Pensar corriendo – Brecha digital

Pensar corriendo

El lanzamiento del Observatorio de las Profesiones de la Comunicación, una propuesta desde la Universidad para pensar el campo profesional y su vínculo con la formación, sirvió de excusa para discutir muchas cosas, por ejemplo el periodismo.

Foto: Pedro Pandolfo

El debate y el lanzamiento de este observatorio se dan en un momento clave. El sector periodístico atraviesa un momento particularmente difícil. La semana pasada la Asociación de la Prensa Uruguaya (Apu) se movilizó en la plaza Cagancha de Montevideo para denunciar la precarización laboral, que se ha convertido en costumbre. La retracción de la publicidad, tanto pública como privada, abre un nuevo escenario y con él muchas dificultades. Durante su intervención en la mesa, Daniel Lema, presidente de Apu y periodista de Búsqueda, dijo: “Tenemos un gran primer problema que es la diferencia abismal entre un periodista que trabaja en Montevideo y uno que trabaja en el Interior. Pasaron diez años y a través de los consejos de salarios no hemos conseguido reducirla”. Las cifras lo avalan: a enero de 2015 un periodista de prensa en Montevideo tiene fijado 22.900 pesos nominales como salario, y un periodista del Interior –salvo en medios grandes como El Telégrafo de Paysandú, que pagan un poco más– cobra 12.993 pesos nominales. Esto es lo establecido por los consejos de salarios, pero a menudo los sueldos son bastante más bajos. En el sector donde la diferencia se nota menos es la televisión, que paga mejor. Recientemente han sido despedidos y enviados al seguro de paro trabajadores de varios medios, en prensa, radio y televisión (diarios El País y La República, revista Caras y Caretas, semanario Búsqueda, radios Carve y CX30, y Canal 12), que se suman a un avance de la precarización laboral.

“Se está dando todo este fenómeno de las web y los canales de tevé, donde los periodistas tienen que hacer cada vez más trabajos, alimentar de contenidos varias plataformas, y es una multitarea tan grande que no pueden seguir ganando el mismo sueldo”, dice el presidente de Apu. El propio Lema señala otro problema fundamental: los ataques a la libertad de expresión. Según un informe elaborado por el Centro de Acceso a la Información Pública (Cainfo), entre marzo de 2014 y marzo de 2015 se han detectado 37 casos de amenazas a la libertad de expresión, dos de nivel alto (arresto, detención ilegal) y 25 de nivel medio (censura, amenazas, hostigamiento físico o judicial). “Los trabajadores tienen que denunciar un poco más sus condiciones de trabajo”, invita Lema, y dice que sería muy importante que todo esto pueda ser tratado desde el Observatorio de las Profesiones de la Comunicación.

INTERNET. “El problema sigue siendo la capacidad de pensar mientras uno corre, como los buenos deportistas”, sostuvo en la mesa Marcelo Pereira, editor de Opinión de La Diaria. Es que los periodistas corren todo el tiempo, y parar a pensar y criticar lo hecho no es una costumbre.
La gran transformación es la explosión de Internet. Lo dijo Ramonet en la conferencia organizada por Brecha en junio, “toda la atmósfera de la comunicación se vio afectada por esta irrupción”. Carolina Molla, periodista de Radio Uruguay, otra de las participantes de la mesa, todavía recuerda cuando enviaba casetes, o recortaba de los diarios y archivaba en carpetas, no había computadora, o había pero era una sola y se conectaba una hora a Internet. “Está tan lejos que no puedo creer que hayan pasado solamente 20 años”, dice. Sin embargo, establece una salvedad: “Con esos cambios tan impresionantes deberíamos tener programas diferentes, y no.

Escuchamos lo mismo. No hemos cambiado mucho”. Eduardo Meditsch, coordinador del doctorado en periodismo de la Universidad de Santa Catarina en Brasil, comparte la opinión de Molla, y cita el ejemplo de los periódicos, donde para él esto es evidente. “La evolución tecnológica y gráfica representó una posibilidad de atrasar la hora de cierre, lo que teóricamente daría más tiempo de trabajo a los periodistas, pero ocurre que este tiempo fue usado para optimizar los procesos industriales y no los procesos periodísticos”. En sintonía con Meditsch, Pereira cree que “hay un paradigma que nos viene presionando y es que como ahora producimos para Internet el horizonte es la información en tiempo real. Esto es una tontería. Lo que se puede producir en tiempo real no es interesante”.

