénes son los que opinan sobre la calidad de la educación sino los políticos? José Pedro Varela hace más de un siglo y un tercio protestaba enfáticamente que sobre la educación y la salud todos se sentían con autoridad como para opinar. Como paciente sabía que en temas de salud era colmado de sabios consejos por cualquier persona bienintencionada. El otro asunto sobre el cual había discusión universal –cada uno se sentía con propiedad para hacerlo, cualquiera fuera su ocupación o nivel cultural– era la educación. Protestaba enfáticamente sobre esa irreverencia y falta de respeto, a la vez que reclamaba prudencia y la necesidad de aceptar su ignorancia en esos temas a la mayoría de los “opinadores”.

Varela dijo claramente que lo peor que le podía pasar a la educación era que quedara en manos de los políticos. Pero no sólo Varela, después don Carlos Vaz Ferreira, Clemente Estable, Arturo Ardao y tantísimas personalidades públicas reiteraron lo mismo. En el capítulo XIV de la Legislación escolar afirmaba que “la independencia entre el poder político y la administración de la educación (era) condición indispensable para tener éxito. Sin esa independencia –sostenía– la educación del pueblo seguirá el vaivén de las convulsiones políticas, y tendrá una existencia débil y enfermiza”.1

Varela fue un visionario del futuro de la sociedad, de su país y de sus grandes problemas sociales.

A comienzo del siglo XX el catalán Francisco Ferrer i Guardia defendió –con sacrificio de su vida– ideas de progreso sobre la educación y la sociedad. Por republicano y libertario fue sentenciado por lo que después se denominó fascismo.

El antagonismo entre educación libre, autoritarismo y totalitarismo subsiste hasta nuestros días. ¿No sería mejor iniciar la discusión por esos desencuentros antes que por los pesos y los resultados de las pruebas Pisa? ¿O se deberían dejar esas cosas en manos de los economistas que gobiernan, en puja con los trabajadores que defienden su salario?

Como ejemplo, se mencionan algunos temas a poner a discusión o pensar en desarrollar respecto de la educación secundaria:2

● Ejercicio de pensar críticamente: cuestionar principios, postulados, ideas, realidades.
● Prestar especial atención a inevitables vínculos entre las disciplinas.
● Sustituir “juegos” algebraicos con letras de significado físico por nociones esenciales de la realidad física.
● Vínculos entre ciencias: físicas, químicas, biológicas/la naturaleza y el hombre.
● Idiomas y textos literarios: modos de expresión.
● Relaciones entre lenguas extranjeras y sus dependencias etimológicas.
● Artes plásticas: diversas formas. Expresividad.
● Vínculos entre las artes.
● Canto.
● Objetos con belleza y significado y sin significado material.
● Riquezas naturales y riquezas financieras.
● Fenómenos de acumulación del poder.
● Dominaciones territoriales, sometimientos, dominación económica.
● Los mercados como forma de dominación.
● Grupos financieros. Intereses (diversos tipos).
● Primeros pasos en la reflexión filosófica.
● Filosofía y ciencia.
● Derechos humanos esenciales: origen, identificación y lucha.
● Creencias primitivas y religión.
● Imposición de un credo oficial.
● Libertad de conciencia.
● Las guerras como fenómeno constante en la historia de la humanidad.
● La historia de los pueblos y sus tradiciones.
● Vínculos entre las personas: familia, compañerismo, vecindad, trabajo, gremio.

Con relación al clima (aire, cuidado, ambiente) de la institución, o lo que podría denominarse más ampliamente la cultura institucional:3

● Las relaciones entre docentes y estudiantes, y la comunicación.
● Apertura. Sequedad.
● Intercambio extracurricular y humano. Diversas prácticas. Entretenimientos: juegos y deportes.
● Las relaciones culturales.
● El papel de las familias y los profesores.
● ¿Qué cosas son factibles y no se hacen?
●  ¿Por qué?
● ¿De dónde deberían partir iniciativas?
● ¿Qué expectativas se generan?
● ¿Hay comisiones de padres, profesores y alumnos? ¿Dónde existen? ¿En todas las instituciones?
● ¿Funcionan?
● ¿Qué efectos se detectaron?
● ¿Qué opina cada uno de los órdenes por separado?
● ¿Hay pareceres unánimes?
● ¿A qué se deben las diferencias?

