Para que no se cierren solas

Las matrículas de las escuelas rurales bajan hasta dejar locales sin alumnos. La actividad diaria del maestro rural impone la soledad en la planificación de contenidos. Desde este año el Consejo de Educación Inicial y Primaria está aplicando un plan piloto que busca que los maestros y los niños no trabajen aislados.

Escuela rural. Foto: Manuela Aldabe.

Cada año hay menos escuelas rurales: en 1994 eran 1.349, y diez años después quedan 1.109, según el último Monitor Educativo de Primaria. El despoblamiento de la campaña conforma hoy una nueva ruralidad y muchas comunidades ya no ven a la escuela como una institución de referencia. Los 18.500 niños que viven en el campo no tienen hoy las mismas posibilidades de formación que los de la ciudad, porque las escuelas rurales no cuentan con docentes de educación física, de segundas lenguas ni tampoco de artes plásticas. Para los maestros directores a cargo de las escuelas tampoco es sencillo: no tienen un vínculo asiduo con otros colegas, muchos ya no realizan las visitas a los hogares de sus alumnos, ni generan eventos sociales con la gente de la zona.

LOS RODEA. La escuela número 60, ubicada en el paraje La Mina, en Cerro Largo, trazó un sendero propio en el siglo pasado. “Se fundó en el 1900, pero la historia fuerte de esta escuela fue en la época que funcionaron las misiones sociopedagógicas del maestro Miguel Soler”, cuenta la maestra directora Nancy Porcal, que trabaja en la escuela que funciona como centro del primer nucleamiento que se está realizando en el país. Después de las vacaciones de julio, Primaria comenzó a implementar un plan piloto que consiste “en la reunión de dos, tres, o a lo sumo cuatro escuelas, que no disten más de 15 quilómetros una de la otra. Diariamente los niños, las maestras y las auxiliares se trasladan a la escuela centro, donde trabajan en conjunto”, explicó Darby Paz, consejero electo por los docentes de Primaria. Un micro de Primaria los transporta a todos hasta la escuela que funciona como núcleo.

Para entender por qué la escuela 60 de Cerro Largo fue la primera en implementar este proyecto, que busca básicamente cortar con el aislamiento del maestro rural y detener el cierre de las escuelas, hay que situarse en la zona. Porcal explica que con el paso de los años el paraje tiene menos población y las familias tienen menos hijos, y esto decanta en escuelas cerradas o con muy bajas matrículas.

Desde hace unos meses a La Mina llegan los niños de dos escuelas más de la zona, las números 28 y 44. A la currícula “se incorporó una profesora de artes visuales y está previsto que se genere un espacio para un docente de segundas lenguas”, detalla la maestra. Actualmente en este agrupamiento cuatro veces por semana los niños tienen clase de educación física y tres veces a la semana de artes visuales, “el cargo para segundas lenguas, que en este caso va a ser el portugués, ya está pedido, sólo queda que elijan a la persona”, dice Porcal, que encuentra con sencillez el argumento para sostener el plan: “el niño de la escuela de La Mina tiene el mismo derecho que cualquiera que va a una escuela del centro de Montevideo. El programa único es una garantía de que todos los niños del país aprendan lo mismo”.

En esta escuela, además de funcionar el primer nucleamiento, también se dicta un curso de Formación Profesional Básica de Utu, que se desarrolla en el mismo horario que la escuela y está pensado para personas mayores de 15 años. Según la maestra, la idea de este curso es poder llegar a las personas que sólo tienen primaria finalizada, y que muchas veces por estar pasados de edad no concurren a las clases de secundaria. El consejero de Primaria agregó que hasta los padres de los niños de la escuela van a estas clases de Utu, que son cursos con un contenido elegido por los propios alumnos; en el caso de La Mina optaron por la formación en informática.

Porcal tiene un escritorio desordenado, varios libros y una pila de cuadernos de distintos colores que esperan sus correcciones; si bien fue maestra efectiva en una escuela urbana, a unos pasos de su casa, dice que prefiere el trabajo en el medio rural. La relación con los padres es otra, y más que nada el vínculo que se genera con los alumnos es muy distinto: “trabajás de manera personalizada con cada niño. Además el multigrado te permite ser más flexible, si a un niño de cuarto no le quedó claro un concepto de tercero lo puede rever al año próximo, y lo mismo para arriba”.

