Para frenar a China

El lunes 5 se sentaron en la ciudad estadounidense de Atlanta las bases para la puesta en marcha del mayor acuerdo de libre comercio suscrito hasta ahora: el Tratado de Asociación Transpacífico, un pacto que abarca a 12 países que juntos suman 800 millones de habitantes y el 40 por ciento del Pbi mundial.

Chile, Perú y México son los tres latinoamericanos que formarán parte del Trans-Pacific Partnership (Tpp), en el que estarán asociados a Estados Unidos, Australia, Brunei, Canadá, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam. Las conversaciones habían comenzado en 2008 y concluyeron luego de que Washington y Tokio limaran sus últimas diferencias. Ahora los parlamentos de los 12 países deberán ratificar el pacto. El proceso debería llevar alrededor de un año. En Estados Unidos la discusión se anuncia dura, porque entre los demócratas son muchos los legisladores que se oponen en general a los Tlc y se avecina un contexto electoral. El presidente Barack Obama había logrado meses atrás una victoria política sobre ese sector demócrata al conseguir que el Congreso autorizara la vía rápida para la negociación tanto del Tpp como del tratado transatlántico con la Unión Europea (Ttip), otro de sus objetivos, con lo que el Congreso podrá ratificarlo o rechazarlo pero no modificarlo.

Como en todos estos tratados, las negociaciones se llevaron a cabo en el mayor secreto y todavía el público desconoce buena parte de sus cláusulas. Entre las más temidas por sus adversarios estaban las que tienen que ver con la propiedad intelectual, las patentes de medicinas y las que otorgan a las empresas la posibilidad de pleitear contra los estados ante tribunales internacionales en caso de que se consideren perjudicadas.

La economista Alicia Puyana, doctora por la Universidad de Oxford y académica de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en México, descartó, según Página 12 de Buenos Aires, que los países signatarios obtengan con este tratado beneficios por el lado de la liberalización del comercio, porque casi todos ellos tienen ya aranceles muy bajos. Chile, además, ya tiene tratados de libre comercio con sus 11 socios y es, junto a México, uno de los países del mundo que más Tlc ha firmado. Sectores industriales mexicanos, en particular el automotor, se manifestaron en cambio preocupados por la firma del nuevo acuerdo, que supondría la eliminación de protecciones de que actualmente gozan. El que sí ganaría con la nueva situación es el sector agrícola de Estados Unidos. Pero la importancia del acuerdo sería más geopolítica que estrictamente económica, según escribió hace un tiempo el actual ministro de Agricultura de Chile, Carlos Furche. En un documento que tituló “Chile y las negociaciones del Tpp: análisis del impacto económico y político”, Furche señaló que “la incorporación al Tpp supone sumarse a una estrategia más global de contención y balance de la influencia de China en la región asiática, impulsada por Estados Unidos”.

En Europa la firma del Tpp fue vista como un mal signo por quienes defienden la suscripción de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Uno de ellos, el socialdemócrata alemán Bernd Lange, dijo que Washington ya logró su meta de conformar un frente antichino en el Pacífico y que ahora encarará con más parsimonia un acuerdo con la UE, que le resultará mucho más difícil de establecer vistas las resistencias que ha levantado en la sociedad civil europea y en algunos países. “Los estadounidenses no han ofrecido nada serio, especialmente sobre las cuestiones esenciales para la UE, como el acceso a sus mercados públicos y a sus mercados agrícolas y agroalimentarios, que permanecen cerrados”, dijo al español Eldiario.es el secretario de Comercio Exterior de Francia, Matthias Fekl, que unos días antes había anunciado al diario Sud Ouest que París “contempla parar las negociaciones”. “La ausencia de transparencia plantea un problema democrático. Es impensable que el acceso de nuestros eurodiputados a los documentos se haga a través de una sala de seguridad (la reading room) o de la embajada estadounidense. Mucha asimetría, poca reciprocidad”, agregó Fekl, el segundo en la cancillería de su país detrás del ministro Laurent Fabius. Tanto en Francia como en España, Italia y Alemania sectores industriales clave se oponen a la eliminación de las denominaciones de origen, que Estados Unidos no reconoce. París, por ejemplo, “teme que el camembert, el burdeos y el champagne se terminen fabricando a granel en Ohio, California o Virginia”, apunta Eldiario.es. Francia no fue hasta ahora, precisamente, uno de los países que más resistencia haya opuesto al Ttip, a pesar de los cacareos de su presidente, François Hollande. Más bien promovió su adopción, pero se ha encontrado frente a una creciente resistencia en la sociedad civil y en algunos sectores industriales que ha debido tener en cuenta.

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