Todo escritor tiene siempre un mito fundante, una circunstancia concreta que tiende a magnificarse con el paso del tiempo, en principio a manos del propio autor, pero también por impulso de algún exégeta o al pasar por el tamiz de un biógrafo. En el caso de Charles Bukowski –nacido en Alemania en 1920, trasplantado tres años después a Estados Unidos, donde tras residir brevemente en Baltimore y Pasadena se estableció definitivamente en Los Ángeles, sitio en el que falleció en 1994–, ese momento inaugural ocurrió cuando tenía 14 años y una profesora le pidió a la clase que redactara un ensayo sobre la reciente visita del presidente Herbert Hoover a la ciudad. El alumno Bukowski, que no había asistido al evento, inventó un relato sobre los sucesos que impresionó a la profesora, al punto de l...
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