Parte de la fiesta - Semanario Brecha
El mundial llega a su final y Forlán asume en Uruguay

Parte de la fiesta

La apuesta del Ejecutivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) presidido por Ignacio Alonso parece clara: tabarizar la selección uruguaya, como respuesta a los magros resultados cosechados una vez que el propio Alonso decidió descabezar el proyecto que llevó a Uruguay, después de quedar afuera de tres de los cuatro mundiales anteriores, a clasificar a todos y a «colarnos entre los grandes» tras cuatro décadas de fracasos. Quizás, si Óscar Washington Tabárez tuviera diez años menos, se podría plantear su retorno, pero, ante esa imposibilidad, Alonso apela al máximo referente de la generación de Sudáfrica para comandar a la selección sub-20 y, durante el sinfín de amistosos que nos espera de acá a fin de año, también a la mayor.

AGUA Y ACEITE

En un fútbol cada vez más agrietado y con las elecciones de la AUF a la vuelta de la esquina, Alonso juega sus fichas y apela a un profesional respetado, de incuestionable apoyo popular y al que los años parecen haber dotado de un carisma y unas capacidades comunicativas sensiblemente superiores a las que ostentaba en su época de jugador.

Diego Forlán es casi la némesis de Marcelo Bielsa: aquel se llevaba mal con los periodistas, este se lleva bien; aquel comunicaba mal, este muy bien; aquel no es modelo, este sí; aquel –según varios especialistas– «quemó» a nuestro mejor jugador, este lo aconsejó; aquel fue un mediocre futbolista, este ganó un Balón de Oro; aquel era criticado por Diego Lugano, este es su amigo.

Se diferencian hasta en los ítems menos favorables al otrora 10 celeste, cuya carrera como entrenador es corta y muy poco exitosa. Nadie en su sano juicio pensaría en Forlán como entrenador de la selección si no fuera por su trayectoria como jugador. Todavía nos emocionamos cuando lo recordamos sacudiendo la Jabulani de derecha o izquierda para desairar al arquero de turno. Parece que fue ayer, pero ya pasaron 16 años, casi la misma distancia que en 2010 nos separaba de la selección de Luis Cubilla.

Paga 1,10 que si el rendimiento del equipo es digno en los amistosos y se logra el objetivo de clasificar al Mundial sub-20, Forlán tiene el camino allanado para llegar –como mínimo– a la Copa América de 2028. La vara está muy baja: con que les dé confianza a Federico Valverde y Darwin Núñez será suficiente para levantar las últimas performances de la selección mayor, en tanto a la juvenil le bastará con clasificar al Mundial que se disputará en Azerbaiyán y Uzbekistán, tras haber quedado afuera del que se jugó el año pasado en Chile.

Y si en la Copa América llega a irle medianamente bien (semifinal), no caben dudas de que Forlán será el entrenador en 2030, cuando Infantino salude desde el flamante palco de la Tribuna América acompañado por Luis Lacalle Pou, Yamandú Orsi, Diego Lugano y el propio Ignacio Alonso, en una imagen de unidad que recorrerá el mundo.

LA FINALÍSIMA

Por segunda vez en la historia de la Copa del Mundo, los finalistas hablarán el mismo idioma. España superó a Francia casi sin despeinarse, mientras que, con una demostración de coraje y fútbol difícil de encontrar en los registros fílmicos de la historia mundialista, Argentina le pasó por arriba a Inglaterra y –al fin– con estricta justicia deportiva y casi sin polémica logró su segunda presencia consecutiva en la final (la tercera en las últimas cuatro ediciones).

El domingo, Argentina se juega mucho más que sumar su cuarta estrella al escudo: se juega la posibilidad de comenzar a autopercibirse como la selección más grande de todos los tiempos, aprovechando que Brasil cumplirá 28 años sin ser campeón del mundo (más que los que transcurrieron entre Pelé y Romário), que Alemania acumulará 16 años sin llegar a octavos de final y que Italia hace otros tantos que ni participa.

De Lionel Messi ya no queda mucho por agregar: a la edad en la que la mayoría de los futbolistas de élite empiezan a hacer todo lo que no pudieron hacer en su juventud, el diez argentino sigue sacándose hombres de encima como conos, corriendo para presionar al arquero y colocando centros milimétricos como los que le permitieron al equipo de Lionel Scaloni (el argentino más querible de todos los tiempos) derrotar a los ingleses, 40 años después. Poco cuesta imaginar que, sea cual sea el resultado del domingo, Messi va a llegar a jugar el próximo Mundial (¿o alguien piensa que se va a perder de jugar en el Monumental, que por ese entonces tendrá capacidad para más de 100 mil personas?). Compararlo diacrónica o sincrónicamente ya no tiene sentido: es el mejor y punto. Si existe un Dios, que no cometa el error de darle el Balón de Oro a un correcto volante español, pues Messi se lo merece mucho más que el que le dieron en Qatar.

Enfrente estará una España que parece adaptar su intensidad a los requerimientos del rival de turno, como si hiciera de la economía de recursos ofensivos su razón de ser. No demostró gran cosa hasta que llegó a semifinales y sometió a la gran favorita con autoridad. Daba la impresión de que Francia no sería capaz de anotar ni aunque el partido durara una semana.

El domingo chocan dos estilos, la mejor defensa contra el mejor ataque, el mejor jugador joven del mundo contra el mejor de todos los tiempos, la filosofía de tener la pelota y soltarla en el momento justo contra el arte de lo impensado. Pocas veces se vio una final tan justa y tan incierta, tan desigual y tan pareja.

Nosotros apenas sí nos contentaremos con que, en algún momento de la ceremonia de clausura, luego de que Messi o Rodri hayan recibido la copa de manos de un eufórico Donald Trump, haya alguna referencia al Mundial de 2030 y la bandera bicolor aparezca flameando junto a las de los otros cinco países que albergarán el torneo.

Y así volvamos a sentirnos parte de la fiesta.

Visiones sobre la contratación de Forlán

«Si bien me sorprendió un poco, me parece bien que se le dé la chance a la generación de Sudáfrica, que es exitosa y nos dio muchas alegrías. Forlán es un jugador con una carrera tremenda y me parece bien que lo prueben y que le den la chance de empezar con la sub-20», Flavio Perchman, vicepresidente de Nacional.

«Me parece una apuesta interesante. Claramente se está buscando reproducir lo que hizo Argentina con Scaloni. También es una muy buena apuesta para Forlán. Se lo hice saber a él: tiene todo para ganar y nada para perder», Juan Pedro Damiani, ex (¿y futuro?) presidente de Peñarol.

«La designación de Forlán abre más preguntas que certezas. Sus antecedentes como entrenador son limitados y la incorporación de referentes de 2010 en distintos roles sugiere una apuesta con fuerte componente simbólico y político más que un proyecto integral de reconstrucción», Álvaro González Márquez, periodista.

«Cuando Menotti –entonces director de las selecciones argentinas– decidió respaldar a Scaloni para que fuera seleccionador, se enfocó en sus antecedentes válidos y suficientes y no se detuvo en la falta de experiencia, porque eso se construye. Eso sí, demandó: debe haber una organización que lo ayude. Copio y pego. Ojalá un criterio similar sea aplicado en este caso», Mario Bardanca, periodista.

«Forlán debe renunciar», Lubo Adusto Freire, experiodista.

Artículos relacionados