Por ella canto – Brecha digital

Por ella canto

La música uruguaya supo antes que la astronomía que Montevideo es una constelación. Para celebrarlo, el sello Ayuí-Tacuabé editó un álbum doble con 42 canciones que la toman como objeto de deseo, por plena o por milonga. Brecha conversó con Rubén Olivera.

Montevideo en canciones

¿Por qué aparece ahora esta compilación?

—Ayuí había reunido hace tiempo las canciones sobre Montevideo de su catálogo con ánimo de difundirlas, y eso entroncó, a instancias de Mauricio Ubal, con la designación de Montevideo como Capital Iberoamericana de la Cultura en 2013. Hicimos una edición especial para la Intendencia de Montevideo pero el proyecto continuó creciendo gracias a la generosidad de los sellos Bizarro, Sondor, Montevideo Music Group y Perro Andaluz; terminamos en este álbum doble de 21 temas por disco, y casi el mismo número quedó fuera no por falta de voluntad de incluirlos, sino porque aspectos legales, permisos y demás, impidieron que llegaran a tiempo a la edición.
Producto de alta diversidad.
—Absoluta, en géneros, artistas y lecturas de la ciudad.
—Está Gerardo Nieto, ¿cómo calificarías la decisión de incluir a la música tropical?
—Natural, funcionamos con cabeza abierta y no hay cosa más saludable, en tren de festejar la ciudad, que darle la bienvenida a un ritmo que pone a bailar a miles de ciudadanos. La inteliguentsia de izquierda siempre demonizó a los géneros tropicales como agentes de achatamiento ideológico y cultural, ignorando las pulsiones que acompañan al ser humano desde que apareció en la Tierra. Esa división absurda, arbitraria y positivista entre cultura “de cadera para arriba y de cadera para abajo”, como la definió Jesús Martín Barbero, hoy es insostenible.
También comparecen barrios que nadie reputaría jugosos para la inspiración.
—Para Elbio Rodríguez Barilari, redactor del librillo que acompaña a los discos, debe de haber sido muy interesante desplegar sobre la mesa 42 canciones que saltan de un barrio a una calle, de la rambla a un club. Él admite que hay más “datos” para cantarle al Barrio Sur que a Pocitos, pero Pocitos no falta. Tampoco faltan visiones escépticas, como la de Los Traidores, o irónicas, como la de La Tabaré. Quizás este álbum acicatee a los músicos a satisfacer al “Canario” Luna cuando preguntaba: “Y para mi barrio, ¿cuándo?”. No sé si el rap tiene canciones a la ciudad, pero debe de ser uno de los pocos géneros ausentes en esta selección.
El álbum comenzó a venderse bien antes de ser difundido.
—Sí, salió a fines del año pasado y los únicos lugares que lo ofrecían eran nuestro stand en la Feria del Libro del parque Rodó, asociada para siempre a la poeta Nancy Bacelo, y el local de Ayuí Discos en el teatro El Galpón. Sin difundirlo la gente lo compraba y volvía a comprarlo para regalar, lo cual habla de una necesidad preexistente.
¿Ves algún nexo entre esa necesidad y este momento de la música uruguaya?
—En los últimos diez, quince años, la bibliografía sobre música nuestra no cesa de aumentar, desde aquel lejano libro de 1969 de Hugo García Robles, El cantar opinando (editorial Alfa), y un par de fines de los setenta. Poseemos desde historias del rock hasta biografías de músicos, y esto quizás explique en parte la receptividad brindada a este trabajo. Ojalá este interés provoque otras apuestas que contribuyan a afianzar un cancionero propio y alternativo al proveniente del gran mercado.
Porque también tenemos, decías, nuestros oldies.
—Claro, está Gardel cantándole a la calle Isla de Flores, hay un tema de la Troupe Un Real al 69.
Y la escala es ardua de remontar sin un “Mi Buenos Aires querido” del que agarrarse.
—Claro, basta recordar que hubo que esperar hasta los sesenta para que algunos pioneros iniciaran un movimiento de canto “a la uruguaya”: Anselmo Grau con el disco Folclore oriental, Osiris Rodríguez Castillos con Poemas y canciones orientales, Daniel Viglietti y Juan Capagorry con Hombres de nuestra tierra, en el Ciclo de Canciones Uruguayas. Esto no significa, por supuesto, negar que el extranjero produzca música de calidad, sino honrar la legítima ambición de generar la autóctona.
Estuvieron inspirados, los pioneros.
—Para ellos también fue un aprendizaje. Aparte de que en los sesenta las únicas oportunidades laborales para los músicos estaban cruzando el charco, cuando les pedían algo uruguayo cantaban zambas argentinas. O usaban poncho y bombacha, como Los Chalchaleros o Los Fronterizos, grupos que el sello Rca, que tenía la manija de la producción y distribución discográfica, sembró en el continente. Rubén Lena le dijo a Pepe y a Braulio: “Muchachos, tenemos que tener un cancionero que no sea de bronce, dirigido a los niños”, después de venir, a fines de los cincuenta, de un congreso internacional de maestros donde todos cantaron canciones de sus respectivos países, y los compatriotas nuestros sólo “Uruguayos campeones”.

1. Montevideo en canciones, álbum doble, 42 temas, Ayuí-Tacuabé, Montevideo, 2014. Incluye un abordaje crítico del compositor y escritor uruguayo Elbio Rodríguez Barilari, nacido en 1953 y radicado, desde 1998, en Estados Unidos.

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