Hay una frase tan caústica como célebre del profesor Beyhaut: “La enseñanza secundaria es la instancia educativa donde las nociones pasan de la libreta del profesor a la libreta de los estudiantes con la exclusión de ambos cerebros”.
1.     Al dictar estas notas, Pablo pidió que posteriormente incluyéramos acá una cita textual de Varela sobre el tema. No hubo tiempo de precisar esa información con él y no fuimos capaces de decidir qué fragmento citar. En consecuencia hemos introducido este párrafo que corresponde a otro escrito de Pablo, que pensamos corresponde a la idea que quería trasmitir.
2.     Esta lista de temas fue dictada tal cual aparece a continuación, pero Pablo quería discutir posteriormente el orden y eventual agrupamiento de los temas, así como desarrollarlos.
3.     Las palabras en cursiva que aparecen en este texto, con excepción de las citas textuales, son todas a pedido de Pablo.

(Dictado entre el martes 20 y el viernes 23 de octubre de 2015 a su hija Laura y a su compañera Teresita Francia.)


 

Un hombre libre, coherente y rebelde

Por Raúl Zibechi

El mismo año que lo eligieron decano, aquel 1969 de potentes luchas obreras, pasó una semana en el Centro General de Instrucción para Oficiales de Reserva (Cgior) por un discurso que molestó al Poder Ejecutivo en el marco de las medidas prontas de seguridad. Exiliado en Buenos Aires en 1973, fue la primera escala en un peregrinar que lo llevó a Cuba y México. Regresó en 1985 y volvió a ejercer como decano hasta 1992.

El Plan 68 fue removedor y una experiencia vanguardista en América Latina, que fue cortada abruptamente por el golpe de Estado.
En la elaboración del plan jugaron un papel decisivo los estudiantes y los docentes comprometidos con métodos de aprendizaje diferentes a los tradicionales. Contenía un ciclo básico que además de las disciplinas científicas clásicas sumaba sociología y psicología, de modo que “el estudiante conocía y asumía la realidad social tal cual era, haciendo además experiencias de campo en las cuales los asistentes adquirían una motivación muy amplia sobre las problemáticas sociales de ellos mismos y de quienes eventualmente luego podrían ser sus pacientes”, recordó entrevistado por Eldiariomedico.com.

En 1992 participó en la fundación del programa Apex-Cerro, que se inspira en los mismos principios del Plan 68: docencia volcada hacia la comunidad en un tradicional barrio popular. En el Apex (aprendizaje y extensión) participaban docentes de psicología, enfermería y nutrición, auxiliares médicos y asistentes sociales. En su opinión, el trabajo hacia la comunidad fue escasamente apoyado por el Consejo Directivo Central, en particular por el rector Rafael Guarga, que, dijo, “nos trató muy mal”.

En el Apex se hacían cursos de verano que incluían una amplia temática, desde sociedad, educación y arte, hasta salud, educación popular y comunicación.

En junio de 2014 recibió el título de doctor honoris causa. En esa ocasión concedió una entrevista a Brecha en la que revelaba tanto su visión de la autonomía como de los objetivos políticos que debía trabajar. “La autonomía universitaria le fue arrancada al gobierno en una lucha histórica, en la calle, con el movimiento estudiantil. Y cuando al fin se logró esa autonomía, la misma posibilidad quedó abierta constitucionalmente a los otros entes de la enseñanza. En la Feuu luchamos mucho por la autonomía de Secundaria, Primaria y Utu, por una concepción de lo que es la educación y cómo debiera gobernarse, durante los años anteriores a la dictadura. En 2008 la izquierda desaprovechó la oportunidad, en una contradicción muy grande con lo que sostuvieron siempre los fundadores del FA.”

Consideraba que la educación secundaria es un desastre. “Porque se enseña igual que en la época en que yo iba, clase tras clase, con cátedras de tipo magistral. No hay un cambio en la concepción educativa. Hay algunas experiencias aisladas de trabajo con la comunidad, pero son pocas. La acción de sacar apuntes del profesor viene de mi época escolar, cuando no había muchos libros de texto. Y los profesores querían que sus alumnos repitieran en el examen lo que dictaban en clase. El ‘apuntismo’ fue y sigue siendo una enfermedad. Como decía Gustavo Beyhaut, estamos en un ‘ámbito educativo donde las nociones pasan de la libreta del profesor a la libreta de los alumnos con exclusión de ambos cerebros’.”

