Privacidad no more

Pos setiembre 11, la vigilancia del gobierno estadounidense ha ido en ascenso, espían por terrorismo, por miedo y –en definitiva– por nada, a sus ciudadanos. Ed Snowden es aún más categórico: son las mismas personas quienes ahora comienzan a controlar y censurar sus propios puntos de vista.

Citizenfour

Citizenfour es el flamante ganador del Oscar en la terna mejor documental largo. La obra cierra lo que su directora, Laura Potras, definió como una trilogía sobre los cambios en la sociedad estadounidense y su relación con el resto del mundo después del 11 de setiembre. Al poner play los sintetizadores de Nine Inch Nails pintan un cuadro oscuro y brutal que estimé imposible pero que fotograma a fotograma empecé a confirmar: la privacidad tal como la concebíamos ya no existe.

“Soy un empleado del gobierno de alto nivel en la comunidad de inteligencia.” Así es como se define Snowden (31) ante los periodistas de The Guardian y de la propia directora Potras en un hotel de Hong Kong cuando le piden una identificación tras meses de avances y retrocesos para concretar la entrevista que Citizenfour retrata. De hecho, la comunicación entre la directora y Snowden se realizó a través de mails encriptados, por seguridad de Snowden, exiliado en Rusia sin poder regresar a Estados Unidos. Los mensajes fueron decodificados por William Binney –experto en la materia y que diseñó “metadatos” en la era Bush– y un detractor de Stellarwind, programa para el que fue inicialmente contratado, y que se encargó de “comenzar a espiar activamente a todos en este país”. El espía es la Agencia Nacional de Seguridad –mejor conocida como la Nsa–, organismo cuya capacidad para ingerir información no para de crecer, asimilando más de mil gigabytes por segundo.

Cuando un gobierno decide ser stalker de su pueblo (neologismo internauta para designar a quienes espían los contenidos de otros usuarios) en materia de búsquedas o consumos, la cantidad de información es demencial, masiva y veloz, y para comprender esto los metadatos son la clave. Para ilustrarlo: un usuario googlea la web de una célula terrorista (dato 1), entra a un blog de noticias con perfil de izquierda (dato 2) y planea ir a determinada manifestación, como deja constancia en su cuenta de Facebook (dato 3). Los metadatos se ocupan de trazar líneas y conectar esta información atribuyéndole significados, patrullando las búsquedas en base a palabras clave y a una interpretación de la realidad que prescinde de la intención en la búsqueda (presumiblemente la persona no sea un terrorista). El usuario puede pasar a ser “seleccionado” y potencialmente asumido como una amenaza para la seguridad nacional.

Pos setiembre 11 la vigilancia ha ido en ascenso, espiar por terrorismo, por miedo y –en definitiva– por nada, a sus ciudadanos es el biombo en que se excusan otras formas de malicia. Ed Snowden es categórico: denuncia que son las mismas personas quienes ahora comienzan a controlar y censurar sus propios puntos de vista y “que Internet no es lo que era antes”, aquel tiempo de páginas con diseños feos, cuando “se podía hablar con expertos en todo el mundo” y el usuario gozaba de privacidad para surfear en calma. Al derecho no le interesa –a diferencia de la moral– controlar los pensamientos, sino juzgar en torno al accionar externo. Los gobiernos poco a poco ignoran esto, y la amenaza de ser observado genera el autocontrol de las búsquedas e impide una cultura virtual libre y –por extensión– un contrarrelato de la cultura dominante.

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