“Trabajamos por aulas temáticas y de forma rotativa”, explica Porcal. Todos los días los niños tienen clase con las tres maestras: “Yo ahora estoy con ciencias sociales, entonces trabajo esa área adaptada a todos los niveles. Pero después paso a otra aula temática y puedo estar con matemática, lenguas o ciencias naturales”. La maestra agrega que los niños se agrupan según la clase a la que pertenecen, pero que siempre se trabaja al menos con dos niveles, la modalidad en la escuela rural no deja de ser multigrado.

“Este plan busca que la educación sea integral”, intenta fundamentar la maestra antes de ser cortada por uno de sus alumnos que no soporta la soledad de leer un cuento sin la supervisión de su docente. “Son muy demandantes”, dice Porcal con tranquilidad, mientras peina con las manos su pelo blanco, y los niños corren en búsqueda del pasto del patio. Cuando empezó a funcionar el nucleamiento en La Mina pasaron de ser 21 niños a 40, una niña comenzó a tener otras compañeras mujeres –porque en su escuela eran sólo varones– y las maestras pudieron compartir sus métodos de pedagogía para cada tema, así como la planificación general.

“En la escuela 28 –una de las que integra este núcleo de Cerro Largo– son seis niños y una sola es niña. Ella no estaba acostumbrada a jugar con otras compañeras, cuidaba mucho a sus sobrinos más chicos”, cuenta la maestra, que agrega: “le costó, pero de a poco se pudo integrar”. Porcal opina que los beneficios de este plan piloto no sólo se ven en lo lúdico y en los procesos de socialización de los niños, sino que se notan también en el aprendizaje de los contenidos formales. Porque las maestras trabajan con aulas temáticas, los niveles de clases son agrupados de a pares, entonces se dedica más tiempo a cada niño y se puede avanzar más rápido con el contenido: “antes con un mismo tema en un día yo tenía que ir con los conocimientos desde primero a sexto, y ahora voy de tercero a cuarto” .

TRABAJAR JUNTOS. “La idea del nucleamiento viene de nuestra experiencia con inspectores en zonas rurales; del trabajo en el territorio se observan dos cosas: el aislamiento del maestro rural y la baja matrícula”, dice a Brecha Darby Paz, quien opina que en Uruguay lo que pasa con la educación rural no está siquiera en la interna de la discusión educativa. Hoy son ocho los nucleamientos en funcionamiento. Son 21 escuelas, 24 maestros y 262 niños que se favorecen con este programa piloto que busca garantizar una educación de calidad.

Si bien esta idea de unir varias escuelas en un solo lugar físico es nueva, Paz recuerda que desde hace más de 30 años se realizan agrupamientos puntuales de escuelas cercanas, pero que son eventos que se dan cuatro o cinco veces al año. Este plan supone un trabajo colectivo diario, aunque impone un elemento fundamental: las escuelas que no funcionan como centro no se cierran, deben mantener su actividad. Este aspecto es crucial, si se piensa que la caminería rural dista mucho de lo ideal, que una lluvia fuerte corta cualquier puente y rompe caminos, en esos casos –o cuando el vehículo de traslado se daña– los niños tienen clase en su escuela original.

“Nosotros no queremos que se cierren, se cierran porque no hay matrícula. La escuela rural es una entidad pública fuerte en el medio rural”, dice Paz, para explicar luego que están fomentando el trabajo de las escuelas con instituciones locales, como las Mesas de Desarrollo Rural, departamentales y también nacionales. Hace unas semanas en una de las reuniones de la Mesa de Desarrollo Rural local la inspección de Primaria de Cerro Largo le dio a conocer a la comunidad las primeras conclusiones de este proyecto educativo, según explicó la inspectora departamental, Socorro Sosa. Las coordinaciones con las intendencias pasan desde aspectos logísticos, como la caminería rural, hasta conversaciones por posibles articulaciones de cursos. Para el consejero Paz, los diálogos con Utu a nivel nacional también son muy importantes, porque están buscando generar más cursos de Formación Profesional Básica en otros agrupamientos.