RIESGOS. El gran riesgo de la vorágine actual para el periodismo es la dificultad de construir relatos: “El policial tiene tanto rating porque –más allá del morbo– es de los poquísimos momentos en que el periodista construye un relato, por más que sea abominable. El problema es que no lo hacemos con las otras cosas”, dijo Pereira. Y plantea otra confusión de estos tiempos: “Googlear pasa a ser un verbo equivalente a investigar, y en realidad no se trata de eso. Cuando terminamos un trabajo tenemos que pensar qué es lo nuevo que agregamos al depósito de datos que había en Internet cuando empezamos, si no estamos simplemente reciclando”. Meditsch advierte sobre la fuga de talentos y periodistas experimentados hacia espacios de comunicación institucional, a causa de la estabilidad y el salario, lo que “convierte al periodismo en un oficio de jóvenes, porque los más experimentados tienen que buscar otros rumbos”. El problema, señala, es la falta de feedback con estos jóvenes. “Conozco alumnos brillantes que después de dos o tres años retroceden, porque salen a los medios y allí no encuentran crítica a su trabajo.”

Y marca otra transformación: “La producción intelectual fue transformada en producción comercial. Ese proceso en Brasil es muy visible, con un cambio de generación en las empresas. Los primeros empresarios de los grandes diarios se consideraban periodistas, trabajaban en la redacción; hoy sus nietos son administradores, gestores formados en Harvard, y el periodismo es un departamento menor en sus negocios. Esto le hace perder mucho espacio y capacidad de diálogo al periodismo”. Molla amplía este debate: “Estamos en un sistema político y económico que es directamente causal de lo que vemos en los medios. No es casual cómo se trata a la mujer, a los niños y adolescentes, cómo se trata la delincuencia, esto tiene que ver con una lógica de mercado. Como periodistas debemos sentarnos a reflexionar y tener en cuenta estas lógicas en el momento de contar nuestras historias”.

Un resultado concreto de este debate fue que se fijó una reunión para el próximo lunes entre integrantes de este observatorio y Apu, con el objetivo de avanzar hacia la concreción de un convenio que permita articular el trabajo en estos temas. Mientras, los periodistas siguen trabajando, están tecleando en este momento, prendiendo una cámara, o hablando al micrófono. Ese seguirá siendo el pulso. Ahora surgió una herramienta para monitorearlo.

1 El Seminario Inaugural del Observatorio de las Profesiones de la Comunicación se realizó el 28 y el 29 de julio.

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Comprender con sentido crítico

 

¿Está bien formar, pero cómo es el mundo profesional para el que estamos formando? Este es el meollo de la cuestión que queremos encarar”, dijo Gabriel Kaplún durante la mesa inaugural. En esta dualidad se inserta la creación del Observatorio de las Profesiones de la Comunicación, el análisis del campo profesional y su vínculo con la formación en la materia. “Los campos profesionales son lugares donde algunos entran y otros no, donde algunos no dejan entrar a otros, y toda esa lucha de poder –por poner límites, por ganar espacios– es una parte constitutiva del mismo, y esto es lo que hay que mirar”, explicó Kaplún. Este observatorio surge del Departamento de Especializaciones Profesionales del Instituto de Comunicación de la facultad. Pretende “comprender críticamente” los campos del periodismo, la publicidad, el audiovisual, la comunicación educativa y comunitaria y la comunicación organizacional estudiando “mercado y condiciones de trabajo, formación y competencias requeridas, especializaciones tradicionales y emergentes”.

 

“Es clave pensar la formación desde el mundo del trabajo y pensarla en relación con el mundo del trabajo. Pero esto no implica pensarla sólo para adaptarla a ese mundo, muchas veces es para criticarlo y para cambiarlo, pero para eso hay que entenderlo bien”, cerró Kaplún.

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