Perseverante pasado - Semanario Brecha

Perseverante pasado

Diálogos medievales. Estudios argentinos de literatura francesa, de Susana G Artal Maillie y María Dumas (compiladoras). Ediciones Ungs-Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, 2017. 136 págs.

Diálogos medievales. Estudios argentinos de literatura francesa, de Susana G Artal Maillie y María Dumas (compiladoras). Ediciones Ungs-Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires, 2017. 136 págs.

Si la antigüedad grecolatina a menudo nos suena familiar, presente en palabras-maestras como “democracia”, “tragedia”, “tiránico”, “república” o “foro”, en cambio, paradójicamente, el mundo medieval nos puede lucir más lejano y borroso. Una primera y notoria virtud de estos estudios argentinos sobre literatura francesa medieval es interrogar esta percepción, poniendo de manifiesto la vitalidad del imaginario medieval que, transformándose, sobrevive y persiste en nosotros.

En ese sentido, como se afirma en el prólogo de esta obra, “Acercarnos a la literatura medieval implica además aproximarnos a obras concebidas en los límites de lo que nosotros pensamos como literatura, obras que fueron pensadas en la confluencia de la palabra, el sonido, la imagen, casi diríamos multimediáticas. El imaginario medieval nos interpela así desde un juego constante entre la lejanía y la cercanía, entre lo familiar y lo ajeno. Lo tenemos presente desde los cuentos de nuestra infancia –con sus princesas, castillos, palacios, dragones– hasta en exitosas series de televisión. Es de algún modo nuestro pasado más presente”.1

Así sucede que, en una docena de artículos y un prólogo, los autores de Diálogos medievales nos traen a personajes tan renombrados como el rey Arturo, los caballeros Perceval, Perlesvaus o Lancelot, la reina Ginebra, el mago Merlín, el bíblico José de Arimatea, la arrepentida y santificada María Egipciaca, los inseparables Tristán e Isolda, el hada Melusina.

Claro que, por cierto, no se trata de un libro de divulgación, sino de una obra de medievalistas que estudian aspectos particulares de los textos y de los autores elegidos. Sin embargo, esto para nada conspira contra el interés del lector no especialista, puesto que los asuntos enfocados por los autores siempre incitan a cotejos con nuestro presente, al tiempo que animan al lector menos familiarizado con esta literatura a ampliar sus conocimientos generales en cualquiera de los acervos enciclopédicos hoy tan fácilmente accesibles en Internet.

Así, por ejemplo, el estudio dedicado a los recursos discursivos empleados por Christine de Pizan para “la conquista de un lugar destacado entre la ‘gente de saber’ de la Edad Media tardía” también constituye una excelente vía de entrada en la obra de esta escritora, una de las primeras mujeres en vivir de su escritura, protagonista de lo que se considera la primera querella literaria francesa, disputa en la que esta erudita acusó de estética pobre y de misoginia fuerte al entonces y ahora afamado Roman de la Rose.2

De modo semejante, en estos estudios se exploran los siempre intrincados vínculos entre poesía e historia, atendiendo cómo, a menudo, la segunda emana de los artilugios de la primera, por ejemplo en la elección, para comparables versiones de unos episodios, de una toponimia que remita, o no, a lugares identificables fuera del texto. Se exploran también los lugares predilectos que estas historias construyen cargándolos de sentidos a menudo contradictorios: el bosque, el espacio marino y sus ínsulas y navíos, el castillo y su corte, el desierto atravesado, el jardín cerrado, la fuente de la sapiencia. Se exploran igualmente sus pobladores y sus transformaciones: sirenas, dragones, serpientes, endriagos, caballeros, licántropos, magos y hadas, como también se atienden sus mutaciones iconográficas y los modos en que el texto es ilustrado por los iluminadores medievales.

Otorgando perspectiva teórica, el volumen se abre con un estudio que sostiene que una versión posterior “borra” definitiva o provisoriamente la versión anterior, provocando una suerte de nueva autoría. Así el ejemplo de la reescritura del Lancelot-Graal que hace Thomas Malory en Inglaterra en el siglo XV, cuya fortuna fue tanto mayor que la del texto francés que, en la actualidad, “algunos autores anglosajones parecen ignorar que Malory tenía fuentes francesas”. O el caso de denominaciones tales como “el Tristán e Isolda de Joseph Bédier” (1900), o “el Tristán e Isolda de Wagner”, en las que parece hacerse tabla rasa de siete siglos de edad… En estas minucias suelen anidar asuntos fundamentales: si todo texto no es más que la reescritura de un texto anterior, el intercambio constante y siempre renovado de lo que fue primario y secundario “constituye sin duda una de las claves esenciales de la historia larga de las literaturas”.3

De confesa pero no exclusiva inspiración borgesiana, esta conjetura firmemente sostenida en estos “diálogos medievales” echa luz sobre la literatura actual y advierte sobre sus usos.

 

  1. “Diálogos y desafíos”, Susana G Artal Maillié, María Dumas y Julia D’Onofrio.
  2. “Ecos alegóricos en el siglo XV. La impronta del Roman de la Rose en Le chemin de longue étude, de Christine de Pizan”, Lidia Amor.
  3. “Cuando el hipertexto pasa a ser hipotexto. En pos de una historia larga de la literatura medieval”, Alain Corbellari.

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