POLÍTICA CON DIGNIDAD. “Estamos a las puertas de que el cambio de gobierno promueva cambios reales y auténticos en la sociedad. Todo el mundo espera que el nuevo gobierno se comprometa tenazmente en la recuperación de la dignidad”, escribió el 23 de diciembre de 2004 en Brecha, donde publicaba habitualmente columnas de opinión. Y agregaba, atajándose de cualquier optimismo: “Si no se recupera la dignidad, los uruguayos no tendremos motivos para festejar”.

Su fuerte era la docencia. Pero apostaba a un “docente comunitario”, que en vez de “encerrar a los estudiantes en un aula”, les propusiera trabajar en la comunidad, y de ese modo “opere como multiplicador de las acciones socialmente útiles” (Brecha, 14-VII-06). Algo de eso puso en práctica en el Cerro, donde 500 estudiantes de diversas facultades, 40 docentes y 50 vecinos realizaron un amplio censo sobre la situación sanitaria, visitando miles de familias en una sola jornada. Consideraba que ese era un camino para “la asimilación positiva de la masividad, de la complementación de saberes académicos y la prestación de servicios a los sectores más vulnerables”.
Creía, casi religiosamente, en los estudiantes y en la militancia estudiantil, porque sostenía que en ellos estaba la clave de la recuperación del sentido de la Universidad. “Más que rectores ilustres, en los tiempos que corren la Universidad necesita estudiantes plenos –no meros usuarios de las aulas–, porque al fin y al cabo fueron ellos los que impulsaron la universidad latinoamericana.”

Falleció el sábado 31, con muchos proyectos en su inagotable carpeta de iniciativas. Algunos lo vamos a extrañar.


De principios inclaudicables

Por Samuel Blixen

Entre quienes dieron su último adiós a Pablo Carlevaro, el domingo 1 en el Cementerio del Buceo, no estuvo presente nadie del gobierno, ni siquiera el ministro de Salud Pública, que comparte profesión, u otro ministro que coincidió, como decano de Ciencias Económicas, en el Consejo Directivo Central de la Universidad en el turbulento año de 1973; tampoco hubo un pésame transatlántico de quien estudió medicina cuando Carlevaro era decano de la facultad.

Y es comprensible que este gobierno no demuestre congoja. Después de todo, Carlevaro fue simplemente un hombre de principios inclaudicables, un humanista libertario, un profesor humilde ante sus estudiantes, un defensor de la autonomía universitaria, un intelectual sin pelos en la lengua, un militante comprometido. En estas épocas de religión global, de buenas maneras con el capital trasnacional, de promesas incumplidas, de divorcio entre los dichos y los hechos, las cualidades de Carlevaro suponen un cuestionamiento impremeditado, no a personas en particular, sino al espíritu dominante, que sacrifica todo a un pragmatismo sustitutivo de la ética.

Es inevitable que el mundo político e institucional ignore a Carlevaro, como ha ignorado a otros tantos hombres formados en los valores de otras épicas (el dedo misteriosamente golpeó en la tecla i, en lugar de la tecla o, y así lo dejo) y que nuestra sociedad no logra reponer.

Carlevaro fue, ante todo, un hombre del espíritu de la reforma de Córdoba, es decir, uno que miraba hacia el futuro sabedor de que el futuro se construye con la lucha. Como militante estudiantil en la Asociación de Estudiantes de Medicina (Aem) peleó por la autonomía universitaria que comenzó a ser plasmada en la reforma constitucional de 1951. Y fue un activo participante de las luchas por la reforma universitaria de 1958. En algún reportaje reciente Carlevaro alertó sobre el retroceso en la autonomía universitaria: “La ley de educación de Sanguinetti fue el comienzo de la pérdida de autonomía”, dijo, y explicó que sigue siendo resistida por el poder político, “que todavía no tolera que la Udelar sea autónoma, porque eso fue arrancado al poder político cuando la reforma constitucional de 1951”. E incorporó una crítica a la ley general de educación aprobada en 2008: “El Frente Amplio desaprovechó la oportunidad de dar autonomía a Primaria, a Secundaria y a la Utu”. Llegado a este punto, da rienda suelta a su indignación: “Lo que está en el ojo de la tormenta es Secundaria, y ¿sabe una cosa? A mí me asombra que estos que condenan a Secundaria no sepan que los iniciadores del desastre de Secundaria fueron ellos, los partidos políticos; estos sinvergüenzas dicen que todo se debe a la presencia de los delegados de los docentes en los consejos, cuando en realidad debería haber una autonomía total para todos los entes de la enseñanza, que era lo que nosotros reclamábamos desde el año 51… la negación de la autonomía significa desconfianza y miedo a la libertad”.