Los nucleamientos están funcionando en Paysandú, Tacuarembó, Rivera y Cerro Largo, y para 2016 se proyecta incluir otros departamentos del norte, que es la zona del país donde cierran más escuelas, aunque también se piensa en Flores. Las matrículas son cada vez más bajas en el medio rural, y para Paz el problema está en que una escuela con uno, dos o tres alumnos no es el espacio ideal para la formación educativa ni social, lo mejor serían grupos de 15 o 20 niños.

Para el consejero la relación escuela-comunidad es otro de los grandes problemas de la educación rural. “El maestro debe estar más en la escuela, el vínculo con la comunidad es fundamental. Es importante que la comunidad reconozca la importancia de la escuela como sitio donde volcar su trabajo social.” Además, opina que desde la formación docente se debe incentivar que el maestro tenga una visión más fuerte sobre el trabajo con la comunidad.

Este proyecto comenzó hace muy pocos meses en el norte del país, donde los latifundios dominan el paisaje ondulado, las personas viven de la ganadería extensiva y los trabajos de las zafras agrícolas son la promesa de una mejora económica. Paz explica que aún no tienen evaluaciones sobre la aplicación del programa, pero ya está lo más importante: los maestros y las comunidades están aceptando el proyecto. Además se alcanzó el objetivo principal pensado desde Primaria: el docente no trabaja solo y el alumno se forma en un ambiente educativo más atractivo, con más niños y otros docentes. La primera maestra directora que aplica el plan se toma su tiempo para hablar en detalle sobre el proceso de cambio, pero varía de acento y sube el volumen de voz cuando asegura: “estamos tratando de que el niño de la escuela rural tenga otras posibilidades”.

“Hay misiones a cumplir”

En la misma escuela que este año comenzó el plan piloto de nucleamiento de escuelas rurales funcionó, entre 1954 y 1961, el núcleo escolar experimental de La Mina. Una experiencia socioeducativa impulsada y desarrollada por el maestro Miguel Soler que unió a siete escuelas de Cerro Largo y que buscaba terminar con el aislamiento del maestro rural y estimular el trabajo colectivo de la comunidad. Estos dos objetivos centrales se comparten con el plan actual de Primaria, pero el nuevo proyecto apunta sólo a la educación directa de los niños.
Las misiones sociopedagógicas atacaron la pobreza y el analfabetismo de la zona, trabajaron con el Ministerio de Salud Pública y con aportes de técnicos agrarios e ingenieros del Ministerio de Ganadería y Agricultura. También ensayaron métodos de enseñanza para adultos, las personas de la zona recibieron formación en técnicas de agricultura, se fomentó el deporte y la recreación, la inclusión de la mujer en las tareas rurales y a su vez se buscó mejorar la sanidad de la zona.
“El maestro Miguel Soler mandó una invitación a cada casa, para que todos concurrieran a un baile que se llevaría a cabo en la escuela. Asunto novedoso en la zona, ya que por esos tiempos sólo concurrían a los bailes las personas que contaban con ropas y calzados en buen estado”, se lee en “Historias habladas y oídas”, un material elaborado por Extensión Universitaria y el Consejo de Educación Inicial y Primaria que recopila testimonios de ex alumnos. La actual maestra directora de la escuela, Nancy Porcal, dice que quedan muy pocos ex alumnos de ese período en la zona, pero la forma de pensar la relación comunidad-escuela que se generó está muy presente hoy, “la gente recuerda esa época de muy buena manera”.
Durante la dictadura no funcionó ninguna misión educativa, y según escribe el maestro Soler en una carta realizada a instancias de una formación de maestros comunitarios en octubre de 2015, luego de la vuelta a la democracia fueron muy pocas. En esta misma carta Soler introduce muchas preguntas sobre cuál sería el camino para poder mejorar la educación rural. A su vez afirma que el nivel de vida ha mejorado en la zona y que el analfabetismo dejó de ser un problema, pero que hoy “hay misiones a cumplir, no necesariamente como las de hace 70 años, sino como modalidades educativas que recojan el aliento de aquella etapa”.

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