Tanto como la autonomía, fue desvelo de Carlevaro la extensión universitaria, a la que contribuyó con el programa Apex-Cerro, cuyos antecedentes se remontan a unas iniciativas de 1968. La extensión era, para él, la oportunidad de que el estudiante universitario aprehendiera la realidad, y para transformarla mediante la participación, la formación y la conciencia social. “El contacto directo de los estudiantes con la gente genera una corriente de comunicación en paridad que permite establecer relaciones personales que en los jóvenes contribuye a su formación integral”, sintetizó en una entrevista del portal de la Universidad.

De la misma forma, reivindicó que los procesos de enseñanza, en su versión moderna y dinámica, tuvieran al estudiante “como sujeto del aprendizaje”, a la vez que reclamó: “Si los estudiantes universitarios no se preo­cupan por las cuestiones de la Universidad no son sino usuarios de un servicio educacional gratuito. Si los docentes no lo hacen, no tienen allí más que una ocupación laboral importante con eventual beneficio para su progreso personal”. Carlevaro solía discutir tales conceptos en sus frecuentes visitas a la Aem, donde los militantes de Medicina solían comprobar la humildad como rasgo característico de su personalidad, tal como recordó, emocionada, la estudiante que lo despidió en la Facultad de Medicina, donde sus restos fueron velados.

“La enfermedad de barrios enteros radica en la inequidad. La inequidad es una enfermedad grave de la sociedad entera”, dijo en el Paraninfo cuando recibió, en junio de 2014, de manos del rector Rodrigo Arocena, el título de doctor honoris causa.

Y porque la falta de equidad es quizás el principal problema de Uruguay, Carlevaro, un joven rebelde de 88 años, proponía: “Hay que desalambrar los límites institucionales para progresar en nuestro abordaje científico de los problemas de la sociedad”, dijo este hombre cuya falta sentiremos por mucho tiempo porque era uno de los pocos imprescindibles, en la categoría de Bertolt Brecht.

Un libertario

Por Daniel Gatti

Pablo Carlevaro tenía una estrecha y crítica relación con Brecha. En todo caso, con varios de sus periodistas. No era raro que llamara por teléfono para bramar por alguna cobertura, felicitar por otra, reclamar atención a algo que “no podía dejar” de tratarse. Se calentaba por la condescendencia, por la falta de “radicalidad bien entendida” con que pensaba que se abordaban algunos temas, tanto como se alegraba por la aparición o renovación de plumas “rebeldes”. En tiempos de desnorteo tan fenomenal de las izquierdas, decía, era fundamental que existieran publicaciones que ayudaran a pensar y a combatir desde el llano los “restos necróticos” de los “pensamientos burocráticos”. En los últimos tiempos (más de un año) estaba pergeñando un trabajo sobre “la vigencia de los ideales libertarios”. Creía que, aun políticamente derrotado, el anarquismo –o algunas de sus vertientes– había dejado sedimento hasta en lugares en principio impensados, y que había que rescatar esos sedimentos para poder elaborar “un nuevo pensamiento emancipador”. No sabía qué forma darle a ese trabajo. Tal vez un libro. Hace unas pocas semanas, en una de aquellas conversaciones telefónicas, contó que no había avanzado mucho, pero que tal vez una buena forma de sacar “las ideas locas” que se le iban ocurriendo –y que viajaban de la Comuna de París a la guerra civil española, de la teología de la liberación a los indignados europeos, de las luchas por la autonomía universitaria de las primeras décadas del siglo XX al 68, de la Cuba primigenia al zapatismo, de las sociedades de resistencia a formas de cooperativismo, del laicismo a la ecología social– fuera una entrevista. Había quedado en que cuando se sintiera un poco mejor, cuando se le fuera la “gripe fuerte” que lo tenía recluido, llamaría. No pudo ser.

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